miércoles, 30 de diciembre de 2020

Por la fuerza de la costumbre Por Carolina Vásquez Araya

No estamos programados para responder con inteligencia a los nuevos desafíos. El ser humano es un animal de costumbres. Eso afirma la cultura popular y la dinámica de nuestro entorno lo ratifica. Nunca el planeta había experimentado una amenaza sanitaria de tanto poder como para transtornar de modo rotundo la vida cotidiana de la Humanidad en pleno. El Covid19 nos da una lección que aún no estamos preparados para aceptar y mucho menos para comprender. Hoy, nuestros hábitos tan profundamente arraigados nos impulsan, una y otra vez, a desafiar la lógica y romper el cerco impuesto por esta amenaza invisible y poderosa. Las guerras y el hambre nos tienen habituados a abstraer la muerte y convertirla en cifras y estadísticas carentes de sentido. Preferimos observar la desgracia de otros desde nuestro pequeño rincón y asumir que la responsabilidad es ajena –no sabemos de quién ni cuánto- con el objetivo de no enturbiar nuestro pedazo de mundo y sufrir lo que no nos corresponde. Pero la ola nos está tocando de cerca y no solo por la fuerza de un cambio climático real y catastrófico, sino por habernos transformado en piezas independientes de un mecanismo social incapaz de funcionar como un todo. En unos pocos días, una parte del mundo celebrará otra Navidad y otro fin de año, rodeado de la amenaza sanitaria más extrema a la cual nos hayamos enfrentado jamás. Sin embargo, henos aquí planificando cómo hacerle el quite a las restricciones e ignorando los consejos y advertencias de los expertos. Las reuniones de las próximas dos semanas –queramos aceptarlo o no- tendrán consecuencias importantes en letalidad y colapso de la infraestructura hospitalaria durante los próximos meses y esta amenaza, aun cuando nos parezca una exageración, en realidad se ha manifestado como un círculo vicioso de aperturas y restricciones desde el inicio de la pandemia. Los países desarrollados ya cierran sus puertas una vez más ante el incremento sostenido de contagios y decesos. En los países en desarrollo, la vulnerabilidad institucional, política y económica ha puesto en grave riesgo a las grandes masas de ciudadanos privados de asistencia social, de alimentación, de vivienda y acceso a los servicios básicos. Ahí estamos nosotros, observando desde nuestro pequeño reducto doméstico cómo se desmorona lo poco que resta de seguridad y especulamos, sin mayor información, sobre el efecto milagroso de una vacuna que tardará meses en llegar a cubrir a toda la población y de la cual nada nos consta. El impulso de reunirse con la familia en estos días quizá lleva el ingrediente –consciente o no- de celebrar lo que podría ser una última ocasión. En el fondo, sabemos que la amenaza es real, pero la fuerza de la costumbre es mucho más poderosa y nos llevará a desafiar al destino asumiendo tanto un riesgo personal como ajeno, ya que nuestros padres, abuelos, hijos y nietos serán expuestos por un exceso de sentimentalismo en una celebración que, por creer la última, con nuestra irresponsabilidad la convertiremos precisamente en eso. Es imperativo entender el riesgo implícito en la ruptura del cerco. El único mecanismo comprobado hasta ahora para detener a un virus que se extiende como mancha de aceite, es evitar el contacto con otras personas, mantener un estricto protocolo de limpieza y desinfección, usar una mascarilla eficaz de la manera correcta y aceptar el hecho tan inquietante de que hemos perdido muchos de nuestros derechos y libertades por un fenómeno imposible de comprender en toda su magnitud. El mundo al cual estábamos acostumbrados ha cambiado y con ello también enfrentamos un escenario totalmente desconocido. Quedémonos en casa. Romper el cerco nos puede inducir a arriesgar la vida de otros. elquintopatio@gmail.com @carvasar

Europa en emergencia extrema y con toque de queda

 Mucho peor que medio año atrás

Sergio Ferrari, desde Suiza


Todas las precauciones a media tinta fracasaron. A partir de mediados de diciembre Europa comenzó a dar pasos hacia atrás similares al del primer confinamiento decretado en el primer trimestre del 2020. La tensión entre salud y economía se manifiesta hoy con más virulencia que durante la primera oleada. Y la explosión de la nueva cepa complica aún más la situación de un continente sobresaltado y cansado.

