Las huestes legislativas de Magnetto y la obsesión por la pérdida
R.O.
La Reglamentación de la Ley de Medios que firmó la Presidenta y el Jefe de Gabinete, comienza a poner las cosas en el lugar donde debieron de estar hace más de 27 años. La sanción de la ley, por 147 votos a favor, da cuenta de la contundencia de su adhesión, además del tiempo previo a su llegada al Congreso, cuando fue debatida en foros, asociaciones, ONG's, periodistas, políticos, ciudadanos todos. En realidad, nunca que recordemos, una ley fue tan debatida, modificada con aportes de distintos orígenes y reformulada para llegar a su tratamiento en las Cámaras. Un poco diferente a la ley de radiodifusión de la dictadura cívico-militar ¿verdad? Ahora ¿En qué posición se ubican los coludidos magnettófonos cuando dicen que rechazan el proyecto de ley de la Presidenta, respecto de declarar a la pasta de celulosa de interés público y de, posteriormente, distribuir libremente y a igual precio y condiciones, el papel-diario? ¿De qué libertad de prensa hablan? En realidad, lo que hacen es defender el monopolio del papel que hasta ahora -y por poco tiempo más- detentan Clarín y La Nación. Del mismo modo que defienden el monopolio del Grupo Clarín con sus más de 270 medios de prensa en todo el país. ¿Qué dice la Ley de Medios respecto de los monopolios? Obvio: que deben disolverse. Y esto es lo que a Clarín le quita el sueño -a Magnetto y su banda de bancas en realidad- porque de ese modo, al deshacerse el monopolio se le va la influencia sobre la opinión pública esclava que no tiene, hasta ahora, posibilidades de leer otros textos, de escuchar otras voces, de ver otras caras que no sean las de los medios coludidos. Pero vamos por partes...
La oposición a la Ley
De Clarín, claro, y de sus empleados -periodistas y políticos-. ¿Qué pretende Clarín? Que el plazo para "desprenderse" de su red monopólica de medios de comunicación social sea mayor al año que plantea la ley. Arguyen que no sólo es "poco tiempo" sino que les causaría un perjuicio mayor... ¿En serio?
Microsoft, la empresa de Bill Gates que fue acusada de monopólica en EEUU, hubo de desprenderse de sus múltiples bocas de ingreso en el término de un año. Y no hubo pataleo posible. Lo hicieron. Si no, les cortaban los víveres habilitantes. Ahora, si Bill Gates -que tiene algunos pesos más que todos los del grupo Clarín juntos-, pudo ¿Por qué estos cómplices de la dictadura cívico-militar no podrían? Es una falacia.
Atentan contra la libertad de prensa
Como una muletilla sin sentido -con el mismo ritmo falaz con el que Mauricio Macri recita los cada vez menos imaginativos guiones de Durán Barba para zafar de lo inzafable-, los voceros oficiales de Magnetto, Lilita Carrió, Pepe Eliaschev, Tenembaum, Leuco, la Bullrrich, la Giudici y algunos otros casi ignotos del PRO y otras agrupaciones de gomaspuma, aparecen en los medios del Grupo Clarín exaltándose con que no sólo la Ley de Medios atenta contra la libertad de expresión y de prensa sino que el hecho de repartir libremente el papel-diario en iguales condiciones de precio y financiación a todos los diarios de la República, también es un atentado a la libertad... ¿Nos toman el pelo?
Está muy claro que esa gente -y los Biolcatti y sus adherentes del antiperonismo peronismo federal al que aportan algunos otros saltadores de cercas y alambradas lisas-, sólo intentan defender los intereses del monopolio mediático porque, de ese modo -suponen- tendrán, eventualmente, tapas favorables, notas laudatorias y muchos minutos en televisión así como centimil en sus publicaciones.
No tienen en cuenta varias cuestiones que, en tiempos en que se inicia el monopolio, en 1976, cuando llevar una remera con la cara del Che era castigado con tortura y muerte, no existían. La primera de estas cuestiones es algo obvio: desde 2003 a la fecha vivimos en libertad real, tangible, ejercible. Esto los molesta sobremanera, claro. ¿Cómo es posible que cualquier negro de mierda pueda opinar igual que nosotros? pensarán mientras fuman un puro o beben un Glendifish.
La segunda cuestión es que existe Internet y se mete hasta en los celulares. No se necesita tener una conexión domiciliaria, porque también, en cientos de lugares en cualquier ciudad, hay emisión de wifi libre, gratis. Quien más quien menos, accede a los contenidos de la Red y se entera de que hay otras "voces" que describen hechos sucedidos sin ocultar elementos determinantes en cada uno de ellos. Pero, más importante aún, formulan juicios de valor sobre tales hechos observados y con aquellos, elucubran responsabilidades posibles y culpabilidades sospechadas. Como unas y otras aluden, en general, a quienes el oligopolio mediático protege, va de suyo que también Internet molesta a los destituyentes.
Al fin de cuentas, es ominoso leer, ver, escuchar a quienes, hasta no hace muchos años atrás, parecían sujetos aceptablemente normales, inteligentes y, por sobre todo, convencidos de que decían lo que sentían en tanto democracia, república, política, futuro. Hoy día, al ver, por ejemplo, a la pobre Carrió, por ejemplo, o al eyectable Pinedo o a la cinematográfica Michetti y ni qué hablar de Mauricio el hijo o el otro que apreció ahora -al que Papaleo le mandó fruta de estación y de importación para que tenga por años-, actuar, es como que esa Argentina a la que pertenecen es como una pesadilla cuyos remezones todavía llegan a nuestras orillas de la vigilia, pero con la incertidumbre de formas y rasgos que caracteriza a lo onírico: son formas amébicas, sensaciones más que visualizaciones. Y, en general, provocan un hondo y profundo asco.
Pero vamos a presenciar, con la velocidad que le imprime la ansiedad y el miedo de toda esta gente, cómo se autodestruyen en ese frontón inexpugnable que es la opinión del pueblo. No ya de la sociedad portuaria de Buenos Aires, que todavía mantienen las cacerolas para defender sus plazos fijos antes que invertir en el desarrollo de las potencialidades nacionales, sino de los otros, de la mayoría que sufrió los dislates de esa gente cuando fueron (des)gobierno, cuando nos entregaron atados de pies y manos a la usura internacional y nos llevaron al borde de la disolución (que era lo que el Consenso de Washington necesitaba).
Pero les salió el tiro por la culata. Como ahora mismo también habrá de salirles... o entrarles, depende de cómo se lo observe.
De paso, ahora que Magnetto pidió y obtuvo portación de armas, le recomendamos que le lime el guión, no sea cosa... ¿verdad?
Que la pasen bien.
Roberto Otero
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