El tema de la Justicia, es decir, de una serie de jueces y fiscales coludidos
que actúan según la manda que reciben, fue abordado por el presidente AF. No
podía quedar exento de la alusión el parcial y mafioso diario Clarín, nave
insignia de La Nación y otros medios que, directa o tangencialmente, pertenecen
a ese grupo económico que nació con la dictadura genocida de 1976.
Aquí, en ese
tramo de la entrevista en C5N, Fernández habló de “la ley” y que todo se reducía
a las leyes vigentes. Lo cual, hasta ahora, no demuestra ninguna otra
consecuencia que lo que se vive respecto del infame diario Clarín.
Dijo,
también, que no le importaban las tapas que publicase ese ariete de la derecha
dependiente, sumisa al Nuevo Orden Mundial y otras basuras que habría,
necesariamente y por supervivencia, destruir.
Recordemos que Alberto Fernández,
cuando se sumaba a la oposición a la presidenta Cristina Kirchner, opinó con
melosidad contra la Ley de Medios. Ley que, luego de haber sido debatida,
discutida, reformada, informada y convocando aportes intelectuales de unos y de
otros –siendo, a mi entender, la ley que más se trabajó desde la ciudadanía en
distintos niveles de intelectualidad-, fuera aprobada y sancionada por el
Congreso Nacional.
A partir de su sanción, se inició un tortuoso camino,
principalmente por la acusación de que la ley no era constitucional.
El tema
llegó a la Corte Suprema de Justicia y, en una audiencia para los negadores y
los aprobadores, se llegó a la conclusión legal suprema: que la ley era
constitucional en todo su articulado.
El tema que hería, casi de muerte, al
grupo económico Clarín fue que la Ley de Medios legislaba contra el monopolio,
barriendo, en su letra, a los medios de comunicación que encuadraban,
perfectamente, en los considerandos de ser “monopólico”.
Clarín, no teniendo
otro remedio, presentó un plan para deslindarse, soltar, medios que había
obtenido mediante manejos cuasi mafiosos, siendo –como sigue siéndolo,
insólitamente- manejador del Papel Prensa.
Recordemos que la dictadura genocida
de 1976 fue la que le posibilitó al capo mafioso Héctor Magnetto, encaramarse en
la mafiosa titularidad de esa empresa mixta –Estado y particulares-, quedada al
garete a partir de la muerte de su dueño real, David Graiver.
Todo lo anterior
comenzaba a solucionarlo la constitucional Ley de Medios, a la que Alberto
Fernández, integrado a la banda de la oposición –integrada, ésta, por Massa,
Cavallo y otras lindezas…- se oponía con opiniones sibilinas –según nuestro ver-
que convenían, gratamente para los beneficiados, a Clarín, Magnetto y otros
delincuentes aún vigentes.
La primera acción presidencial del otro delincuente,
Mauricio Macri, fue firmar un DNU por el cual anulaba, descartaba, vetaba, la
Ley de Medios. Es que el patinaje de Clarín, al presentar las formas por las que
trataba de encuadrarse dentro del articulado de la Ley de Medios, era de una
falsedad evidente y ya había sido rechazada por la Autoridad de Aplicación de la
citada Ley.
Por lo tanto, todo no siguió igual a partir del delincuente Macri,
sino que siguió peor y aumentando el daño, no sólo en lo atinente a los medios
de comunicación sino a la Argentina.
Luego de un año y tres meses de instalarse
en la presidencia de la Nación por la elección impuesta por Cristina –la
vicepresidenta- Fernández pareció haber recibido algún tipo de energía,
menguada, sin embargo, como para animarse a hacer declaraciones que, en verdad,
esperamos fueran dichas el mismo 10 de diciembre de 2019. A lo sumo, el 11 de
ese inicial mes. Esto dicho, sin que existiera la Plandemia, también impulsada
por los terroristas globales.
Pues, la vía muerta (aparente) fue dicha por AF al
asegurar que no está de acuerdo con la Ley de Medios y que no pensaba reponerla
en vigencia. ¿Será posible?
Que estén bien.
Roberto Otero
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