martes, 1 de febrero de 2022

LA TRAMPA

No vale caer en la tentación de recordar “Yo se los dije”, cuando de mencionar a Alberto Fernández se trate. Este sujeto fue a quien utilizó Néstor Kirchner como lana para tejer la gruesa tela de la transversalidad que, desde el día en la que el innombrable se borró de la segunda vuelta –inteligente fuga antes de quedar tapado por millones de votos y con ello, su futuro político--, la Presidencia de la Nación se construía hora a hora.

Lo que no supe, de previo, fue si el tal sujeto habría recibido entrenamiento específico para ser un seguro informante, más que nada en la elusión y ocultamiento personal.

Claro que esto último quedó más que evidente cuando supuso –el y, previamente, sus mandantes—que la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner estaba, para entonces, fenecida, acabada, enterrada. El trabajo promocional de esto último lo hizo recorriendo los canales de la televisión y las radios –todo ello bajo la comandancia de Héctor Magnetto---donde descargó cientos de slongans que, a partir de sus armadas declaraciones, pasaron a formar parte del arsenal de los magnetto’s y otras secundarias accesiones operacionales. Aclaro: secundarias pero muy efectivas.

La salida del libro de Cristina, Sinceramente, constituyó un éxito editorial, agotamiento de existencias, varias reediciones. Un éxito sin ninguna duda. Y a posteriori, el baldazo de agua helada: el seguro Presidente sería el sujeto mencionado: Alberto Fernández.

En la campaña

Creer en Cristina, ser leal a ella, fue la magia de convertir sapos en exquisitos manjares. Hubo muchos de estos útiles bichos para el medio ambiente, mediante lo cual consumimos las flaquezas del designado candidato cuando hablaba ante la convocatoria que reunía Cristina. “Ya se adecuará”, imaginábamos. Una y otra vez.

La asunción en la Asamblea Legislativa

Creo, como muchas otras personas, observaron el gestual afecto entre el Presidente electo ante su presentación oficial y el derrotado ex presidente. Como contrapartida se vio con total claridad cuando Macri avanzó hacia Cristina para saludarla. Ejemplo exacto de lo que la Vicepresidenta pensaba y sentía con dicho sujeto.

Luego, el primer discurso ante la Asamblea.

Para evitar digresiones del hablante, le habrán escrito una y otras más afirmaciones para coincidir, entonces, con el conjunto de lo que se debía hacer desde la Presidencia. No vale repetir todas, pero podemos marcarlas en ese primer discurso presidencial. Obvio que la alegría por haber volteado al más perfecto entregador de la Argentina –como se fue confirmando día a día—la alegría de la victoria electoral superó, en aquel momento, el pensamiento crítico y, además, esas promesas contenían lo que había expresado en la campaña.

Ahí comenzó, lo que a esta altura está más definido como traición.

Los primeros pasos del entregador Macri

Ya desde los primeros días de diciembre 2015, y por Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), destruyó la Ley de Medios, nombro dos jueces en la Suprema Corte, trasladó otros varios jueces a distintas cámaras sin haber pasado por examen ante el organismo que manejaba su súbdito Toreíllo, organizó el sistema de escuchas, espiones, ataques a propios y adversarios políticos, teniendo como centro de su objetivo a Cristina Kirchner. Y mucho más. Y todo esto no fue secreto. El Presidente Fernández no hizo nada sobre todo ello. Luego vino su recule ante Vicentín; luego sobre la infame estafa de Hidrovía en el río Paraná… ¡Y sigue! Con la que cohonestarían un préstamo del FMI impulsado por Trump, para apoyar a Macri en la supuesta continuidad electoral que convenía a la destrucción de nuestro país.

Todo lo dicho se conoció, se supo bien, pero el Presidente Fernández no actuó ni denunció el delito ni denunció al FMI ante la ONU como la generalización de la gravedad de lo actuado.

Colofón

No vale continuar lo que usted, todes, sabemos. Antes de cohonestar la estafa macrista con el FMI hay que avanzar, rápidamente, sobre esa y otras causas penales detenidas, ocultadas, demoradas, por parte de jueces entregados a esa banda delincuencial macrista. Silvina Bullrrich –estupenda escritora—escribió “Mañana digo BASTA”. Considero que nuestro tiempo, aquí, ese mañana será muy tarde.

Que estén bien.

Roberto Otero

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