Los medios de comunicación en todas las
plataformas (gráfica, radial, televisiva, internet) insisten en torcer la
historia. Dicen que el virus “lo descubrieron en China”. No es así. En China detectaron el virus, pero su origen no
fue ese país sino Nueva York en Estados Unidos de Norteamérica.
¿Recuerdan cuando veíamos los prolegómenos
de la invasión a Irak por parte de EEUU, cómo bombardeaban a las audiencias con
que Sadam Hussein tenía armas químicas, terribles, mortales? Los inspectores de
las ONU no encontraron ni una aspirina vencida, pero desde los medios coludidos
se insistía con el arsenal bacteriológico del ahora construido enemigo Saddam.
El general Powel, ante la Asamblea de las
Naciones Unidas, con cara de póker detrás de su negritud (que también ayudaba),
aseguró que esas armas químicas existían; y como “prueba” mostraba unos tubitos
de vidrio con tapón sellado.
Conclusión: EEUU invadió Irak y se hizo
del petróleo iraquí así como de su posibilidad de ingreso a la OPEP para, de
este modo, manejar el precio del crudo en el mundo.
Años después de 1 millón de muertos y
destrucción por doquier, quedó evidenciado y sin resquicio para la duda, de que
no hubo, jamás, armas químicas en Irak.
Hasta que esto se expandió y desde el
momento en que los EEUU declaraban la existencia de armas químicas, quienes
negábamos tal aserto éramos vilipendiados como terroristas, falsos, infames, y
no sé qué más. Denostación que alcanzaba a nuestros medios de prensa
alternativos, demeritando la confianza que los lectores tenían en estas
supuestas “teorías conspirativas”.
El engaño de
la guerra de IRAK
Sin embargo, a pesar de todo, tuvimos
razón con otros miles de colegas y organizaciones que, desde aquel primer
momento denunciamos las mentiras de Bush hijo (entonces presidente de EEUU) y
su cohorte de angurrientos cuervos y buitres. Todo aquello fue un gran negocio,
tanto por el petróleo cuanto por la “reparación y reconstrucción” de Irak, y de
Bagdad sobre todo. Pero los muertos no resucitaron.
Tanques
por virus
Ahora nos enfrentamos al COVID-19. Su
cadena o formología fue registrada en el Registro de Patentes y Marcas de Nueva
York, EE.UU. bajo el número de registro US1013001B2
a nombre de la empresa británica Pirbright,
empresa integrante del Biotechnology and
Biological Science Research Council de Gran Bretaña.
Acotemos que dicha empresa tiene
registrados varios flagelos: 2002 – ZH; 2004 – SACS; 2005 – Gripe Aviar; 2009 –
Gripe Porcina; 2014 – Ébola; 2016 – SICA y, como se dijo, el COVI-19 actual.
Reiteramos que cada uno de estos virus
tiene su patente en la Oficina de Registro de los EEUU.
¿Casualidades?
La Fundación
Billy y Malena Gates (sí, el mismo) en cooperación con Adrián Tomas de Johnson & Johnson, organizaron, en Nueva York
el 18 de octubre de 2019, el denominado por ellos Evento 201. La organización del mismo estuvo a cargo de León Hopkings. ¿De qué se trató dicha
reunión?
Al estilo de lo que realiza el Council of Foreing Relations para la
implementación e instalación mundial del Nuevo
Orden Mundial, el Evento 201 tuvo las características de un teatro –como en la estrategia militar se
alude a la mesa de arena- en el que,
planteada una hipótesis de desastre, se establecen las distintas líneas de
acción que la sociedad podría
adoptar ante la misma.
Fueron invitados a dicho Evento 201 desde
psicólogos, psiquiatras, médicos infectólogos, bioquímicos, abogados,
periodistas, dueños de medios de televisión, y un largo etcétera que cubrió
todas las vías de comunicación de la sociedad actual.
Se planteó, entonces, la aparición de una pandemia y se trabajó sobre la
interpretación y desarrollo hipotético de las reacciones de las sociedades del
mundo, o sea, de los Estados-Nación sobrevivientes. Se redactaron noticias,
notas, artículos, entrevistas como si realmente dicha pandemia hubiera sido
declarada en la realidad tangible.
El esquema fue la aparición de un virus de alto poder y rapidez de contagio y cuáles
serían las reacciones de los distintos gobiernos ante la pandemia declarada,
calculando, a la vez, el número de muertos que dicha injuria mundial
produciría.
Si el lector encuentra alguna similitud
con la actualidad, no es responsabilidad del autor de esta nota.
Lo más sorprendente –si es que cabe
sorpresa…- es que el Evento 201 se
desarrolló el 18/10/2009, ocho semanas
antes de la denuncia del primer caso de contagio del COVID-19 (a) Coronavirus.
¿Queremos
insinuar que EE.UU. está detrás del COVID-19?
Para nosotros, lo está, claro que sí.
Empezando por la insensibilidad manifiesta y el cinismo empresarial del
presidente Trump y derramándose tal
actitud sobre los halcones que le
cuidan la espalda.
¿El motivo? Se nos hace que como los
EE.UU. está perdiendo gran terreno en el manejo del comercio mundial así como
de otras características de los Estados-Nación sobrevivientes; y dado que es
China, en fuerte alianza con la Federación de Estados Rusos, el bloque que está
desplazando al imperio yankisionista
del privilegio de ser el mandamás del mundo, no se nos hace difícil presumir lo
que aquel asno haya pensado respecto de difundir el COVID-19 en una de las
ciudades densamente pobladas de China.
Lo demás, es actualidad. Por sobre todo,
la insistencia de los medios que siempre han repicado las campanas,
obedientemente, a lo que manda el Departamento de Estado yanqui o sus
Embajadas. Saturar pantallas, títulos y medios de comunicación con el tema “coronavirus”
y atosigar a lectores y distraídos, con cifras de muertes y contagios que
acongojan en ánimo de los receptores de tales notas y disparan,
progresivamente, el miedo camino al pánico.
Al respecto de esa campaña dirigida a
atemorizar a las poblaciones, hurto de la película El Veterano, lo que una de
las amebas del servicio de inteligencia británico expresa como justificación de
ser, ellos mismos, quienes combaten al terrorismo y los autores de actos
terroristas a la vez.
Dice el fulano, de apellido Turner en la
ficción (¿ficción?): “Una población en
permanente estado de miedo, no hace preguntas. Nuestro deseo de guerra se
vuelve su deseo. Un sacrificio voluntario. Mientras el miedo es descanso, es
control, es dinero”.
No creo que llegue a ver el “deschave” del
COVID 19, pero algún memorioso recuerde esto y, al final, nos dé la razón. No
en lo personal sino a tod@s quienes afirmamos lo dicho en todo ese y éste
tiempo.
Que sigan bien.
Roberto Otero





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