Héctor Magnetto y el genocidio argentino 1976-1983
Sólo quien vivió en ese lugar de caza y vagancia de los reyes de León, Babia, podría dudar, en nuestro país, de la participación necesaria que tuvo el diario Clarín y sus asociados La Nación y La Razón en el ocultamiento de las desapariciones y asesinatos de la dictadura eclesiástica-civil-militar de 1976.
Roberto Otero
En la definición de lo que fue aquella destrucción del sistema republicano y democrático y económico llevado adelante por los gendarmes de las 200 familias -y agregados-, no es arbitrario que integremos a la iglesia argentina y a los civiles que participaron en diversos grados de acceso pero igual mentalidad criminal. Los civiles fueron, como siempre, el colchón donde pudieron asentar sus traseros los atildados militares elegidos por el sistema financiero para llevar adelante la invasión de la República bajo las mandas del Consenso de Washington. El real, absoluto y definitivo jefe de esa invasión genocida fue José Alfredo Martínez de Hoz quien murió en su piso de más de 700 metros cuadrados en el paradigmático edificio Kavanagh cumpliendo una irrisoria detención domiliaria aduciendo problemas de salud y su edad. Aquel aciago 24 de marzo de 1976 se inició el feroz golpe económico a la Argentina. Porque de esto se trató. No existía subversión peligrosa en aquel momento. El gobierno constitucional había iniciado una defensa de las instituciones republicanas y con un blanduzco al frente del Ejecutivo Nacional -por licencia médica de Isabel Perón-, se habían desarrollado operaciones militares en la zona caliente de aquel entonces: Tucumán. Justamente el mayor asesino de 1976, Videla, fue el militar a cargo de ese primer avance en 1975.
La Iglesia y el Papa Magnetto ILos obispos parecen hablar desde el escritorio de los poderosos o de los CEOs de algún multimedio |
No nos referimos, aquí, a los desmanes de mal crecidos que aplicaron, sucesivamente, Acdel Vilas y Antonio Bussi con la implementación de "la escuelita" (centros de tortura y muerte que tan bien conoció Joaquín Morales Solá y no como prisionero sino como vocero de los entorchados...). Sí, en cambio, a recordar que para entonces -1976- las fuerzas subversivas habían sido minorizadas al punto de la inmovilización. No era necesaria ninguna acción extra del Ejecutivo Nacional para diezmar esas fuerzas. Habían sido acotadas por el gobierno constitucional. Pero no era suficiente y el justificativo del golpe era, justamente, defender a la Argentina Occidental y Cristiana de los comunistas... Con los curas en los púlpitos adoctrinando a sus seguidores, y los integrantes de la SIDE y otras mierdas fraguando atentados terroristas, contando con la inapreciable colaboración de las tapas del diario Clarín y la oposición permanente a todo lo popular del diario La Nación, con los canales de televisión poniendo al aire a batracios reconocidos vomitando hiel en cada parrafada -como el sinuoso Bernardo Neustad que fue encargado de prensa de la Fundación Eva Perón y que luego, regando el camino de heces, negó ante los fusiladores del '55 cualquier participación... o el negro Rojas, almirante asesino, que recibió la medalla a la Lealtad... o sea, al Riachuelo-, con esa preparación ambiental la ciudadanía esclava de los pocos medios de prensa, que como ahora también mentían como les venía en gana, la adhesión al golpe estuvo casi asegurada.
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Clarín (Magnetto-Ernestina Herrera) tituló con tipografía catástrofe pero que connotaba alegría lo de "Nuevo gobierno" en alusión a los usurpadores asesinos. La Nación con Bartolito MItre -que se recibió de abogado por varios profesores que se pusieron de acuerdo y siempre que prometiera que no ejercería jamás la profesión- aplaudiendo con sus nalgas y Peralta Ramos en La Razón que hacía lo propio. No hubo ninguna posibilidad de saber nada de nada salvo, claro está, la Agencia Clandestina que impulsaba Rodolfo Walsh, un converso del '55 que pasó de la elegía a Estivaritz -marino bombardeador de aquella revolución fusiladora- a ser prensa de Montoneros y que luego se consagraría por su "Carta a la Junta MIlitar" en 1977 que le costó su propia vida. Pero no había información. La poca que podía haber era, para los receptores, tan increíble que actuaban por reacción psicológica en su rechazo. Es decir: eran tales y tan inmensas las monstruosidades que llegaban al conocimiento de muy pocos, que se descartaban por su magnitud, atribuyendo esas barbaridades a la exageración del mensaje final, como en el juego del téléfono.
