Alberto
Fernández, ya casi presidente formal, recomendó que la ciudadanía viese, por la
televisión, la serie de HBO titulada VEEP (por Vicepresidenta). Encarnado, el personaje, por una
excelente actriz de comedia Julia
Louis-Dreyfus (JLD).
El
corresponsal de Página 12, Roque Casciero, publica en la edición de hoy de
dicho diario, una entrevista realizada a la actriz. Suponemos que el
entrevistador fue el corresponsal mencionado. En el decurso, JLD comenta su
sentir respecto a la culminación de un ciclo que fue exitoso durante años y
acaparador de premios Emmy de la televisión estadounidense. Y también,
impulsada por las preguntas o como descripciones atinentes, JLD realiza una
serie de definiciones sobre el personaje en cuestión, la vicepresidenta Selina
Mayer.
En
política, se sabe, las alusiones, los metamensajes, algunos connotados,
adjetivaciones deslizadas y dichos metafóricos, entre otras formas del
lenguaje, forman parte de la estrategia cotidiana a la que se exponen y ejercen
ciertos políticos que tienen algo más de lucidez que el resto de sus colegas.
Sumado, todo ello, a la experiencia en cargos, representativos o no.
A
través de ese filtro, encontramos algunas definiciones de JLD que no dejan de
llamar la atención. Si fuésemos muy paranoicos afirmaríamos que JLD habría
hablado por Alberto, aunque no nos parece que sea así ¿o sí?
Veamos:
Selina es una mujer fuerte
y poderosa, pero puede tomar medidas extremas y a veces ser despiadada. ¿Cómo
te sentís al decirle adiós a este personaje?
–Me está
destrozando decir adiós. (…)También es triste no volver a interpretar a Selina,
un personaje tan narcisista, tan complejo y tan lleno de ira. Fue encantador
darle vida a alguien así (risas).
–Después de todos estos
años, ¿te cae bien Selina Meyer?
–Amo a Selina
Meyer. No se puede no amarla. Es un ser humano miserable y yo la amo con todo
mi corazón... sólo que no votaría por ella.
–¿Cómo se logra mantener la humanidad de un
personaje como Selina y no reducirlo al arquetipo de una política “perra”?
–Tiene que ver con dos cosas. (…) Y el
segundo punto es que necesita sentir la motivación, porque nunca me acerqué a
este personaje pensando “estoy interpretando a una perra”.(…)
Nos pareció, digamos, curioso y lo
compartimos.
Roberto Otero


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