lunes, 3 de agosto de 2020

EL VIRUS DEL RELATO Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

EL VIRUS DEL RELATO Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

 

 

Hace años que una multitud de personas y algunos periodistas, hablamos, escribimos, transmitimos por radio y otros medios de comunicación, sobre lo que es el CFR y el Nuevo Orden Mundial (NOM). Hay sobradas muestras de lo dicho en Internet (siempre que no lo hayan borrado) y en mis medios “Albatros Prensa Comodoro” y “Testimonio Directo.blogspoot.com. El que fue mi iniciador en el tema fue Adrián Salbuchi, un maestro por conocimientos, investigación y didáctica. Pero pasemos a lo que se viene con esta notuela.

 

Repetimos, toda vez que hay oportunidad y ésta es una de ellas, tal vez la más grave, que la ex Directora del Fondo Monetario Internacional, Christinne Lagard fue quien, en una de sus conferencias con inversores-financistas, dijo aquello de que “algo tenemos que hacer con los viejos”, explicando que mucho dinero se iba hacia ellos, en cuestiones de salud. Se nos ocurrió que lo que, eufemísticamente (y no tanto) sugería que se debía encontrar algún método para exterminarlos.

 

Tras cartón, el fallecido e hipermillonario financista David Rockefeller avizoraba, cual vidente, que el mundo iba a caer en una hecatombe financiera la que resultaría en la sumisión de los trabajadores quienes se verían compelidos a laborar por lo que les den y no por lo que deberían cobrar.  Agreguemos que el susodicho era un elemento de fuste del CFR en tanto organizador del NOM.

 

Para redondear lo anterior sin olvidarnos del monje británico que asesoraba a la corona indicando que en el mundo –en el 1700- eran muchos y que faltaría la comida para todos; por ello indicaba que había que alimentar a los pobres y trabajadores (casi lo mismo) con mucho hidrato de carbono (pan), construirles casas sociales, estrechas, insuficientes, donde deberían alojarse, hacinados, muchas personas; con ello se propiciaría un mayor riesgo de contagios y, una vez llevados a los hospitales de la época, morirían sin remedio. No se practicaban autopsias; casi lo mismo que ahora, en el 2020, cuando se prohíbe a los médicos hacer las necropsias y, además, incinerar los cuerpos que, como sabemos por la información “oficial”, todos estos, actuales, habrían muerto a causa del Covid19, el virus fantasma.

 

La Ciencia se fundamenta en el cuestionamiento, en las preguntas y por supuesto en la investigación para descartar hipótesis o corroborarlas.

 

En el caso que nos ocupa por el título, el Covid-19, se han hecho –suponemos- muchas preguntas pero de investigación, muy poco. Extrañamente científicos de cierta prominencia han adherido, sin cuestionar, a los métodos y terapéuticas casi “envasadas” para el tratamiento de los supuestamente “contagiados” por el Covid-19. De hecho, ante la prohibición de realizar autopsias –prohibición que fue lo primero que lanzó la errante OMS- de los fallecidos no se sabe más que los papeles de los certificados de defunción. ¿Y si no era así? Ah, bueno, usted es un confabulador peligroso…

 

Afortunadamente hubo una gran masa de médicos que dejaron la prohibición de la OMS en el tacho de basura y realizaron las necropsias constatando, en un período dado de enfermedad covid-muerte, que más de la mitad no habían fallecido por ningún virus covid o como quiera llamársele, sino por nosologías patológicas diversas, tan separadas del virus predisponente (según propaganda) como nuestro planeta de Plutón.

No hace mucho pudimos ver un reportaje de una excelente periodista alemana a un médico suizo, director de una clínica allí y que, en el desarrollo de la entrevista espetó que “con el tratamieto inicial que se les aplica a los supuestos pacientes contagiados por Covid-19, en lugar de aumentar disminuían la capacidad de anticuerpos que tenían; a ello se agregaba el respirador, que era casi un paso seguro al fallecimiento del enfermo”.

