Cada día que pasa desde el 10 de diciembre
de 2019, más crece el descontento entre propios y no pocos ajenos
no-cambiemitas. ¿Por qué sucede esto? Porque no podemos creer que durante la
campaña electoral que termina con Alberto Fernández en la presidencia, no se
hubiera tratado, estudiado, incluso planificada la reacción sobre los
innumerables y hasta públicos negociados y corruptelas del gobierno de Mauricio
Macri. Hechos delictivos también cometidos bajo la aprobación de sus jefe, de
los funcionarios-cómplices que tuvieron directa y necesaria participación en
desfalcos sucesivos y destrucción de la potencialidad de la Argentina.
No sólo tomaron nivel público muchos de
aquellos desfalcos, estafas y destrucción delictiva sino que, y principalmente,
se hallaron pruebas contundentes sobre la comisión efectiva de los actos de
corrupción habidos por ese grupo de forajidos cebados por la impunidad que les
otorgaba la mafia de los medios de prensa encabezada por Héctor Magnetto y el
Grupo Clarín y el apoyo efectivo y potente de una Justicia cooptada.
Desde el ilusionado 10 de diciembre del
año pasado, aquellos hechos de corrupción del (des)gobierno de Macri Mauricio y
sus secuaces no solo sumaron más pruebas sobre la responsabilidad penal que
cabía al jefe de aquella banda sino que se descubrieron otros hechos de
corrupción a partir de la toma de cargos en los distintos estamentos del Estado
Nacional. Tanto es así como que se descubrieron 100.000 computadoras para
repartir entre alumnos o los millones de vacunas no distribuidas o… cientos de
hechos que emergen como las margaritas silvestres. Lo que asombra y apena es
que no haya guadaña para cortar esos tallos infectados de corrupción.
No se formulan denuncias judiciales, este
es el tema. Salvo chispazos de coraje individuales, desde el gobierno de
Fernández no se mueve nada en el sentido de presentar denuncias ya reclamadas
por la sociedad no vaciada cerebralmente.
La mayoría –que fue la que ganó las
elecciones- suponía, con razón inapelable, que una vez en el Gobierno, Aníbal
Fernández guiaría a sus colaboradores hacia la conformación de las diversas
causas que se presentarían ante la Justicia denunciando, con pruebas
contundentes, a los funcionarios corruptos del gobierno de los cambiemitas
empezado, indudablemente, por el mayor corrupto de los años pasados Macri
Mauricio. Aquí nos animaríamos a decir que es el mayor corrupto de todos los
presidentes que tuvimos en nuestra historia.
La pregunta se repite perforándonos el
cerebro: ¿Por qué el gobierno de Alberto Fernández no formula ninguna denuncia
contra el demostradamente corrupto Macri Mauricio y sus cómplices en el saqueo
de nuestro país?
No encontramos una respuesta
tranquilizadora por su veracidad. Al contrario, todas las respuestas que
logramos encontrar en los vericuetos de nuestra mente, apuntan a la sospecha
cada vez más contundente, de la existencia de un pacto entre el delincuente
Macri Mauricio y Alberto Fernández. No encontramos, desde nuestra limitación,
alguna otra razón suficiente que justifique la inacción de Fernández y su
equipo de abogados de la Procuración del Tesoro.
La sospecha aleja, decepciona y quiebra
ánimos. Cuesta mucho mantener la mirada limpia sobre los actos del Gobierno
cuando se mantiene esa negrura cada día.
¿Habrá alguna aclaratoria de Alberto
Fernández o mejor no tocar el tema porque se inflama? Desde el peronismo no
entendemos el silencio de los corderos. No cargar con la culpa a aquellos que
son responsables del desastre que vivimos, de la tierra arrasada, no es
peronismo, es algo parecido a la traición. Y nos negamos –aunque esta actitud
sea transitoria- a pensar que Fernández y por segunda vez, traicione al
peronismo.
Sinceramente esperamos que comiencen a
llegar a Tribunales y a Comodoro Py, los paquetes de denuncias esperadas. Así
no conviviremos, como pares, con delincuentes responsables de la situación
terminal en la que está nuestra Argentina –que es lo mismo que decir “nuestra
Patria”-, paseando, ellos y nosotros, por las calles del país, tan libres como
los justos.
Roberto Otero

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