TODOS, ALGUNOS, NINGUNO, NADIE
Que cuatro adolescentes, apenas superada la acomodada
barrera de la niñez, hayan sido masacrados por lúmpenes portando uniformes,
armas y automóviles no es ni se trata de un hecho imprevisible ni aislado. Que
se integre a la fuerza policial con personas que buscan asegurarse un salario
y, de paso, tener el poder de las armas conferido por el pueblo de la Nación,
es tanto una irresponsabilidad de quienes organizan a la policía, también de
quienes establecen la política de acceso y de la total falta de control
psicosocial de cada uno de los policías que se acumulan bajo las gorras.
Además, y no es un tema menor, se suma a esa indiferencia
criminal el ambiente generado por la violencia expresada por funcionarios de
alto rango respecto de qué hacer y a quiénes. Si se felicitan a los chocobar
por matar por la espalda a quien huye desarmado, si se encubre el asesinato de
un joven, también muerto por la espalda, en una pendiente patagónica; si no se
investiga realmente cómo fue el homicidio de un artesano que empatizaba con los
mapuches; si se pretende que fue un asesinato lo que quedó claro que se trató
de un suicidio; si se violenta la verdad de los hechos con el relato ficcioso
que engrosa hojas de expedientes y causas llevadas adelante mediante ardides,
engaños y falsedades; si no se respeta ni respetó la Constitución Nacional ya
desde el mismo inicio de esta desastrosa gestión de gobierno; si se sabe todo
esto y no se actúa para remediarlo es que también quienes lo sabemos nos
hacemos cómplices del estado de cosas que luego señalamos como negativo y
ominoso.
Ha sido criminal la colaboración que desde el Congreso Nacional le prestaron a los dislates
legislativos del actual gobierno, quienes hoy dicen ser oposición y prometer un
futuro duro pero venturoso. Mentira. Fueron cómplices necesarios del saqueo a
la Argentina que encararon los estafadores de la fe pública y liquidadores de
las cuentas del Estado Nacional a sus respectivos favores para depositar el
producto de su delincuencia en cuevas fiscales y compañías off shore.
El caso de las fuerzas de seguridad, de las policías
principalmente, adquiere una importancia superlativa desde que son algo así
como los intermediarios entre el poder político gubernamental y el pueblo.
Pueblo del que también los integrantes de dichas fuerzas provienen con notorio
aspecto.
Es el Congreso Nacional quien debió actuar y si no lo hizo
porque tienta más tener dineros escondidos que aseguren las operaciones de
próstata que les vendrán, ahora, en estos días y en adelante, será el momento
en el que actúen, aún a regañadientes ya que están en “campaña opositora”.
Generar una política de acceso a las fuerzas de seguridad y
proponer que sin, por lo menos, 3er años del secundario aprobado, nadie puede
integrarse como suboficial. Establecer, asimismo, pautas de conducta que se
relacionen directamente con el respeto por el derecho de los ciudadanos y los
derechos humanos antes que sentirse parte de una fuerza de choque que existe para
destruir, lastimar, someter y matar.
Y pedir –exigir más bien- la presencia en el Congreso, de
los funcionarios responsables de Seguridad. Que den explicaciones de los por
qué y otras precisiones y que la insatisfacción por las respuestas dé lugar a la
expulsión de dicho funcionario. O sea, que se pida (exija) la expulsión al
Poder Ejecutivo.
Que los jueces, en el mientras tanto, se despojen de las
lianas que los tienen acogotados y actúen como se espera de ellos, como jueces
y no como miembros de una masa informe de cómplices necesarios en dislates
jurídicos imposibles de imaginar en tiempos de la República.
Basta de masacres y de gatillo fácil, claro que sí. Pero
basta de silencio legislativo y de pasividad ciudadana. No tenemos por qué
soportar que con nuestros impuestos se mantenga un grupo de vagos y coimeros,
traficantes de drogas y controladores de la prostitución que, además y por su
fuera poco, matan a nuestros hijos indefensos en la ocasión.
Reconozcamos, sin duda, que no se trata de toda la policía, pero poco pueden hacer
los que no son o no integran esos grupos podridos. De no ser así, no estaríamos
llorando otras cuatro muertes infames, homicidios de la ley.
Contrariando a Silvina, sería Hoy digo basta.
Roberto Otero