 

Cuando el doctor Andreas Kalker fue entrevistado por el periodista Santiago Cuneo, explicó con claridad y sencillez, lo que el Dioxido de Cloro provoca en los alcanzados por el Covid-19, que es nada menos que la cura. Explicó la experiencia científica realizada en Ecuador y el tratamiento aplicado con el CDC en 104 pacientes de los cuales el 98 % resultó curado a los 4 días promedio. Las usinas del terrorismo mediático atacaron al ÇDr. Kalker con todas las municiones posibles y opinólogos de diversa etiología, elaboraron largas explicaciones sobre lo peligroso que era y tal. O sea, siguieron en la manda de generar miedo para poder controlar a la población que, sin cuestionar, creyera en tales afirmaciones falsas.

 

Hace poco, la Dra. Ma. José Martínez Albarracín brindó una cátedra acerca de lo que se trata toda esta paranoia generalizada. Fue un excelente reportaje del colega Fernando Ferreira. La doctora Martínez Albarracín no sólo recomendó enfáticamente el uso del Dióxico de Cloro –dando cifras sobre las curaciones que se vieron a los 3 / 4 días de la ingesta, sino, y además, recomendó otros tres específicos nada “laboratoriales” que también arrojaron excelentes resultados en pacientes en el límite.

 

También el Alcalde de Santa Cruz, en Bolivia, que aplicó el Dioxido de Cloro a los pacientes internados y se curaron en un 98 por ciento como se ha dicho. De hecho, se sancionó una ley –aun en esa dictadura- que avala y habilita la aplicación del CDC para los internados por Covid-19.

 

Por otra parte, las investigaciones que actualmente se dan a publicidad carecen del método científico real porque ninguno de ellos logró aislar el virus (o supuesto) por lo que no es cierto lo que se afirma en tanto “reconocimiento del virus”.

 

Para concluir por un rato, recordemos que en octubre de 2019, convocada por Bill Gates, se realizó la reunión 201 en la que “se ficcionó” la aparición de un virus que se convertía en pandemia mundial, obviamente. Los allí presentes eran desde financistas (como Bill Gates), integrantes del Foro de Davos; dueños de laboratorios farmacológicos, empresarios de diverso origen, antropólogos sociales, médicos, periodistas. La conclusión fue que se produciría una hecatombe mundial y para que tal sucediese con la fuerza que se requería, había dos premisas fundamentales: 1. Todos deberían aludir al tremendo mal que era el virus mortal hasta que hubiera una vacuna; y 2. Los muertos debían ser contabilizados al virus y para ello, habrían de prohibirse las autopsias y concretar, rápidamente, la incineración de los cadáveres. O sea, que si alguno moría porque le cayó una piedra en la cabeza, también se contaría como víctima del virus. Ojo, esto era año 2019.

En enero de 2020 se denuncia la aparición de un “virus” en China.

 

Agreguemos que Bill Gates cayó en India para vacunar niños y niñas y de tales vacunaciones, más de 500.000 murieron. Por si fuera poco, en las vacunas a las niñas se descubrió un componente desencadenador de infertilidad. Por estas minucias lo expulsaron a Bill Gates de India y a todo su equipo de asesinos.

 

¿Quién es el casi único impulsor de la vacunación masiva y obligatoria? Así es: Bill Gates.

 

Les dejo la recomendación de buscar en la Red (si no la bloquearon) a la Dra. María José Martínez Albarracín y al periodista Fernando Ferreira. Así mismo la página web del doctor Andreas Kalker.

 

Por lo menos, si hacen esto último podrán tener mayor información y la posibilidad de formular preguntas al relato oficial.

 

El aire puro, el ejercicio, dormir bien y la comida sana son los mejores elementos para aumentar la capacidad inmunológica de nuestro cuerpo. Porque como dice el Dr. Kalker: “No es el medicamento el que cura, es el cuerpo quien lo hace”

 

Ah, si alguno recordó a Hipócrates, lo felicito.

