EL VIRUS DEL RELATO Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
Hace años que
una multitud de personas y algunos periodistas, hablamos, escribimos,
transmitimos por radio y otros medios de comunicación, sobre lo que es el CFR y
el Nuevo Orden Mundial (NOM). Hay sobradas muestras de lo dicho en Internet
(siempre que no lo hayan borrado) y en mis medios “Albatros Prensa Comodoro” y “Testimonio
Directo.blogspoot.com. El que fue mi iniciador en el tema fue Adrián Salbuchi, un maestro por
conocimientos, investigación y didáctica. Pero pasemos a lo que se viene con
esta notuela.
Repetimos, toda
vez que hay oportunidad y ésta es una de ellas, tal vez la más grave, que la ex
Directora del Fondo Monetario Internacional, Christinne Lagard fue quien, en una de sus conferencias con
inversores-financistas, dijo aquello de que “algo tenemos que hacer con los viejos”, explicando que mucho
dinero se iba hacia ellos, en cuestiones de salud. Se nos ocurrió que lo que, eufemísticamente
(y no tanto) sugería que se debía encontrar algún método para exterminarlos.
Tras cartón, el
fallecido e hipermillonario financista David
Rockefeller avizoraba, cual vidente, que el mundo iba a caer en una hecatombe
financiera la que resultaría en la sumisión de los trabajadores quienes se
verían compelidos a laborar por lo que les den y no por lo que deberían cobrar.
Agreguemos que el susodicho era un
elemento de fuste del CFR en tanto organizador del NOM.
Para redondear
lo anterior sin olvidarnos del monje británico que asesoraba a la corona
indicando que en el mundo –en el 1700- eran muchos y que faltaría la comida
para todos; por ello indicaba que había que alimentar a los pobres y
trabajadores (casi lo mismo) con mucho hidrato de carbono (pan), construirles
casas sociales, estrechas, insuficientes, donde deberían alojarse, hacinados,
muchas personas; con ello se propiciaría un mayor riesgo de contagios y, una
vez llevados a los hospitales de la época, morirían sin remedio. No se
practicaban autopsias; casi lo mismo que ahora, en el 2020, cuando se prohíbe a
los médicos hacer las necropsias y, además, incinerar los cuerpos que, como
sabemos por la información “oficial”, todos estos, actuales, habrían muerto a
causa del Covid19, el virus fantasma.
La Ciencia se
fundamenta en el cuestionamiento, en las preguntas y por supuesto en la investigación
para descartar hipótesis o corroborarlas.
En el caso que
nos ocupa por el título, el Covid-19, se han hecho –suponemos- muchas preguntas
pero de investigación, muy poco. Extrañamente científicos de cierta prominencia
han adherido, sin cuestionar, a los métodos y terapéuticas casi “envasadas”
para el tratamiento de los supuestamente “contagiados” por el Covid-19. De
hecho, ante la prohibición de realizar autopsias –prohibición que fue lo
primero que lanzó la errante OMS- de los fallecidos no se sabe más que los
papeles de los certificados de defunción. ¿Y si no era así? Ah, bueno, usted es
un confabulador peligroso…
Afortunadamente
hubo una gran masa de médicos que dejaron la prohibición de la OMS en el tacho
de basura y realizaron las necropsias constatando, en un período dado de
enfermedad covid-muerte, que más de la mitad no habían fallecido por ningún virus covid o como quiera llamársele,
sino por nosologías patológicas diversas, tan separadas del virus predisponente
(según propaganda) como nuestro planeta de Plutón.
No hace mucho
pudimos ver un reportaje de una excelente periodista alemana a un médico suizo,
director de una clínica allí y que, en el desarrollo de la entrevista espetó
que “con el tratamieto inicial que se les
aplica a los supuestos pacientes contagiados por Covid-19, en lugar de aumentar
disminuían la capacidad de anticuerpos que tenían; a ello se agregaba el
respirador, que era casi un paso seguro al fallecimiento del enfermo”.
