En realidad, no es que sean estúpidos sino cómplices o coludidos o, mejor, empleados, desde el infausto presidente Alberto Fernández hasta los más mínimos mentales que integran su Gabinete.
Por
supuesto que abonan a esa complicidad asesina de la Argentina, los medios de
prensa que, como obvios serviles, trabajan a la sociedad con tapas, títulos,
programas de televisión, programas de radio. A los que se suman los trolls pagos que, en las redes sociales,
siguen los lineamientos de la dependencia sumisa en la que, cada vez, estamos
más sumergidos.
Es
insultante para el pueblo argentino que, sobre el gigantesco fraude que se
verificó en las elecciones del pasado 3 de noviembre en Estados Unidos, no
digan ni una letra. Al contrario, se llenan la boca afirmando que el
delincuente mayor –aunque nos parece un mascarón
de proa- ya es el presidente de ese país, cosa que no es ni cierta ni real.
Justamente, en EE.UU. los dueños de Twiter, Facebook, Youtube y otras,
establecieron una férrea censura a
todo mensaje que mencione desde el fraude en las elecciones hasta opiniones
sobre el desastre que significaría el Nuevo Orden Mundial para toda la población del mundo.
Los directores del NOM y los actos
simultáneos y paralelos para ayudar a su implementación, son, a su vez, dueños,
inversores de nota y titulares de fundaciones,
formando un grupo homogéneo que trabaja según los postulados del CFR (Council on Foreing Relations) dirigido,
a su vez, por los Bildenberger. Este
último, fundado por David Rockefeller mantiene esa participación decisiva a
través de su hijo, también bautizado David Rockefeller. En síntesis, el NOM
trata de empobrecer a los países del mundo, destruir sus instituciones
políticas, deshacer el concepto de Estado-Nación, desdibujar las fronteras
para, así, generar zonas interesantes
para la explotación y otras. Para lograr esto, es necesario que cuenten con
la complicidad de las autoridades
nacionales de cada país.
En La
Argentina es obvio de toda obviedad la sumisión del ¿gobierno? De Mauricio
Macri y su banda disfrazados de ministros y secretarios de Estado, como así
también el ¿gobierno? De Alberto Fernández y su mísero, moralmente, gabinete.
Agregamos que muchos de los integrantes del gabinete de A. Fernández son, a la
vez, integrantes de ONG’s y fundaciones manejadas por el gran destructor:
George Soros.
Hace menos
de tres días, el Presidente de EE.UU., Donald Trump, expresó, con claridad
indiscutible, que la lucha se plantaba entre patriotas y globalistas. Exacta definición del actual estado de
cosas, no sólo en aquel país del Norte sino en el mundo.
El pútrido
gobierno de A. Fernández evidencio la sumisa complicidad de su inminente
gestión efectiva, viajando, como primer país a visitar, a la cueva del sionismo
extremista y criminal gobernado por el genocida Benjamín Netanyahu, arrodillándose,
prácticamente, ante dicho gobierno sionista que ejerce el genocidio del pueblo
palestino. Siendo, como fue Fernández, uno de los principales informantes de la
Embajada de Estados Unidos, ya no se podía esperar otra actitud de este sujeto,
vocacionalmente traidor. Pero la entrega lisa y llana, que empezara su cómplice
local Mauricio Macri, es para modificar las leyes, el Código Penal y, luego de
un jucio sumario, llevarlo –a él y a Macri- ante el paredón de fusilamiento.
Si no nos
alertamos sobre lo que pudiera venir si Donald Trump no lograse romper el cerco
del Estado profundo (deep State) en EE.UU. y, de la mano del
diablo, el delincuente gerente de Joe Biden accediera a la Presidencia de ese
país, el mundo estaría perdido por centurias.
La consigna
es informarse e informar a amigos,
conocidos, desconocidos, instituciones, a todos los que tengan agendados en sus
correos electrónicos. La información es poder, sin duda, pero si la
información llega sin distorsiones al pueblo, es preludio de una acción que nos defienda. Cada cual, desde su lugar
en la sociedad, tiene la obligación
de defender a la Argentina de este cáncer ideado por los cuervos, buitres y
serpientes.
Además, si
nos toca la lucha en las calles, no teman, se
muere una sola vez.
Que estén
bien.
Roberto
Otero
