sábado, 25 de mayo de 2019

TODOS, ALGUNOS, NINGUNO, NADIE


TODOS, ALGUNOS, NINGUNO, NADIE

Que cuatro adolescentes, apenas superada la acomodada barrera de la niñez, hayan sido masacrados por lúmpenes portando uniformes, armas y automóviles no es ni se trata de un hecho imprevisible ni aislado. Que se integre a la fuerza policial con personas que buscan asegurarse un salario y, de paso, tener el poder de las armas conferido por el pueblo de la Nación, es tanto una irresponsabilidad de quienes organizan a la policía, también de quienes establecen la política de acceso y de la total falta de control psicosocial de cada uno de los policías que se acumulan bajo las gorras.

Además, y no es un tema menor, se suma a esa indiferencia criminal el ambiente generado por la violencia expresada por funcionarios de alto rango respecto de qué hacer y a quiénes. Si se felicitan a los chocobar por matar por la espalda a quien huye desarmado, si se encubre el asesinato de un joven, también muerto por la espalda, en una pendiente patagónica; si no se investiga realmente cómo fue el homicidio de un artesano que empatizaba con los mapuches; si se pretende que fue un asesinato lo que quedó claro que se trató de un suicidio; si se violenta la verdad de los hechos con el relato ficcioso que engrosa hojas de expedientes y causas llevadas adelante mediante ardides, engaños y falsedades; si no se respeta ni respetó la Constitución Nacional ya desde el mismo inicio de esta desastrosa gestión de gobierno; si se sabe todo esto y no se actúa para remediarlo es que también quienes lo sabemos nos hacemos cómplices del estado de cosas que luego señalamos como negativo y ominoso.

Ha sido criminal la colaboración que desde el  Congreso Nacional le prestaron a los dislates legislativos del actual gobierno, quienes hoy dicen ser oposición y prometer un futuro duro pero venturoso. Mentira. Fueron cómplices necesarios del saqueo a la Argentina que encararon los estafadores de la fe pública y liquidadores de las cuentas del Estado Nacional a sus respectivos favores para depositar el producto de su delincuencia en cuevas fiscales y compañías off shore.

El caso de las fuerzas de seguridad, de las policías principalmente, adquiere una importancia superlativa desde que son algo así como los intermediarios entre el poder político gubernamental y el pueblo. Pueblo del que también los integrantes de dichas fuerzas provienen con notorio aspecto.

Es el Congreso Nacional quien debió actuar y si no lo hizo porque tienta más tener dineros escondidos que aseguren las operaciones de próstata que les vendrán, ahora, en estos días y en adelante, será el momento en el que actúen, aún a regañadientes ya que están en “campaña opositora”.

Generar una política de acceso a las fuerzas de seguridad y proponer que sin, por lo menos, 3er años del secundario aprobado, nadie puede integrarse como suboficial. Establecer, asimismo, pautas de conducta que se relacionen directamente con el respeto por el derecho de los ciudadanos y los derechos humanos antes que sentirse parte de una fuerza de choque que existe para destruir, lastimar, someter y matar.

Y pedir –exigir más bien- la presencia en el Congreso, de los funcionarios responsables de Seguridad. Que den explicaciones de los por qué y otras precisiones y que la insatisfacción por las respuestas dé lugar a la expulsión de dicho funcionario. O sea, que se pida (exija) la expulsión al Poder Ejecutivo.

Que los jueces, en el mientras tanto, se despojen de las lianas que los tienen acogotados y actúen como se espera de ellos, como jueces y no como miembros de una masa informe de cómplices necesarios en dislates jurídicos imposibles de imaginar en tiempos de la República.

Basta de masacres y de gatillo fácil, claro que sí. Pero basta de silencio legislativo y de pasividad ciudadana. No tenemos por qué soportar que con nuestros impuestos se mantenga un grupo de vagos y coimeros, traficantes de drogas y controladores de la prostitución que, además y por su fuera poco, matan a nuestros hijos indefensos en la ocasión.

Reconozcamos, sin duda, que no se trata de toda la policía, pero poco pueden hacer los que no son o no integran esos grupos podridos. De no ser así, no estaríamos llorando otras cuatro muertes infames, homicidios de la ley.

