martes, 1 de diciembre de 2020

SALPICÓN DE AUMENTOS, JUTIFICACIONES Y COBARDÍAS

 Energía

Programa de radio Continental. Hora aproximada: 0720. Entrevistador. Diego Shurman. Entrevistado: Darío Martínez, Secretario de Energía de la Nación. Tema: aumentos de tarifas. Síntesis.

Dice Martínez que como no se hicieron inversiones en el sector energético, entonces, habrá aumentos en tarifas de electricidad. No aclara si será –como se comenta- del sesenta por ciento. Varias veces Shurman insistió con esa especie y Martínez que no, que bueno, que la Luna y el Sol.

Pregunta propia: Si el señor Aranguren –que nunca pisó Tribunales como denunciado, inculpado, para indagatoria- fue el justificador de los insólitos aumentos de las tarifas de electricidad -3000 por ciento mínimo-; aumentos que decidieron los beneficiarios de dichos aumentos, los amigos de Macri y él mismo, obvio. A pesar de esos aumentos, no invirtieron ni un solo dólar en obras e infraestructura necesarias. El PEN ¿No dice ni hace nada en contra de los estafadores y recuperar los dineros pagados –y mal habidos por lo dicho-?

Coparticipación y el descuento a la Capital Federal

Macri aumentó, por las suyas y mediante un DNU, la coparticipación de ese engendro de la constituyente de 1994 denominado CABA. El aumento, justificó el delincuente Macri que sigue libre, sin causas penales ni nada que lo pueda molestar, sería aplicado a dotar al paso de la Policía Federal a la capital, de mejor estructura, obras, armamento, capacitación. Nada, repito, nada de esto se hizo ni aplicó. El PEN decide, por la misma forma –un DNU-, recuperar ese uno cincuenta por ciento para aplicar al AMBA. Por institucionalidad, el PEN envía al Congreso el citado DNU para que sea aprobado y convertido en Ley. La oposición, obvio, se niega con definiciones de “robo a la ciudad”.
¿Por qué esa distinta vara para medir la delincuencial actitud de Macri y su DNU y la del PEN, que establece la recuperación de esa coparticipación mal derivada y para aplicarse a la Emergencia Sanitaria?

Los clasistas desde niños.

El vergonzoso resultado del partido de rugby entre los All Blacks y Los Pumas -38 a 0- sumó un acto de hidalguía de los neo zelandeses: el homenaje a Diego Maradona, a quien le dedicaron un canto tradicional especial y, además, entregaron una camiseta negra de los All Blacks con la inscripción Maradona y el número 10. Camiseta que el capitán del equipo que resultaría vencedor, estiró, prolijamente, sobre el campo de Los Pumas. Estos, lo único que llevaban fue un brazalete, pequeño, de color negro.

El hecho de la distinta mirada de los que ganaron por aplastamiento al equipo argentino y la de estos, pegó fuerte en todo el mundo, pero, mucho más, en la Argentina. El tema es que el tal Matera –capitán de los perdedores- grabó un vídeo pidiendo perdón por ese flojísimo recordatorio de un equipo que, se suponía, representaba a “los argentinos”. Diría: me cago en tal representación que no existe.
Pero, como empujón hacia el abismo, en las redes sociales comenzó a publicarse los tuíter que escribieron algunos de los rugbiers. Entre estos, Matera y otros dos. ¿Qué decían esos tuíter? Todos son una muestra clara de la discriminación racial y social de esos mismos tipos que, insisto, se asumían como representantes de los argentinos –de vos, del otro, de mí, que no lo fueron ni lo son; menos, lo serán. Sin duda, pienso, todos los que estaban en ese vídeo después de dar vergüenza en la cancha, piensan igual, del mismo modo, de la misma forma, con el mismo odio que se filtra entre las palabras que conformaron aquellos tuiter. Quienes tengan que educar a esta manada y los demás que están en corrales todavía, deberán cortar con el entrenamiento en cancha y proceder con clases obligatorias de Derechos Humanos, Integración Social y un largo etcétera. A esas clases, también deberían concurrir los padres y educadores de los mencionados.

Sobre Maradona

Puedo pasar por copión, pero lo único que late en mi corazón ante la inmunda muerte de Diego y su presencia en mi vida, desde chico, es decirle:

GRACIAS

Que estén bien.

Roberto Otero

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