EL CIANURO DE LA VIDA
Hay que ver lo que es Mendoza capital para entender cuál fue la
lucha de aquel pueblo que devino la actual realidad de esa provincia
tan dubitativa en argentinidad. Mendoza era un desierto y el agua, un
bien más preciado que el oro. El tesón de sus gentes logró que la
capital de esa provincia sea una muestra exultante de todos los
colores de verde, arbolada y con un parque San Martín que nada tiene
que envidiarle a otros parques de la Argentina o del mundo.
Políticamente,
Mendoza fue y es una lucha entre radicales y gansos
donde el peronismo apenas puede mojar el borde del plato en esa salsa
tan sabrosa. El anterior gobernador fue el que actualmente pretende
hacerse de la comandancia de las tropas dispersas del
macridestructivismo o Cambiemos (que cambiará su nombre,
posiblemente) Alfredo Cornejo es el personaje y su sucesor y actual
gobernador, es un sobrino de éste, Rodolfo “Rody” Suárez.
El
caso es que entre radicales pero no tanto y peronistas ni me acuerdo,
firmaron un pacto para dar libre paso a la reforma de la ley 7722 que
legisla sobre la protección del agua dulce en la provincia. Esto no
fue para ahondar la protección sino para desecharla dado que a
partir de dicha “reforma” o me olvido de vos, las mineras podrán
avanzar sin otro impedimento que las mayores o menores ganas de
llevarse lo que quieran a costa de lo que sea.
En
Chubut y con la Barrick Gold sucedió lo mismo. En tiempos del
ultracorrupto Mario Das Neves y su banda de afanancios
funcionariales, se pretendía autorizar a la dicha minera a explotar
el yacimiento con un procedimiento que incluía, como componente
determinante, al cianuro. La de Mendoza, tal como la chubutense:
utiliza cianuro para la separación del oro que extraen (que, entre
paréntesis, por obra y saqueo de Macri, Mauricio, no pagan
retenciones o sea que el Estado perdió 8.000 millones de dólares de
entonces, hace menos de 3 años, y la Argentina termina pagándole
casi un 20% a la exportación del dorado mineral).
No
conocemos ningún preparado magistral que contenga cianuro y que no
sea para joderle la vida a alguien. O sea, el cianuro no sirve para
la vida y, naturalmente, es sinónimo silencioso de muerte. Fuera de
esto, que no para olvidarlo, el cianuro se cuela entre las capas y
llega al agua dulce, contaminándola definitivamente.
El actual ministro de Medio Ambiente, Juan Cabandie, expresó sobre
el particular que la decisión sobre la ley 7722 y demás atinentes
es de la órbita del gobierno mendocino. Este rapto de federalismo a
contrapelo no admite la más mínima razón favorable desde el más
humilde sentido común. O sea, si se contaminan las napas de agua
dulce con cianuro, es obvio que hay que detener la contaminación
antes que hurgar en registros leguleyos y chicanas apropiadas para no
intervenir decidida y definitivamente en un acto punible por la
Constitución Nacional, aunque Cabandié ni se enterara del tema.
No
se trata de troskos ni izquierdistas buscando prensa al divino botón
(por no decir “al pedo”) sino que es un tema grave de toda
gravedad y no sólo para los mendocinos sino para todos los
habitantes de la Argentina. Contaminar agua potable es un crimen
terrible que alcanza, en primer lugar, al responsable máximo del
área contaminada, o sea, el propio gobernador de Mendoza. Y después
seguirá con los cómplices y facilitadores tanto como con los
instigadores. En esa razzia
caen todos los verdaderamente responsables y ahí se terminó la
joda.
Pero no. Buscando que el título sea “Cabandié respeta el
federalismo”, el citado funcionario nacional se sienta lejos de la
mesa de debate, no sea cosa que ¿qué? ¿Quién podría tirarle de
las orejas si actuara como se espera que lo haga? ¿Las mineras? ¿El
presidente? ¿Ambos?
Lo de Mendoza debe cortarse ya, antes de que sea demasiado tarde y
lloremos, como siempre, sobre la leche derramada. No sé si ameritará
la intervención federal a la provincia, pero ALGO HAY QUE HACER para
evitar la segura e inexorable contaminación del agua dulce que
derivará de continuar esta bestialidad autorizante.
Roberto Otero

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