Contrariando a Silvina, sería Hoy digo basta.

Roberto Otero

sábado, 18 de mayo de 2019

LOS VIEJOS


En todos los casos, por más que se busquen argumentaciones para negarlo, la vejez, el envejecimiento pega tan duro a los humanos lúcidos que no pocas veces, en el trayecto inexorable hacia sus propias muertes, han jugado con la idea del suicidio.

A esa sensación casi tangible de inutilidad que le transmite la sociedad al viejo, está la cuestión inapelable de su mantenimiento vital. Puede tener una salud de hierro, como suele decirse, pero si no hay dinero todo se cae estruendosamente.

Para colmo, aparecen figuras y personajes como la actual presidenta del Fondo Monetario Internacional que años atrás lanzó su proclama respecto de la longevidad de los humanos en los finales del siglo XX y el primer decenio del XXI, exclamando “Algo hay que hacer con los viejos”. Para ella los pagos de jubilaciones y pensiones significan una sangría inaguantable para los Estados que el FMI aprieta con sus pautas ideológicas y políticas de exterminio.

El ejemplo más claro de esto lo tenemos en la Argentina donde un gobierno asombroso como el de Mauricio Macri hizo y hace todo lo posible para que los viejos se mueran rápido sin mandarlos a las cámaras de gas –como suponemos que sería su deseo-. Quitarle dinero al ANSES del Fondo que asegura el pago de las jubilaciones, quitar del listado del PAMI infinidad de medicamentos que, en el mostrador de las farmacias, ascienden sus precios a la estratósfera; reducir el valor de las jubilaciones a través de las devaluaciones sucesivas que basurearon nuestra moneda y un largo etcétera que incluye el ninguneo permanente a los justos reclamos de los viejos.

Como para menguar estos ataques para los que no se tiene una defensa real y efectiva, o sea, con miras a vencerlos, existen instituciones que dan una mano a los viejos. Residencias y hogares incorporan en sus espacios a viejos que perdieron la salud, la lucidez o que por razones sociales no pueden seguir solos en una sociedad absolutamente sorda.

Es para estos últimos que la vejez se les hace más dura, hiriente, casi infame. Es que manteniendo su lucidez y las funciones intelectuales intactas y con autonomía física –caminan, corren, se mueven, viajan-, adherirse a normas que no fueron consensuadas, que le quitan autonomía personal, que le restan dignidad, forman parte del padecimiento silencioso que cada uno de ellos lleva encima y que se acaba cuando el sueño, gran reparador momentáneo, llega. Es como en la cárcel que tanto respetan los presos al sueño de otros presos: “Es que cuando dormís, sos libre”, contestan cuando se los indaga. Así, los viejos aludidos.

La tendencia a la infantilización de los viejos es uno de los factores principales en el trato cotidiano y, consecuentemente, en las normas –o supuestas normas- que se dicen existen en cada Hogar. No ya el ominoso trato de “abuelo/abuela” sino los diminutivos para aludir a esto y lo otro.

En las comidas también reciben el peso de las miradas del personal de enfermería, que controlan ¿Qué? Hay acompañantes que con su labor permiten que algunos viejos que sufrieron ACV u otra dolencia semi-paralizante, puedan comer, incluso bañarse. Pero ahí debería de termina la intervención “ajena” a los viejos. Sin embargo, además de repartir los medicamentos para unos y otros en el festival farmacológico diario, se quedan en los comedores, observan y también –y es lo peor- hablan entre ellas, con un volumen de voz apropiado para gritar en una tempestad marina, sobre cuestiones que podrán importarles a ellas mismas pero que nada significan para los pacientes comensales que, vencidos por el hambre, comen sin decir esta boca es mía. Es que hablan, las enfermeras, con tal volumen de voz que es imposible, primero, no escucharlas y, segundo, entablar una conversación coherente en las mesas.

Ha de existir, sin duda alguna, una especie de estructura normativa sobre cuestiones básicas como horarios para desayunar –de tal hora a tal otra-, almorzar, merendar y cenar. Pero fuera de ese tabicaje, nada. Salvo acordar con los viejos que están en pleno uso de sus facultades mentales. No se trata de que enfermeras, médicos, directores o funcionarios políticos pierdan galones en el camino sino de propiciar un entendimiento social interesante entre unos y otros. Es que en un Hogar deberían ser, todos, un grupo funcional y organizado. Unos y otros se dan razón, mutuamente, para existir. Entonces, sería coherente y deseable que unos y otros también se dieran las pautas y normas de convivencia que equilibren las relaciones.

