Que nos miren raro, pero debo reconocer la perfecta sincronización de los globalistas, impulsados, en superficie, por Bill Gates, George Soros, David Rockefeller (h), Los Bildenberg y los infaltables Illuminatti, a fin de generar el genocidio que, allá por 2015, promocionaba el nombrado Gates.
Lo fue, esta manifestación pública, durante una conferencia en la que, luego de dibujar una ecuación en la que, de un lado del signo igual, estaba el factor “humano” y del otro lado, energía, polución, contaminación, gasto, entre otros ítems. La resultante de ese “desastre” que describía Gates, apuntaba a que se debía minimizar el factor determinante de tanto gasto mundial. Esto era, entonces, decrecer el factor humano en el sentido de población mundial. Llegado a ese punto, avizoró que la aplicación de “la vacuna” significaría la reducción de entre el 10 y el 15 por ciento del total de los humanos del planeta Tierra.
Por entonces, calculemos la población mundial en unos 6.500.000.000 millones de personas. El 15 por ciento de ese total sumaría 975.000.000 millones de personas. ¿En cuánto tiempo? Ahí está el secreto: no hay apuro, pero sí lograr el resultado. No estirar los tiempos, tampoco, pero sí llevar las acciones al punto de matar esos millones de habitantes de la Tierra.
Ahora, si la cuestión no era la violencia evidente. Al menos por entonces. Hoy día, con el presidente ilegal de EE.UU. y su vocación descerebrada por la violencia y los bombardeos, no tenemos noticia reciente de que esa primera visión haya cambiado de lo deslizado a lo violento, o sea, vacunas versus bombas.
En la actualidad, marzo de 2021, la quebradura es, sin duda alguna, las vacunas. La posesión de vacunas y la total falta de las mismas. En el medio, la entrega, a cuenta gotas, de algunas para determinados países. Otros, no.
Es notable el caso de Canadá, que posee 5 veces más vacunas que el total de su población. En el creado estado de Israel, también el stock de vacunas supera por varias veces lo que necesitarían para vacunar varias veces su propia población. En EEUU la figura se repite, sumándole la posibilidad de que todos los habitantes –más de 340 millones de personas- puedan vacunarse, o sea, no hay problema con vacunas. En la Unión Europea se reparten los palillos para ver quién saca el más largo y gana. No obstante, la UE está dedicada a la vacuna segura, la Sputnik V. En su creadora, el Centro Gamaleya de la Federación Rusa, tienen para los suyos y un determinado y corto exceso para la exportación. Ni hablemos de aquellos enemigos como Oriente Próximo y también, Asia, con las salvedades obvias de China, las dos Coreas, Japón.
El mecanismo surge como una carta dada vuelta sobre el paño verde: reprimir la distribución, demorarla, buscar variantes imposibles, condiciones de respaldo ignominiosas y tantas otras vueltas que pueden generar los duchos asesores en destrucción ajena.
Ello determina que no haya vacunación masiva ni mucho menos. Las dos variantes de encierro y hartazgo generan, a su vez, la rebelión personal de salir a costa de lo que sea, y como sea. Hay mayores contagios de ese Sars Cov 2 aludida como Covid 19, cuando surgió del laboratorio para la guerra bacteriológica chino. Se taparon las denuncias de científicos, más que serios y reconocidos mundialmente, respecto de que el virus no era natural, sino que había sufrido intervención humana.
Ahora, las nuevas cepas no hacen más que confirmar la generación artificial del virus para ser aplicado, finalmente, en el genocidio de ese 15 por ciento de los habitantes de la Tierra. Ojo, no todos los habitantes, no se trata de repartir al boleo sino a los grupos humanos definidos como improductivos, rebeldes, etcétera. Por supuesto, los viejos, esos que la gran estafadora Cristinne Lagarde dijese que “algo hay que hacer con los viejos” …
Como consecuencia prevista, también, la paranoia del bicho, las restricciones, cierres de negocios y paralización de la industria, ha logrado dañar, bajo la línea de flotación, a las economías más fuertes y, mejor ni pensar, las más débiles como la nuestra, de la Argentina. Esto lleva a que quienes atesoran ese engaño en billetes de color verde, estén en posibilidades de adquirir empresas, negocios, inmuebles, lo que sea, aún consciencias, aunque éstas ya se vienen vendiendo, incluso, por “café con leche”.
Cerrar fronteras, pero con eficiencia total; establecer fortaleza en gobernantes de la época, o sea, si sirven o no; y establecer las alianzas internacionales necesarias como para no perder nuestra identidad ni soberanía. Por lo tanto, esto último, afirmar, aferrar, soldar nuestra alianza con la Federación Rusa, y no ya por la Sputnik V sino con miras a la destrucción de la subversión infame del Nuevo Orden Mundial.
De lo contrario, gocemos de los últimos días en la Tierra.
Que estén bien.
Roberto Otero
No hay comentarios:
Publicar un comentario