"La historia es nuestra y la hacen los pueblos"
Frase de Salvador Allende en su último discurso al pueblo chileno, desde la resistencia armada que él y otros 39 leales civiles ejercían desde la Casa de la Moneda -sede del Gobierno chileno- mientras los aviones de la Fuerza Aérea chilena y los del Ejército la bombardeaban a mansalva. Bajo el mando de Augusto Pinochet, esas fuerzas antidemocráticas comandadas, en la práctica, por la Secretaría de Estado norteamericana (Henry Kissinger) y los aportes generosos de dólares de la CIA (William Colby), lograron cortar el proceso democrático en el país Suramericano que más tiempo mantuvo una sucesión republicana en sus sucesivos gobiernos.
Todos los intentos desestabilizadores, destituyentes que inició la Democracia Cristiana tanto como los "nacionalistas", detrás de Víctor García Garzena diputado por el Partido Nacional, habían resultado un fracaso total. Incluyendo las elecciones parciales que dieron la victoria a la Unidad Popular por más del 43% contra toda predicción de los momios (especie relacionada, similar a los gorilas argentinos).
Esa gente también atacó la economía mediante los arreglos con empresarios y los look-out llevados a cabo para desabastecer al pueblo chileno y generar reacción negativa, tanto como los empresarios transportistas que intentaron un paro nacional que fue frustrado por los camiones particulares y la movilización organizada del pueblo que cargó alimentos e insumos y los distribuyó en cada población a través de sus comités locales en cada lugar.
Luego, una facción del ejército chileno salió a la calle para tomar el poder el 29 de junio de 1973. El diario "La Tribuna", del mencionado García Garzena, definió a dicha asonada como un montaje del gobierno y los chilenos lo denominaron "El Tancazo". Allí perdió la vida, asesinado por un oficial pistola en mano, el camarógrafo Leonardo Henrichsen, hecho éste que no fue reflejado en ningún noticiero de la época a pesar del original de la cinta filmando su propia muerte que realizó la víctima. Salió a la luz bastante después de ese atentado que no tuvo consecuencia alguna para el oficial asesino. En esa asonada infame murieron 22 ciudadanos.
A pesar, también, del largo paro que primero un 40% de los trabajadores de la mina de cobre "El Teniente" -la más importante de las del cobre y cuyo producto constituía el mayor ingreso de divisas para Chile y que también fue bloqueado por los yanquis bajo la estrategia de Nixon-Kissinger y las organizaciones dependientes -CIA, Banco Mundial. FMI, NSA y una larga lista de gusanos habituales-. El paro fue revertido, los trabajadores leales mantuvieron la mina en funcionamiento y luego de 72 días, se retomó la producción al 100 por cien. Sin embargo fue otro duro golpe a la economía y estabilidad del gobierno de la Unidad Popular.
La sucesión de huelgas patronales así como la retención de productos por parte de industrias, empresas y comerciantes hizo que el gobierno resolviera confiscaciones de mercaderías para su distribución a través de la organización popular y, luego, la intervención directa de las empresas que se negaban a producir y entregarlas a los trabajadores para su administración-operación, lo cual daba resultados. De igual modo con los fundos -que para la Argentina serían "estancias"-.
La iglesia chilena decide participar en la pacificación y el cardenal Raúl Silva Henriquez hace un llamado en tal sentido, impulsando el diálogo entre todos los sectores. Esto desarticula gravemente la situación de los demócratas cristianos que, hasta ese momento, en todas sus manifestaciones fueran en el congreso y por canales de la prensa fogoneadora de la destitución (Canal 13 de televisión), se habían mostrado como cerrados a cualquier tipo de contacto con Allende. La intervención del cardenal los deja expuestos y no tienen más remedio que aceptar la imposición eclesiástica. Suponemos que de no haberlo hecho habrían debido cambiar el nombre de su partido... El dirigente Patricio Alwyn y otro de la DC concurren a La Moneda para entrevistarse con Allende.
