viernes, 28 de agosto de 2015

El miedo a la verdad

Realizado el 15 de enero de 2015. Mal archivado, no subió.

   En Prensa Comodoro teníamos como colaboradora de cartel francés a una mujer judía cuyo seudónimo era Silvya Hetch. Participaba en la comunidad pero desde una posición crítica. Es que el representante de la comunidad en la DAIA y la AMIA era Beraja. Beraja que resultó el estafador de Banco Mayo y Banco Patricios mediante el otorgamiento de créditos millonarios a sus cómplices y a él mismo. Algo así como lo que sucedió, una centuria atrás con el Banco Nacional de Rivadavia, cuyo capital era un 70% británico y se presentaron en quiebra dos años después de su fundación por el mismo tema: autopréstamos. ¿Quién se hizo cargo de la deuda? El Estado Nacional.... Lo mismo que sucedió con el BANADE (Banco Nacional de Desarrollo), donde los amigos del jefe de la dictadura eclesiástica-civil-militar de 1976, José Alfredo Martínez de Hoz, obtuvieron créditos varias veces millonarios en dólares que luego, como era de suponerse, no podrían pagar. ¿Quién se hizo cargo de esa deuda privada? El Estado Nacional gracias a que en 1982 otro apátrida como Domingo Cavallo -presidente del BCRA con el radical Machinea en el directorio- fucionó Deuda Externa Pública con Deuda Externa Privada... con o cual dejó al Estado inerme para ir a perseguir a los deudores, rematarles campos y empresas y recuperar parte de lo que se metieron en los bolsillos malamente.

   Con lo anterior no justificamos a Beraja sino que mostramos, muy sucintamente, la tendencia corrupta de un sector de la sociedad argentina. La que ocupa un predio que no le pertenece en Palermo o la que se hizo de más de 250 medios electrónicos y radiales de comunicación -además de diarios en todo el país- conformando un monopolio que hasta los jueces de la dictadura y sus descendientes, encubren y defienden de la Ley antimonopolio.

   Pero respecto de Beraja y sus bancos, recae una sospecha mayor: haber otorgado un crédito de 70 millones que habría sido derivado a la logística del ¿auto? atentado a la AMIA.

Historia de otra corruptela relacionada con Israel, las escuelas judías y los presidentes de dos de ellas.

Los judíos siempre ejercieron la voluntad de vivir en guetos. Esta organización social les garantizó el mantenimiento del idioma y de la cultura, evitando la mezcla con otras culturas, dentro del mismo concepto del totem y el tabú de los antiguos habitantes de la Tierra.
Claro que los tiempos cambian las costumbres y la organización social de los Estados no admite células semi-conectadas sino la integración de todos los habitantes de sus respectivos territorios. 
No obstante, los judíos mantuvieron esa vocación y en lugar de ciudades propias como la que tuvieron con Ramses II en Egipto por lo que no se puede decir que estuvieran mal o perseguidos en aquel Estado antiguo, se organizaron en barrios. No sería lo mismo, pero la presión comunitaria fue siempre más fuerte que la necesidad de casa-habitación de los no-judíos. Además, invirtiendo en la compra de departamentos, casas o haciendo construir edificios en determinadas zonas, mal que mal lograron el objetivo del gueto. Abierto esta vez, por imperativo de las circunstancias.
La tremenda influencia del "exterior" a través de medios de comunicación, reuniones sociales fuera de la comunidad y la vida misma en su permanente evolución, determinaron la estrategia a seguir. No sólo los guetos abiertos de los determinados barrios en ciudades del mundo sino, también y además, las escuelas judías. Las que en lo teórico estaban abiertas a la sociedad en general pero por obvio peso cultural quienes se inscriben en ellas son judíos y no "goys".
Dichas escuelas -según nos lo comentaba y publicaba Sylvia Hertch- se organizan como empresas, con directorio, presidente, tesorero, asambleas. El Estado de Israel ayuda a la educación judía mediante el envío de remesas de dinero -dólares estadounidenses- que las escuelan deben invertir en ese objetivo, obviamente.
No es poco el monto de dichas remesas periódicas.
Hubo, entonces, dos presidentes y sus respectivos tesoreros que evaluaron la situación económica y, de consuno, decidieron la creación de mesas de dinero con el dinero que no les pertenecía sino a la escuela y que provenía de los aportes israelitas.
El negocio les funcionó durante un apreciable período hasta que hubo protestas de los inversores que habían elegido esas mesas en lugar de instituciones bancarias para concretar sus depósitos a interés. Interés superior, obviamente, que el mejor ofrecido en algún banco legal.
Es que los organizadores de esas mesas habían constatado que no podrían levantar más dólares de la comunidad local y que a Israel habían llegado las quejas de dichos inversores. Entonces, era hora de levantar el circo y fugarse. Cosa que hicieron con destino a Israel que, como se sabe y no se sabe por qué, no mantiene convenio de extradición de delincuentes buscados con la Argentina.
Mientras los delincuentes ingresaban a Israel con sus alforjas repletas de dólares malhabidos, el gobierno de dicho estado decidía cortar el chorro de los aportes periódicos a las escuelas judías.
Duro golpe para los bancos que trabajaban con la comunidad, como los de Beraja que, a su vez, también caminaban del otro lado de la sutil línea que separa lo legal de lo ilegal con los dineros ajenos.
Por más que hablaron y expusieron y argumentaron, la decisión del gobierno de Israel fue terminante: cortemos el chorro de dólares a estos tipos.

Dos temas relacionados pero ¿distintos?

En Buenos Aires se reunía el Consejo Mundial Judío. El epicentro de tal reunión era la Embajada de Israel, ubicada en uno de los barrios más residenciales que todavía conserva la ciudad.
Corría el mes de marzo de 1992 en una tarde húmeda y calurosa cuando, a las 14:45 horas atronaba el rumor sordo de la ciudad una explosión que conmovió los cimientos anímicos del más pintado.
La dicha sede diplomática volaba por los aires con tanta rudeza que nunca pareció cierta ni veraz la versión de una camioneta Ford estacionada en el exterior con la carga explosiva. Más bien se veían las ruinas como una explosión interna.
Incluso como supuesto atentado terrorista parecía medio inútil -si es que se pueden calificar así los negros fines de dichas acciones asesinas-. ¿Por qué? Porque la reunión general o asamblea del Consejo Judío Mundial se había realizado el día anterior. De modo que el hipotético daño que habrían buscado los de la bomba no habría sido la muerte de los integrantes de dicho Consejo. ¿Quiénes? ¿Personal de la Embajada de poco rango?¿Personal no-judío que trabajaba en la Embajada?

El aviso a todas las delegaciones judías

Tanto Shabak, como Aman y Mosad -las agencias de inteligencia de Israel- habrían coincidido en señalar que los ataques que se preveían para las delegaciones, consulados, embajadas e instituciones judías en el mundo provendrían del aire.
Esta información provocó la incorporación de misiles tierra-aire en las embajadas. La de Argentina no habría estado fuera de la lista.
Los expertos no-judíos que observaron -desde lejos, ya que el emplazamiento de las embajadas de cualquier país se considera territorio soberano de dicho país- las ruinas establecieron que la explosión fue interna. O bien que la explosión interna fue la responsable del daño producido, dando con esta última opción la posibilidad de hacer figurar como detonante a la camioneta Ford -siempre que se le dé realmente existencia a dicho vehículo-.