El año 2007 vio la
primera edición de una novedad que se convertiría en un lugar común
entre investigadores y curiosos: nacía WikiLeaks de la mano de
Julián Assange, un acérrimo defensor de la libertad de expresión,
de investigación y de publicación.
No vamos a referir
lo que en WikiLeak realizan con puntual prolijidad respecto de la
vida de Assange. Sí, en cambio, expresar por enésima vez que el
enemigo no es blando ni cordial sino duro e implacable y en los
mismos términos debemos responder los que queremos que la libertad
sea la medida de nuestras vidas. Como lo quiso Assange mismo.
No ha muerto
Assange, lo han asesinado, lenta e inexorablemente. Van a pagar esta
muerte también, aunque el tiempo se toma tiempos que los tiempos no
entienden.
El caso es que nos
quedamos, en el campo popular y combativo, sin uno de los adalides
del deschave a yankis, correos secretos que nos implicaron para
dañarnos y tantas otras precisiones que echaron por tierra los
discursos benevolentes que pretendieron encubrir esas operaciones
lesivas y fatales.
Levantamos nuestra V
con los dedos lo más alto que podamos jurándonos, nosotros y
nuestros descendientes, que ninguna de estas muertes, de estos
asesinatos, quedará impune.
Por Julián Assange,
PRESENTES y HLVS.
Roberto Otero
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