sábado, 22 de febrero de 2020

SIN DENUNCIAS CONTRA MACRI Y SU BANDA, CRECE LA SOSPECHA

Cada día que pasa desde el 10 de diciembre de 2019, más crece el descontento entre propios y no pocos ajenos no-cambiemitas. ¿Por qué sucede esto? Porque no podemos creer que durante la campaña electoral que termina con Alberto Fernández en la presidencia, no se hubiera tratado, estudiado, incluso planificada la reacción sobre los innumerables y hasta públicos negociados y corruptelas del gobierno de Mauricio Macri. Hechos delictivos también cometidos bajo la aprobación de sus jefe, de los funcionarios-cómplices que tuvieron directa y necesaria participación en desfalcos sucesivos y destrucción de la potencialidad de la Argentina.

No sólo tomaron nivel público muchos de aquellos desfalcos, estafas y destrucción delictiva sino que, y principalmente, se hallaron pruebas contundentes sobre la comisión efectiva de los actos de corrupción habidos por ese grupo de forajidos cebados por la impunidad que les otorgaba la mafia de los medios de prensa encabezada por Héctor Magnetto y el Grupo Clarín y el apoyo efectivo y potente de una Justicia cooptada.

Desde el ilusionado 10 de diciembre del año pasado, aquellos hechos de corrupción del (des)gobierno de Macri Mauricio y sus secuaces no solo sumaron más pruebas sobre la responsabilidad penal que cabía al jefe de aquella banda sino que se descubrieron otros hechos de corrupción a partir de la toma de cargos en los distintos estamentos del Estado Nacional. Tanto es así como que se descubrieron 100.000 computadoras para repartir entre alumnos o los millones de vacunas no distribuidas o… cientos de hechos que emergen como las margaritas silvestres. Lo que asombra y apena es que no haya guadaña para cortar esos tallos infectados de corrupción.

No se formulan denuncias judiciales, este es el tema. Salvo chispazos de coraje individuales, desde el gobierno de Fernández no se mueve nada en el sentido de presentar denuncias ya reclamadas por la sociedad no vaciada cerebralmente.

La mayoría –que fue la que ganó las elecciones- suponía, con razón inapelable, que una vez en el Gobierno, Aníbal Fernández guiaría a sus colaboradores hacia la conformación de las diversas causas que se presentarían ante la Justicia denunciando, con pruebas contundentes, a los funcionarios corruptos del gobierno de los cambiemitas empezado, indudablemente, por el mayor corrupto de los años pasados Macri Mauricio. Aquí nos animaríamos a decir que es el mayor corrupto de todos los presidentes que tuvimos en nuestra historia.

La pregunta se repite perforándonos el cerebro: ¿Por qué el gobierno de Alberto Fernández no formula ninguna denuncia contra el demostradamente corrupto Macri Mauricio y sus cómplices en el saqueo de nuestro país?

No encontramos una respuesta tranquilizadora por su veracidad. Al contrario, todas las respuestas que logramos encontrar en los vericuetos de nuestra mente, apuntan a la sospecha cada vez más contundente, de la existencia de un pacto entre el delincuente Macri Mauricio y Alberto Fernández. No encontramos, desde nuestra limitación, alguna otra razón suficiente que justifique la inacción de Fernández y su equipo de abogados de la Procuración del Tesoro.

La sospecha aleja, decepciona y quiebra ánimos. Cuesta mucho mantener la mirada limpia sobre los actos del Gobierno cuando se mantiene esa negrura cada día.

¿Habrá alguna aclaratoria de Alberto Fernández o mejor no tocar el tema porque se inflama? Desde el peronismo no entendemos el silencio de los corderos. No cargar con la culpa a aquellos que son responsables del desastre que vivimos, de la tierra arrasada, no es peronismo, es algo parecido a la traición. Y nos negamos –aunque esta actitud sea transitoria- a pensar que Fernández y por segunda vez, traicione al peronismo.

Sinceramente esperamos que comiencen a llegar a Tribunales y a Comodoro Py, los paquetes de denuncias esperadas. Así no conviviremos, como pares, con delincuentes responsables de la situación terminal en la que está nuestra Argentina –que es lo mismo que decir “nuestra Patria”-, paseando, ellos y nosotros, por las calles del país, tan libres como los justos.

Roberto Otero

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