Como el gobierno de Allende se mantenía, a pesar de los garrotazos golpistas-institucionales que daban los momios desde el Congreso, bloqueando las leyes que enviaba el Ejecutivo para su debate y aprobación y como parecía que las fuerzas armadas no se sumarían al "reclamo" de la Democracia Cristiana -núcleo de los momios porque los de Patria y Libertad, financiados directamente por la CIA, además de momios eran subversivos-, el ataque contó con un asesinato más: el del edecán naval de Allende, el almirante Arturo Araya Peters, constitucionalista y leal al Presidente.
aqui foto La interpretación de ese asesinato político se asentó en que el almirante Araya Peters, además de ser un militar constitucionalista y leal al gobierno democrático, era el que informaba claramente al Presidente sobre el movimiento y pensamiento de la oficialidad de la marina. Al matarlo, ese canal se cortó definitivamente. En el entierro del almirante asesinado otro de sus colegas y de la misma promoción, el almirante Raúl Montero Cornejo, fue el que se mostró sinceramente consternado. En cambio, el almirante Toribio Merino, imperturbable, siguió adelante con la organización del golpe de Estado que en ese mismo momento comenzaba a gestarse seriamente entre los rebeldes. Este sujeto formaría parte del grupo golpista que se hizo del poder con Pinocheet.
Uno de los métodos que utilizó la "oposición" a través de sus lazos con las fuerzas armadas, fue impulsar "allanamientos en busca de armamentos", acción respaldada por la legalidad de una norma que establecía que las ff.aa. podían realizar ese tipo de allanamientos sin necesidad de orden judicial y en forma autónoma, sin necesidad de pedir permisos ni avisar a nadie más que a sus subordinados convocados para tal acción. Las fábricas y empresas administradas por los trabajadores funcionaban bien y producían, entonces había que pararlas sin dejar en claro que se las paraba. Para esto sirvieron los "allanamientos", porque no sólo se trataba de ingresar sino de, luego, interrogar a toda la población obrera de cada entidad allanada.
En todo el tiempo que se agravó la acción desestabilizante-destityente de la derecha chilena, las ff.aa. realizaron 27 allanamientos en búsqueda de armas (NdR: que jamás encontraron... casi como las armas químicas de Irak y ahora de Siria... ) pero que retrasaron tiempos de producción y salida al mercado con el consiguiente perjuicio para la población menos protegida económicamente...
Un nuevo paro de camioneros que fue, en realidad y como el anterior, un paro de propietarios, de empresarios transportistas, comenzó a azotar el abastecimiento de alimentos e insumos para la producción fabril e industrial. Para dar una imagen que pudiera impactar en la población, reunieron los camiones de modo tal que parecían, desde el aire, una colmena. La investigación posterior al golpe de Estado de Pinochet, realizada en el exterior y con protagonistas "tangenciales" que resultaron directos por el resultado logrado, consignaron que para ese paro la CIA invirtió 5 millones de dólares de aquella época, entregando a cada empresario y por camión la suma de 4 dólares yanquis a precio del mercado negro (NdR:otro color para el blue argentino también impulsado por la reacción...). Nuevamente William Colby reconoce, luego, que la CIA apoyó a los empresarios transportistas en esa movida destituyente.
El 31 de julio de 1973 el gobierno de la UP decide enviar tractores a quitar los camiones de donde se encontraban para ponerlos a disposición del transporte de mercaderías mientras, simultáneamente, camiones de particulares y del gobierno nuevamente salían a transportar cargas a todo el país. La oposición -prácticamente dueña del Congreso- con la ayuda de la prensa golpista -Canal 13 y los medios y diarios de ese monopolio- tildaron a la acción del gobierno como un escándalo. Utilizaron las filmaciones de Canal 13 para fundar su opinión y proyectaron, en el Congreso -con un televisor allí- lo que ese canal había filmado. Proyección que se repitió hasta el hartazgo por el Canal 13 y se publicó en el 75% de las radios que el grupo Edwards poseía así como el 70% de la prensa escrita que también formaba parte de su monopolio cuya nave insignia era -es- El Mercurio.
Por su parte, la Democracia Cristiana que había accedido al diálogo por impulso de la iglesia comandada por el cardenal Raúl Silva Henriquez, emplazó a Allende a que cumpliera 3 puntos a los que consideraban innegables. Dejar las fábricas y empresas libres para el "mercado", desactivar los comités de organización obrera y la CUT (Central Única de Trabajadores de Chile) y nombrar en el gobierno a militares que ellos consideraban "confiables. Por supuesto que Allende rechazó esa imposición (NdR: Que nos recuerda con paralelismo meridiano a la fallida imposición de José Claudio Escribano a Néstor Kirchner para que "pudiera gobernar" en el 2003 en adelante). Allende rechaza esa pretendida imposición, pero igual nombra como ministro de Defensa al general constitucionalista Prats (NdR: Que sería asesinado en Buenos Aires) y a Pinochet como jefe del Ejército, hecho que se produce el 9 de agosto de 1973.
