Eva Perón, Evita, esa diáfana mujer de increíble actividad diaria, entregada a la recuperación de los derechos conculcados y la puesta en vigencia de otros, olvidados por oligarcas y colonialistas –mejor dicho, por los definidamente cipayos-, que ella sintetizó en la ecuación fácil para determinar cada uno de estos: “donde hay una necesidad hay un derecho”.
Mi congoja de chiquilín de 9 años, desconcertado al ver el rostro del grandote Carlos y la sonrisa, reprimida, de mi tía Isabelita al escuchar lo que el locutor radial nos clavaba en el corazón, a la inmensa mayoría que, a partir de ese 26 de julio a las 20:25 horas.
[Esa fatídica noche del 26 de julio de 1952, a las 21:40 horas, Radio del Estado y la Red Argentina de Radiodifusión anunciaron que cumplían con el “penosísimo deber de informar al Pueblo de la República, que a las 20:25 ha muerto la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación”]
Sin tener mucha –o poca- idea de la “política” en aquella época de mi niñez, sí tenía muy en claro que la vida de Carlos, el gran amigo y hasta protector de mí padre desde la juventud de éste, era un sometido sufriente de mi tía Isabel, que lo trataba como una especie de basura surgida del peor estiercolero. Es que Carlos era “peronacho” y, obviamente, Isabel era radical, por su fallecido novio, y gorila, por traslación emocional de aquel radicalismo de los cincuenta.
No tuve la suerte de tener esa edad de entonces y que me llevaran a los actos para enfatizar la educación pública y recibir el apoyo de la inmensa y efectiva Fundación Eva Perón. Esa mujer joven, hermosa, cariñosa, dedicada, infatigable que, sin duda, entregó su vida por la revolución peronista.
Hoy, 26 de julio pero de 2021, contamos 69 años de aquel infausto momento de la muerte física de Evita, nuestra Evita.
Entendemos la virulencia de quienes, por aquel entonces, eran los que escribían “viva el cáncer” como apoyando la inmunda enfermedad que terminó con esa vida terrenal de Evita. Estos no cambiaron esa consigna, heredada de padres y abuelos, tan “contras” o bien “gorilas” como base de utilización por los estranjerizantes y plenamente cipayos del hoy día.
Gracias Evita, por darnos el fuego permanente de la defensa de los derechos de todos y no de la oligarquía; de hacernos integrales al pueblo real y no “a la gente” del gorilaje. Gracias Evita… No te inquietes allá donde estés: tenemos a Cristina que sigue tus pasos desde que se inició en el debate público de la acción política desde el peronismo.
¡¡¡Gracias Evita!!!

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