Es difícil, lo sabemos, romper con el aire autoritario que sopla en las mentes de los argentinos no bien alguno de ellos tenga un cierto poder relativo. Más aún si hay uniforme y ya llegaríamos al paroxismo si son agentes sanitarios, o sea, representantes de los semi-dioses que operan sobre la vida y la muerte de los humanos. Pero debemos condenar al olvido al fascista que todos tenemos dentro y que aflora en circunstancias como las sintéticamente descriptas más arriba.
Recordemos, por si se nos olvida, que los viejos, cada uno, tiene su propia historia y que no por no decirla deja de existir. Por otro lado, cuando un joven mira a un viejo debe recordar que el viejo piensa que “como te veo, me vi; como me ves, te verás”.

Sinceramente

sábado, 4 de mayo de 2019

"ESE TIPO MIRA PORNOGRAFÍA"

La frase del título, palabras más o menos, corresponde al comentario que un fulano hizo sobre lo que uno mira, habitualmente, en su pc, latp y note. Aún en su celular, sin duda. Instagram, en primer lugar, es el mayor proveedor de hermosos paisajes de cuerpos femeninos en diversas poses que no hacen más que exhibir sus atributos para el goce de los mirones.
Dio la casualidad que una mañana del mes de abril -como en la canción popular- dio en pasar por mi lugar el susodicho. Nos saludamos con mutuas sonrisas y apretón de manos y él comenta: "Lindas chicas" y le contesto "Sí, todas primas". Ahí quedó.
No es el caso que este tipo va y empieza a comentar "Fulano mira porno". ¿Se puede ser tan escaso de mente?

Ni siquiera los del Opus Dei dirían semejante pavada. Menos ellos, agrego, siempre atentos a lo que pueda resultar un buen negocio.

Para que una imagen o película pueda ser adjetivada como "pornográfica" ha de presentar, abierta y crudamente, el sexo, buscando producir excitación. Y ya que estamos, pornógrafo es o quien escribe acerca de la prostitución o que sea autor de obras pornográficas.
Dicho lo cual, me retiro. Tenía ganas de escribir lo que leyeron porque me siento incómodo con un sayo que me es ajeno. Comentario final: si mirando la pantalla donde había mujeres monísimas, el mirón al paso lo asocia con "pornografía", hay que ver qué cosas imaginó al tiempo que miraba dichas fotos ¿verdad?

Me gustaría ilustrar esta acotación con un par de fotos pero me parece que exceden la pudibundez de los lectores en general. Así que valga con lo dicho. 

Saludos.

viernes, 3 de mayo de 2019

"EN POCO TIEMPO SERÁN TRES AÑOS"

Supongo que aquellas personas que no padecen una alteración grave de sus facultades mentales habrán sufrido, aunque más no fuera un poco, la llegada a un sitio donde se encontrarían con otros pares, más o menos deteriorados, como único panorama de ahí en más.



A mí me sucedió al llegar al Hogar. El 5 de mayo. Porque lo mío no fue algo programado y progresivo sino casi como una huída de mi casa, de mis cosas.
Un viaje en coche hasta el Hogar, María Esther que nos recibe en la puerta grande -el plural alcanza a mi prima que estaba conmigo-, y a bajar bolsas y bolso. Luego, en la boca del pasillo a Enfermería estaba Pedro Pilello, el excelente director del Hogar, y una médica, delgada, morocha, alta y de buen ver. Estrechar manos y mirar a los costados. Habia yo dormido poco de modo que todo aquello, el corredor del frente con la doble hilera de viejos y viejas sentadas mirando aparatos de televisión o la nada -que es lo mismo, digo- no alentaban mucho mi ánimo.

Al final me asignaron una habitación, que desde entonces comparto con un viejo divertido, y a arreglar el armario y los cajones y la mar en coche. 

