¿Decepción? No tanta. Alguna vez sospeché del personaje, sin dejar de reconocer las cualidades lingüísticas y discursivas que pone en acto. No sé, miradas a colaboradores, sobre todo colaboradoras, no es que me pusieron en alerta, sino que me parecieron, más que nada, de baboso. A pesar de la figura de macho charrúa que esgrime.
Pero todo ello no hubiera sido como la acumulación que
es, si no lo hubiese escuchado, hoy mismo, por la frecuencia cibernética de 750 am, demeritando, con
los cuidados epítetos que gasta, a la estadística que le llegó sobre que, de 70
millones de estadounidenses, el 80 por ciento reclamaba por el fraude en las
elecciones del pasado 3 de noviembre, y vivaban a Donald Trump.
Cada
cual es dueño de adherir a tal o cual candidato, tener más simpatía por aquel
presidente que por el otro o resaltar virtudes ilusorias de uno frente a las
evidentes de otro. Pero lo que no debería hacer, ¡tan luego él!, es atacar la
información objetiva para sumarse a la task
forcé de los medios más importantes
que, por las suyas y siguiendo al pie de la letra un guion bien diseñado, por
las suyas y sin que exista ninguna información real y concreta, declararon a
Joe Biden como el nuevo presidente de
EE.UU.
Esos
medios yanquis son como el reflejo no distorsionado sino exacto, de los medios
locales que conforman el oligopolio mediático y contra el cual, con mayor o
menor enjundia, él mismo, Víctor Hugo
Morales, ha batallado.
Como
si para el relator de fútbol y, desde unos años, también periodista serio, no fuera importante que, en el gran país del Norte, hayan votado
cientos de miles de muertos, también votado personas inexistentes o duplicadas
(padrón consignando 3 millones y votaron 3,27 millones); que la misma empresa
SmartMatic, contadora de votos en la Argentina, no quedase al descubierto por
el amañamiento de los recuentos, a través de su ¿sucursal? Dominium. Y declaraciones testimoniales de personal actuante que
vio y denunció el fraude. Mucho más, todavía, que está a la espera de ser
judicializado.
Como
dato accesorio, tendría que saber, este periodista
serio, que la Suprema Corte de EE.UU., avanzó sobre los estados donde el
fraude fue hasta grotesco (En un caso, Trump ganaba por 800 mil votos y, cuando
se suspende el recuento, vaya a saberse
por qué, aparece Biden con 800 mil votos a favor y Trump, 0).
Este
hecho demostrado nos recordó, con
brillo de pantalla de cine, los 2.800.000 votos que Mauricio Macri sumó entre las PASO –donde había perdido
por apabullante diferencia- y las elecciones Generales, que por ese birlibirloque
lo hicieron llegar al 41 por ciento, mientas sólo había logrado un 20 y monedas
en las PASO. Ahí no hubo protestas del también liberal pro menemista Scioli, y
nadie investigó nada. SmartMatic cumplió con sus contratantes. No pudo hacerle
ganar las elecciones. Hubiera sido demasiado. Pero sí, llevarlo a un porcentaje
que le insufló el oxígeno indispensable como para figurar como opción política y plataforma de ataque
al partido ganador.
Que el señor Morales
tenga su corazoncito depositado, digo, enfervorizado con la línea Demócrata –que viene a ser la línea de
la gran trampa y del deep state-, es
su cuestión. Pero, que no mienta. O, al menos, que no mienta más.
Que estén bien.
Roberto Otero