Un querido amigo que
vivía en una casita alquilada en Santa Clara del Mar, partido de Mar Chiquita,
allí cayó por la proverbial intervención de una parienta que, a su ve, vivía –vive-
en Mar del Plata. Cosas casuales, en uno de los embotellamientos de tránsito
frente a uno de los supermercados VEA, protestando por el bloqueo, el viejo que
manejaba otro coche, se une a la protesta y se planteó una especie de simbiosis
entrambos por ser, cada uno, liberales o, mejor dicho, gorilas, con distintos
tonos de pelaje.
Allí a esa casita fue a
parar mi amigo. Obvio que cuando venían las hienas a comerle el hígado en el
departamento que él ocupaba –alquilaba- en Mar del Plata, la aparición de un
lugar donde vivir dignamente le pareció la solución ideal. Que si fuera
creyente habría dicho el consabido “me lo mandó dios”.
Eran vecinos en serio,
parecita medianera de por medio. El hombre, a pesarde su gorilaje, era calmo o
no se animaba mucho. Mi amigo bajaba líneas sobre lo que el gobierno de
Cristina hacía a favor de los necesitados y otras cuestiones más complicadas de
la economía, la educación y la salud.
El caso es que mi amigo
publicaba un portal donde la doctrina nacional Justicialista era la aplicación
de lo que el kirchnerismo realizaba cada día. Por pincharlo al vecino, le
mandaba las actualizaciones diarias a su mail. Crease o no, muchas de esas
actualizaciones las aprobaba sinceramente.
Es que el tipo había
trabajado en “Correos y Telecomnicaciones” y de allí había formado un buen
capital de respaldo, digamos.
Así las cosas,
charlando y tomando mate, se enojó porque “unos bolitas de mierda” se habían
instalado casi en la esquina de la misma calle donde daban los frentes de su
propia casa y el jardín de la de mi amigo. Puteadas sin reserva por ser los que
“vienen a sacarnos el trabajo” y toda la monserga xenófoba.
A todo esto, esas dos
familias bolivianas habían levantado un pequeño y coqueto complejode tres
chalets en madera, de dos pisos, con frente de jardín, cochera, una maravilla.
O sea, laburo en serio. Para colmo, a unas dos cuadras hacia el mar, los mismos
bolivianos habían comprado un terreno donde erigían otros chalets. Laburaban,
eso era todo.
Furioso estaba el gordo
gorila. No sabía, mi amigo, de qué vivían para tener una casa como la que
tenían y dos hijos gordos –recalco por el consumo de proteínas diarias- y otro
hijo, del primer matrimonio, idóneo en mecánica de motos, drogón y hallador,
según dirían los santiagueños: “hallaba las cosas de otros antes de que se les
perdieran”. Un tipo preso es un presupuesto. Bueno, el nene había salido.
La mujer de tal sujeto,
del gorila grande me refiero, se quejaba porque no recibía la AUH pero el Estado
es tonto a veces pero no boludo. O sea, no le correspondía cobrar esa ayuda
para quienes realmente la necesitaran. Así que la mujer a las puteadas con
Cristina (obvio).
Pero resulta que llega a Santa Clara una especie de
brigada de impuestos inmobiliarios. Va el gorila, con cara de condenado a la
horca, a pedirle a mi amigo que no diga que esa casa, la que alquilaba, era
suya. Y ahí explicó que tenía 5 casas
para alquilar (turismo) además de una especie de gran galpón de material que
servía como garaje, taller; una casa en la esquina que abarcaba las dos calles;
otra casa detrás de la propi, con un terrenazo y un terreno que pretendía ser
de un desconocido que vivía en Bahía Blanca pero era de él. Así también, un
coche 2015 importado; el otro coche que lo hacía trabajar de remise; una de
esas motos de cuatro ruedas para correr por la arena, grande, un camión con
volcador y otros bienes jamás declarados. O sea, el liberal republicano,
gorilón, era un evasor importante.
No obstante, ese tipo
tuvo el tupé de denunciar a los bolivianos. La respuesta la dio mi amigo, al
denunciar, con fotos y bocetos, al alegre evasor.
No es para nada halagador
esto de denunciar, pero tal calibre de putrefacción creo que no merecía otra
cosa por parte del Estado al que estaba estafando.
Luego, llegó
insólitamente el delincuente Macri y mi amigo duró apenas un mes más en esa
casita, porque vino el aumento de alquiler y las publicidades en su portal
flaquearon hasta la inanición.
Lo que siguió es otra
historia, pero si escribí esto es para mostrar, con el gorila de la historia,
cómo piensan y actúan los proto-delincuentes que votaron al delincuente mayor.
Hasta otra.
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