Artículos editoriales sobre la actualidad política nacional e internacional con autores invitados. Editor Roberto Otero
domingo, 1 de agosto de 2021
PUEDE DOLER, PERO FUE UNA DECISIÓN JUSTA
Es entendible la polémica que se armó alrededor de una decisión de la autoridad respecto de prohibir la participación de la categoría principal de un equipo de fútbol para jugar, según el fixture aplicable, contra otro equipo de la misma categoría en el diseño vigente del campeonato.
La decisión de la autoridad no fue ni antojadiza ni intencionalmente parcialista o sin sentido. Por el contrario, el equipo cuya división Primera no podía jugar en su propia cancha, en Buenos Aires, acababa de llegar de Brasil. Allí, fue evidente que le robaron el partido por la anulación de un gol legal que el VAR estableció que fue convertido en una posición prohibida –adelantado el jugador-.
Luego, por penales –que siempre es un albur-, Brasil terminó ganando un partido que había perdido. Y lo mismo sucedería, una semana atrás, en la propia cancha de Boca Junios –de este se trata-, cuando también, a través del VAR, anularon un legítimo gol que volteaba a Brasil.
Esto, como antecedentes, puede servir para justificar la rabia, la impotencia, casi la fría controlada. Pues en Brasil, el equipo robado por los locales, se desmadró y, a consecuencia, rompió la “burbuja”, se mezcló con policías, público, los otros jugadores, pero a las trompadas.
Si bien la violencia es deleznable, la decisión de la autoridad argentina de prohibirle a la primera división jugar el partido que, por fixture, debía cumplir contra otro equipo de igual categoría en el campeonato local, no se fundó en trompis, patadas, intervención de la policía, situación jurídica y un largo etcétera. Se fundó, única y determinantemente, en la exposición personal que tuvieron todos los jugadores del equipo –incluyendo dirigentes y otros agregados—ante la prohibición de romper la burbuja para prevenir, a ultranza, la posibilidad de contagio. Especialmente en Brasil, donde las medidas aplicadas para prevenir los contagios son, como mínimo, deplorables. La decisión cuestionada desde el fanatismo por la pelota redonda, también –o fundamentalmente- se apoya en los protocolos oficiales respecto de permitir el ingreso a nuestro país de viajeros arribados a Ezeiza. Ninguna diferencia. Llegan, se los testea, y sea el resultado positivo o negativo, han de cumplir un aislamiento preventivo de siete días corridos, sin autorización ni para salir a comprar comida –que les será dada cada vez-. Esto es y será válido para todos los viajeros que regresan a la Argentina con el agregado de que cuando salieron del país, fueron advertidos y firmaron el documento donde se daban por enterados de lo que podría suceder cuando decidieran volver. Para el caso, entiendo que no debe de haber hijos y entenados, o sea, que por ser tal cosa el viajero regresante, pueda sortear esta regla protocolar.
Así que, por más que les duela a los señores de Boca Juniors, dura lex sed lex y a quejarse en el confesionario. Lo actuado aquí fue legal. Lo actuado por ellos en Brasil, una vergüenza. Obvio que debemos protestar contra el VAR y los brasileños que amañaron esa estafa y robo del resultado. Pero eso es otro tema.
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