 

Roberto Otero



¿Cuánto tiempo dura el coronavirus en las diversas superficies?
Científicos de Estados Unidos han analizado cuánto permanece el SARS-CoV-2 en varios materiales de uso común. En los aerosoles del aire son estables hasta tres horas, cuatro horas en el cobre, un día entero en el cartón y hasta dos o tres días en el plástico y el acero inoxidable.
18 marzo, 2020


Virus SARS-CoV-2 (en amarillo) emergiendo de células (rosadas y azules) cultivadas en el laboratorio. Imagen vista con el microscopio electrónico de barrido y virus aislados de un paciente en EE UU. / NIAID-RML
El virus que causa la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) es estable durante varias horas o días en aerosoles y diversas superficies, según el estudio que acaban de publicar en The New England Journal of Medicine un equipo de científicos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la Universidad de California en Los Ángeles y la Universidad de Princeton en EE UU.
Los autores han imitado lo que sucede cuando una persona infectada deposita el coronavirus sobre materiales cotidianos del hogar y los hospitales, como puede ocurrir al toser o tocar objetos. Para ello han utilizado muestras reales del patógeno, según informa la agencia Sinc.
Así han llegado a la conclusión de que SARS-CoV-2, responsable del síndrome respiratorio agudo grave, se detecta en aerosoles (las partículas en suspensión del aire) durante un tiempo máximo de tres horas, hasta cuatro horas en el cobre (presente en muchas monedas), hasta 24 horas en el cartón y hasta dos o tres días en el plástico y el acero inoxidable.
Estos resultados proporcionan información clave sobre la estabilidad del virus que está causando una pandemia, y confirma que las personas pueden adquirirlo a través del aire y después de tocar objetos contaminados.

Una estabilidad similar a SARS-CoV-1

Los científicos de los NIH, en las instalaciones del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en Montana, compararon cómo el ambiente afecta a SARS-CoV-2 en relación a su antecesor el SARS-CoV-1, causante del SARS, empleando muestras de los dos tipos.
El SARS-CoV-1, al igual que su pariente actual, también surgió en China, e infectó a más de 8.000 personas entre 2002 y 2003. Sin embargo, fue erradicado en 2004 gracias al seguimiento intensivo de contactos y a las medidas de aislamiento de las personas contagiadas.
En el nuevo estudio de estabilidad, los dos coronavirus se comportaron de manera similar, lo que desafortunadamente no explica por qué COVID-19 se ha convertido en un brote mucho más grande.

Propagación asintomática del virus

Los autores también destacan otros aspectos de sus observaciones. Por ejemplo, se preguntan por qué hay más casos de SARS-CoV-2. Las evidencias sugieren que las personas infectadas ahora podrían estar propagando el virus sin reconocer, o incluso antes de reconocer, los síntomas. Esto haría que las medidas de control de enfermedades que fueron efectivas contra el SARS-CoV-1 lo sean menos contra su sucesor.
Además, a diferencia del SARS-CoV-1, la mayoría de los casos secundarios de transmisión de SARS-CoV-2 parecen estar ocurriendo en ambientes comunitarios en lugar de sanitarios. Sin embargo, los entornos hospitalarios también son vulnerables a la introducción y propagación del nuevo coronavirus, cuya estabilidad en aerosoles y superficies probablemente también contribuye aquí a su transmisión.
Por otra parte, el estudio reafirma las recomendaciones que dan los profesionales sanitarios ante la gripe y otros virus respiratorios. Aunque la población está cada vez más concienciada, se insiste en las medidas para prevenir la propagación del SARS-CoV-2: evitar el contacto cercano con personas infectadas; no tocarse los ojos, la nariz y la boca; quedarse en casa cuando estás enfermo (y ahora también cuando no); toser o estornudar en el codo y usar pañuelos desechables que se tiran a la basura; y limpiar y desinfectar objetos y superficies que se tocan con frecuencia.

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