En ese ambiente y justamente en 1977 -por lo de la Carta de Walsh- es que Héctor Magnetto articula, con los genocidas, el plan de copar la prensa a través de la obtención del elemento estratégico y táctico a la vez de cualquier medio de prensa gráfico: el papel.
El pacto entre los asesinos Videla y su banda y Héctor Magnetto, Mitre y Peralta Ramos -inicialmente-, fue un pacto de sangre sin duda ni excusas. Los asesinos contarían con el silencio, la tergiversación de los hechos públicos pero lejanos de Buenos Aires y otras ciudades importantes; con la invención de enfrentamientos y atentados para justificar muertes justas de los subversivos; y un largo etcétera. A cambio se quedarían con la fábrica Papel Prensa S.A. que era del sospechosamente muerto en México, David Graiver y cuya viuda, Lidia Papaleo estaba al alcance de las bandas de asesinos.
Así fue. Así la apretaron a la viuda de Graiver y a su grupo familiar en ese amplio salón en el diario La Nación. Así, también, los chuparon y llevaron a un centro clandestino, a la viuda y a su hermano, el periodista Osvaldo Papaleo. Y así, bajo la amenaza que profirió Héctor Magnetto en primera persona y propia voz a la viuda de David Graiver diciéndole que si no firmaba la venta a favor del grupo ella y su hija perderían la vida... Así fue que Héctor Magnetto se convirtió en el capo de ese grupo, al que por entonces los demás le rendían pleitesía con una gran dosis de temor por los excelentes y aceitados contactos que él mantenía con el núcleo operante de ese genocidio.
Si el cómplice de esos genocidas, como lo fue y es para la Justicia Héctor Magnetto pretende apretar a Víctor Hugo Morales porque éste, además de no tener pelos en la lengua, le ha dicho y con mayor galanura léxica algo de lo que hemos escrito aquí, el Juez de la causa debería aprovechar la oportunidad para encausar a Magnetto y retenerlo en Tribunales, abajo, en la leonera, hasta informar al juez de la otra causa -la de Papel Prensa S.A.- acerca de la novedad habida y requerir información acerca de la verosimilitud de los hechos que tanto Víctor Hugo Morales, nosotros y muchos otros relatamos en base a la declaración pública de Lidia Elba Papaleo de Graiver y, además, lo que se puede rescatar y ver tranquilamente en los archivos de hemerotecas prestigiosas como la de la Biblioteca Nacional, cuyas constancias reafirmarán en grado sumo los dichos de unos y de otros en el sentido que lo expresamos: Héctor Magnetto ha sido el cómplice necesario para encubrir los hechos vandálicos y genocidas de la banda asesina que asoló la República a partir de 24/03/1976, por lo tanto es cómplice de delitos de lesa humanidad, que son imprescriptibles y por los que debe ser juzgado con la misma precisión, justeza y dedicación con la que se juzga a los represores.
No hay excusa ni divergencias. Héctor Magnetto es un delincuente cómplice de los genocidas y debe ser juzgado, principalmente, por esta razón.
¿Que los jueces pueden hincarse ante el temor de ser escrachados por el capo del grupo Clarín? Es posible, son humanos. ¿Pueden cometer cualquier tipo de fechorías jurídicas por la razón expuesta? Es posible, con humanos y corruptos muchos de ellos. En todo caso, ya lo demostraron no pocos en este sentido. Pero ¿Se podrá ocultar la verdad tanto tiempo? No, será imposible hacerlo. Aunque Magnetto esté muerto, sus descendientes se enterarán, finalmente y con la rutilancia de la verdad rescatada, la clase de gusano infame que fue en vida.
No hay escapatoria. Así será. Claro que sería mucho mejor que los jueces tuvieran los cojones bien puestos -así como verán que hay mujeres cuyos ovarios sobran a varios pares de cojones masculinos...- se pusieran a lo suyo que es lo de "dar a cad uno lo suyo" como planteaba Ulpiano y separar a los delincuentes de los no-delincuentes. De este modo, estamos seguros de que Héctor Magnetto terminaría tocando varios pianos, aunque ahora sea electrónico el pianito de una tecla.
Nuestro total apoyo a Víctor Hugo Morales porque estamos hartos de cobardes, de medrosos, de rastreros y de gusanos que corrompen la República y al bienestar del pueblo mediante zancadillas, traiciones, subterfugios y acciones depredatorias del bien social y democrático imperante.
Roberto Otero | Agosto 2013
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