Llegó el momento del "hasta luego" y mi prima se fue en el mismo coche que nos había traído hasta aquí. Sin absolutamente nada mío, nada reconocible como mío, sin mis cosas ni mis libros, ni la computadora, ni mi escritorio ni mi todo que es nada... me eché en la cama, vestido, y me deje estar. No digo que puteando por mi "suerte" pero sí en un total estado de shock.

Poco después lo llamé a su celular a un gran amigo y colega periodista de allá, del Sur, de Comodoro Rivadavia que hoy ocupa una banca en el Senado -con alta eficacia y dignidad- y le conté dónde estaba. "Uh, no Gastón... esperá que vemos qué hacer" respondió.
Hubo varias propuestas a partir de entonces. Incluso una que consignaba ir a la quinta de Guillermo Moreno ya que éste viajaría al exterior. Propuestas inciertas, buenas sin duda, pero me sonaron a lejanas para mí.

Así me fui quedando, adaptándome de a poco. 

Por fin hubo conexión a Internet y pude armar mi equipo en el espacio que surgió de la genial idea que tuviera Pilello de montar una sala de computación para los viejos. Chapeau. Allí, entonces, comencé a respirar otro aire. Claro que cometí desaguisados, como el de hacerme llevar la comida de un restaurante social del pueblo. ¡Para qué! Hace más de 2 años de este manduque y todavía, alguna persona con voz de telefonísta del '50 o directora de escuela recuerda "Usted comió en computación"... En fin.

Por entonces, había un viejo divertido que caminaba por todos lados. Entre esos lados, solía escabullirse en "Computación". Digamos que la gracia ahí medio que se perdía porque, además del peligro que significaba para los CPU instalados -que fueron donados oportunamente por YPF-, estaba mi equipo. Que no será mucho pero reponerlo, en caso de daño, significaría, por entonces, más de 30 mil pesos. Plantée este tema en la dirección y Claudio Irigoyen -el eficaz hombre con el que cuenta el Director para arreglar cuestiones en el Hogar así como para llevar las cuentas- puso manos a la obra, instaló una cerradura en la puerta de acceso y se solucionó el tema de las incursiones "clandestinas".

Habíamos acordado que la llave quedaría, oculta, sobre un mueble en la zona aledaña a la sala de computación. Así funcionó hasta que la llave, por un birlibirloque, desapareció. Claudio se ocupó de hacer otra llave -la actual- y en previsión, conservó otra para él. Así, todos contentos y tranquilos. Es decir, con esto quiero significar que nunca la sala queda cerrada para su uso porque llaves de acceso hay y se usan.

Desde ese rincón surge la Revista Árbol de Vida, de tumultuosa publicación. Es que no se cuenta con medios económicos suficientes como para mandar los originales a una imprenta. Así que, como se puede, se imprimen y salen. A pesar de que en la inauguración -y delante del arquitecto Carlos Ronda, nuestro Intendente- un diputado nos aseguro que él se ocuparía, que eso era una pavada. Una vez lo hizo. A la siguiente, al mejor estilo de Herrera, se borró. Por eso, actualmente y con la impresora que se obtuvo para ese exclusivo fin, imprimimos en la Sala de Computación, como lo hicimos con el que hoy día está en circulación.
Al respecto, agradecemos las constantes manifestaciones y muestras de plácemes por dicho boletín. En lo que a mí me toca, gracias. Mejoraremos, sin duda alguna, por aquello de que en la marcha se acomodan los melones.

Pero además de al Dr. Pilello, personalmente mi agradecimiento por estos pequeños logros es para el arquitecto Ronda. Sin su explícito apoyo nada se habría podido lograr.
Aquí la corto, pero ya estamos por cumplir nuestro 3er año en el Hogar y, aunque no me lo crean, cuando voy a Mar del Plata a hacer algún trámite, siento la necesidad de volver al Hogar. De a poco se va haciendo carne en mí. Cada cuál tuvo y tiene su historia. La mía no fue una comedia romántica pero tampoco un drama de la serie negra: estuvo entre las dos, a veces con mayor preeminencia de una que de otra. Así que si en algún momento me ven con gesto adusto y mirada perdida no es que tenga bronca con nadie, salvo conmigo mismo.
Saludos y gracias por leerme.

Gastón Dolard