Como dato vale señalar que entre Julio y Agosto de 1973, la derecha opositora y sus grupos de choque (¿de "tareas"?) cometieron 250 atentados con bombas en la capital, Santiago.
El gobierno de la UP, aún estando bajo el ataque continuado de esa oposición golpista se movía como anguila y sorteaba las trampas y vallas que le iban poniendo en el camino. Los opositores, dominando el Congreso, entendieron que si no se impulsaba de una vez el golpe de Estado la UP seguiría gobernando con el apoyo popular.
Así pues, el 22 de agosto de 1973 -justamente esa fecha...- redactan un documento que pretenden obtenga legalidad constitucional aunque queda fuera de la Constitución, mediante el cual la Democracia Cristiana y partidos que conformaban ese frente -el Partido Nacional de García Garzena ya mencionado- se retiraban del Gobierno. O sea, vaciaban el Congreso de sus bancas.
Ello y decirle a los militares que avanzaran de prisa era una sola interpretación que los golpistas interpretaron cabalmente. Los allanamientos a empresas y aún al cementerio en la inútil búsqueda de armas, encubrió, además del retraso en producciones de empresas y fábricas administradas por los trabajadores, la práctica de los milicos en su trato con la población civil así como la observación de cómo actuaba la tropa y de qué modo obedecía. Fue un entrenamiento básico y efectivo.
El 4 de septiembre de 1973 se cumplía otro aniversario de la victoria de la UP en elecciones democráticas y su acceso al gobierno de Chile. Para festejarlo, a pesar de la tensión y las presiones múltiples, el pueblo se organizó y así logró reunir la más multitudinaria manifestación que jamás la historia de Chile tuviera memoria. El pueblo y sus organizaciones de base así como los trabajadores nucleados en los distintos sindicatos y en la CUT desfilaron frente al palco donde Allende respondía a los saludos y lemas cantados con prudente euforia.
El Presidente había redactado un Decreto llamando a Plebiscito para que el pueblo volviera a decidir los destinos de Chile, respecto a si debía continuar el gobierno de la UP con Allende en la Presidencia o, de lo contrario, ser destituido y convocar a elecciones para un nuevo período constitucional.
La paradoja de esto es que Allende pensaba darlo a conocer días después, el 11 de septiembre de 1973. En el desfile del pueblo, éste voceaba, incansable: Allende, Allende, el pueblo te defiende". En efecto, por número esa concentración bastaba con holgura para superar el número total de los integrantes activos de las fuerzas armadas chilenas. Pero la diferencia fundamental entre unos y otros fue -como es siempre- que las armas estaban en poder de los uniformados. El pueblo pedía milicias, pero Allende no autorizó esto. Como también lo pedía Evita ante una situación que de no mediar tantos años de diferencia, podría ser calcada en tanto la intervención letal, infame de los yanquis en los golpes de Estado en Suramérica. Por entonces, con las armas de los gendarmes a sueldo del mejor postor y, ahora, con los golpes blandos como los habidos en Honduras y en Paraguay. Y como el que se intenta en la Argentina.
El 11 de septiembre de 1973 se inicia el golpe de Estado en Valparaíso, por parte de la marina chilena. En aquel momento en aguas territoriales se encontraban tres buques de la USNAVY llegados a la costa de Chile para participar en el Operativo UNITAS, aquel verso institucional por el cual los yanquis sometían a las armadas suramericanas. La marina tomó la ciudad de Valparaíso, radios, diarios... Ahí empezó la matanza que duró años de sangre y desdichas para el pueblo chileno -no para los momios...-.
Durante la dictadura asesina de Pinochet -como lo son todas las dictaduras genocidas con apoyo clerical y civil-, desde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas -URSS, por onda corta se emitían programas de radio para "latinoamérica". Estaban los compañeros chilenos emitiendo sus informaciones y novedades a los esclavizados ciudadanos de su patria tomada por la inmundicia pinochetista. El grito radial que se reproducía como consigna y clave era, ¡Viva Chile mierda!
Nosotros repetimos esa consigna, pensando en Salvador Allende pero también en Hugo Chávez Frías y en nuestro guía y revolucionario por antonomasia, Néstor Kirchner, y trocándola en ¡Viva la Patria Grande, carajo!








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