Cuando el doctor
Andreas Kalker fue entrevistado por
el periodista Santiago Cuneo,
explicó con claridad y sencillez, lo que el Dioxido de Cloro provoca en los alcanzados por el Covid-19, que es
nada menos que la cura. Explicó la
experiencia científica realizada en Ecuador
y el tratamiento aplicado con el CDC en
104 pacientes de los cuales el 98 % resultó curado a los 4
días promedio. Las usinas del terrorismo mediático atacaron al ÇDr. Kalker
con todas las municiones posibles y opinólogos de diversa etiología, elaboraron
largas explicaciones sobre lo peligroso que era y tal. O sea, siguieron en la
manda de generar miedo para poder controlar a la población que, sin cuestionar,
creyera en tales afirmaciones falsas.
Hace poco, la Dra. Ma. José Martínez Albarracín brindó una cátedra
acerca de lo que se trata toda esta paranoia generalizada. Fue un excelente
reportaje del colega Fernando Ferreira. La doctora Martínez Albarracín no sólo
recomendó enfáticamente el uso del Dióxico de Cloro –dando cifras sobre las
curaciones que se vieron a los 3 / 4 días de la ingesta, sino, y además,
recomendó otros tres específicos nada “laboratoriales” que también arrojaron
excelentes resultados en pacientes en el límite.
También el Alcalde de Santa Cruz, en Bolivia, que aplicó el Dioxido de
Cloro a los pacientes internados y se curaron en un 98 por ciento como se ha
dicho. De hecho, se sancionó una ley –aun en esa dictadura- que avala y
habilita la aplicación del CDC para los internados por Covid-19.
Por otra parte, las investigaciones que actualmente se dan a publicidad carecen del método científico real
porque ninguno de ellos logró aislar el
virus (o supuesto) por lo que no es cierto lo que se afirma en tanto “reconocimiento
del virus”.
Para concluir por un rato, recordemos que en octubre de 2019, convocada
por Bill Gates, se realizó la
reunión 201 en la que “se ficcionó” la aparición de un virus que se convertía
en pandemia mundial, obviamente. Los allí presentes eran desde financistas
(como Bill Gates), integrantes del Foro de Davos; dueños de laboratorios
farmacológicos, empresarios de diverso origen, antropólogos sociales, médicos,
periodistas. La conclusión fue que se produciría una hecatombe mundial y para que tal sucediese con la fuerza que se
requería, había dos premisas fundamentales: 1. Todos deberían aludir al
tremendo mal que era el virus mortal hasta que hubiera una vacuna; y 2. Los muertos
debían ser contabilizados al virus y para ello, habrían de prohibirse las
autopsias y concretar, rápidamente, la incineración de los cadáveres. O sea,
que si alguno moría porque le cayó una piedra en la cabeza, también se contaría
como víctima del virus. Ojo, esto era año 2019.
En enero de 2020 se denuncia la aparición de un “virus”
en China.
Agreguemos que Bill Gates cayó en India para vacunar niños y niñas y de tales
vacunaciones, más de 500.000 murieron. Por si fuera poco, en las vacunas a las niñas se descubrió un
componente desencadenador de infertilidad. Por estas minucias lo expulsaron a Bill Gates de India y a todo su
equipo de asesinos.
¿Quién es el casi único impulsor de la vacunación masiva y obligatoria?
Así es: Bill Gates.
Les dejo la recomendación de buscar en la Red (si no la bloquearon) a la
Dra. María José Martínez Albarracín y al periodista Fernando Ferreira. Así mismo
la página web del doctor Andreas Kalker.
Por lo menos, si hacen esto último podrán tener mayor información y la
posibilidad de formular preguntas al relato
oficial.
El aire puro, el ejercicio, dormir bien y la comida sana son los mejores
elementos para aumentar la capacidad inmunológica de nuestro cuerpo. Porque
como dice el Dr. Kalker: “No es el
medicamento el que cura, es el cuerpo quien lo hace”
Ah, si alguno recordó a Hipócrates, lo felicito.
Roberto Otero

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