martes, 9 de marzo de 2021

EL TIBIO REFUGIO DE ALBERTO FERNÁNDEZ

El tema de la Justicia, es decir, de una serie de jueces y fiscales coludidos que actúan según la manda que reciben, fue abordado por el presidente AF. No podía quedar exento de la alusión el parcial y mafioso diario Clarín, nave insignia de La Nación y otros medios que, directa o tangencialmente, pertenecen a ese grupo económico que nació con la dictadura genocida de 1976.

Aquí, en ese tramo de la entrevista en C5N, Fernández habló de “la ley” y que todo se reducía a las leyes vigentes. Lo cual, hasta ahora, no demuestra ninguna otra consecuencia que lo que se vive respecto del infame diario Clarín.

Dijo, también, que no le importaban las tapas que publicase ese ariete de la derecha dependiente, sumisa al Nuevo Orden Mundial y otras basuras que habría, necesariamente y por supervivencia, destruir.

Recordemos que Alberto Fernández, cuando se sumaba a la oposición a la presidenta Cristina Kirchner, opinó con melosidad contra la Ley de Medios. Ley que, luego de haber sido debatida, discutida, reformada, informada y convocando aportes intelectuales de unos y de otros –siendo, a mi entender, la ley que más se trabajó desde la ciudadanía en distintos niveles de intelectualidad-, fuera aprobada y sancionada por el Congreso Nacional.

A partir de su sanción, se inició un tortuoso camino, principalmente por la acusación de que la ley no era constitucional.
El tema llegó a la Corte Suprema de Justicia y, en una audiencia para los negadores y los aprobadores, se llegó a la conclusión legal suprema: que la ley era constitucional en todo su articulado.

El tema que hería, casi de muerte, al grupo económico Clarín fue que la Ley de Medios legislaba contra el monopolio, barriendo, en su letra, a los medios de comunicación que encuadraban, perfectamente, en los considerandos de ser “monopólico”.

Clarín, no teniendo otro remedio, presentó un plan para deslindarse, soltar, medios que había obtenido mediante manejos cuasi mafiosos, siendo –como sigue siéndolo, insólitamente- manejador del Papel Prensa.

Recordemos que la dictadura genocida de 1976 fue la que le posibilitó al capo mafioso Héctor Magnetto, encaramarse en la mafiosa titularidad de esa empresa mixta –Estado y particulares-, quedada al garete a partir de la muerte de su dueño real, David Graiver.

Todo lo anterior comenzaba a solucionarlo la constitucional Ley de Medios, a la que Alberto Fernández, integrado a la banda de la oposición –integrada, ésta, por Massa, Cavallo y otras lindezas…- se oponía con opiniones sibilinas –según nuestro ver- que convenían, gratamente para los beneficiados, a Clarín, Magnetto y otros delincuentes aún vigentes.

La primera acción presidencial del otro delincuente, Mauricio Macri, fue firmar un DNU por el cual anulaba, descartaba, vetaba, la Ley de Medios. Es que el patinaje de Clarín, al presentar las formas por las que trataba de encuadrarse dentro del articulado de la Ley de Medios, era de una falsedad evidente y ya había sido rechazada por la Autoridad de Aplicación de la citada Ley.

Por lo tanto, todo no siguió igual a partir del delincuente Macri, sino que siguió peor y aumentando el daño, no sólo en lo atinente a los medios de comunicación sino a la Argentina.

Luego de un año y tres meses de instalarse en la presidencia de la Nación por la elección impuesta por Cristina –la vicepresidenta- Fernández pareció haber recibido algún tipo de energía, menguada, sin embargo, como para animarse a hacer declaraciones que, en verdad, esperamos fueran dichas el mismo 10 de diciembre de 2019. A lo sumo, el 11 de ese inicial mes. Esto dicho, sin que existiera la Plandemia, también impulsada por los terroristas globales.

Pues, la vía muerta (aparente) fue dicha por AF al asegurar que no está de acuerdo con la Ley de Medios y que no pensaba reponerla en vigencia. ¿Será posible?

Que estén bien.

Roberto Otero

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