FIDEOS Y DÓLARES
Ver y escuchar a funcionaros del actual período
preguntarse –y ¡preguntarnos¡- dónde están los dólares, que en una sospechosa
maniobra, envió el F.M.I. al expresidente es, mínimamente, lamentable y lleva
el sello, invisible, del “no me meto, ya cumplí con preguntar”.
Que Macri, Mauricio, debería de estar preso por
esa –y otras muchas- causas en desarrollo, no me cabe duda alguna. Como a la
inmensa mayoría de los ciudadanos no trastornados por relatos sirenéicos.
Exactamente lo mismo sucede con el flagrante
cúmulo de delitos que han reunido en sus alforjas –además de dólares contantes
y sonantes- los integrantes del Directorio de Venturin. Desde evasión y lavado
hasta sub y sobre facturación, triangulaciones delictuales y demás lindezas que
están bien definidas por el Código Penal de la Nación Argentina.
En otros casos, parecidos, semejantes,
idénticos, los detectados responsables daban explicaciones de sus actos desde
las celdas donde eran alojados en montón, bajo la inicial configuración de
“asociación ilícita”. Tan clara y definitiva como debería de ser el caso de
Vicentin.
Sin embargo se verifica por enésima vez el
ejemplo de que quienes se sientan en el banquillo calzan zapatillas; no así los
que muestran zapatos de cuero real, trabajados casi por artesanos.
El señor Nardelli
debería, como Hamelin, encabezar la marcha hacia el penal sin otras condiciones
que llevar su muda de ropa, al igual que sus consortes de causa.
Sin embargo, por arte del modo político
rioplatense y, más que nada, argentino, los tipos son tratados como verdaderos
señores, inocentes de todo lo que la malicia del populacho les endilga, a pesar
de las constancias ilevantables de los delitos cometidos. Ojo, sin por esto
saltar la manda de que todos son inocentes… etcétera.
Sin pensar la ligazón de
Vicentín con la genocida dictadura del setenta y seis y de la que obtuvo el
puerto que detenta, además de haber entregado 22 trabajadores, repito, sin
pensar en la calidad moral de esos tipejos, los hechos
ahora constatados los signan como verdaderos delincuentes de guante blanco en
desmedro, sin duda alguna, del “populacho” y del Estado Nacional.
Los jueces
del fuero penal deberían de actuar mediante la intervención de fiscales probos
y por sobre todo, convencidos de que están donde están para ejercer la defensa
del pueblo.
Si las “comisiones investigadoras” sirvieran
para el escarnio de los delincuentes, casi que tendría algún sentido siempre
que observáramos la realidad con el resentimiento de la venganza. Pero, en
general, no sirven. Es lugar común si recordamos a Perón cuando afirmaba que si
no se deseaba que algún proyecto no marchase, que se formara una comisión.
Espero que la causa penal que involucra al
directorio en pleno de Vicentin y a otros cómplices necesarios, comience con
todas las garantías para unos y para otros, pero que comience de una vez.
Intuyo que podrá ser el inicio de una serie de
delitos cometidos por otros, no ya los mencionados, como el hilo suelto de una
maneja… siempre que la veleidosa actúe por el olfato ya que tiene los ojos
vendados.
Roberto Otero
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