Alemania amaneció confinada el miércoles 16 de diciembre. Luego de una negociación nada simple de la canciller Angela Merkel con los 16 Estados regionales (Länder) el país vivirá como las marmotas hasta el 10 de enero.

Todos los comercios permanecen cerrados a excepción de los de alimentos, farmacias, droguerías. Las vacaciones escolares de fin de año se anticiparon y se prolongarán una semana adicional. De nuevo, quedarse en casa, repica como principal consigna estatal en medio de un aumento explosivo de infectados y muertos. Los más de 32 mil casos el 18 de diciembre ponía los pelos de punta en el país del continente que mejor había saldado la primera ola.

La “pandemia esta fuera de control”, reconoció públicamente al inicio de la semana pasada Markus Söder, dirigente de Baviera. Y por eso las fiestas serán atípicamente celebradas. Del 24 al 26 de diciembre se autorizan los encuentros de máximo cinco adultos de dos grupos habitacionales diferentes. Privilegiándolos entre familiares próximos pero que hayan reducido sus contactos sociales al menos siete días previos. Es decir, el Estado recomienda una auto- cuarentena preventiva de al menos una semana para asegurar ese modelo de Navidad íntima y con mascarillas.

Los hospitales, en particular los servicios de cuidados extensivos -como en muchos de los países europeos- están ya al límite de sus capacidades. Y para contrarrestar el parate económico en puerta, el ministro alemán de Finanzas prometió desbloquear mensualmente 11 mil millones de euros (casi 13,4 mil millones de dólares estadounidenses). Objetivo:  sostener a los sectores golpeados por las medidas, mientras se mantenga este nuevo confinamiento. El home office o teletrabajo es altamente recomendado, exceptuándose del mismo, únicamente, aquellos actores productivos y de servicios que no pueden ser reemplazados en sus actividades laborales presenciales.

La banalización de la tragedia

En la mayoría de los países de Europa occidental la segunda ola es ya mucho peor que la primera a nivel de efectos directos. Un ejemplo muy de terreno: si entre marzo y agosto el Cantón de Berna – uno de los principales de toda Suiza- había registrado un total de 99 decesos, desde agosto a la actualidad cuadriplicó esa cifra en una espiral casi indetenible. A pesar de las restricciones parciales impuestas por las autoridades cantonales hace tres semanas, como el cierre temprano de bares y restaurantes.

Berna registra al 20 de diciembre factor R -el que mide el potencial de reproducción- de 1.11. Es decir, cada infectado podría contagiar a más de una persona. Lo que casi coincide con la media nacional helvética en igual fecha (1.06). Mucho más alta que un mes atrás que era de 0.74, a nivel nacional, el 8 de noviembre.

Con tasas de ocupación en los cuidados agudos e intensivos hospitalarios de más del 80%, las autoridades sanitarias del país vienen pegando gritos en el cielo desde hace días. Muchos de los cuales parecen ser apenas susurros en oídos sordos. En particular, los de los sectores concentrados de la economía, las fuerzas políticas de extrema derecha, algunos movimientos antivacunas, y un sector minoritario, pero para nada despreciable, de la sociedad, que exige “normalización ya”.

A diferencia de la primera ola de marzo, abril y mayo de este año, en la actualidad, el discurso de la economía prevalece al de la salud, ante una cierta desesperación del mundo científico-intelectual, que alta su voz pero no siempre es suficientemente tenido en cuenta en los ritmos y la contundencia de las medidas a tomar.

En los últimos días, hecho inaudito en la historia reciente de la Confederación, los directores de los cinco más prestigiosos hospitales universitarios del país, así como los expertos de la Task Force que asesora al gobierno, lanzaron mensajes dramáticos en relación a la sobrecarga hospitalaria. Anticipando que el sistema sanitario suizo -uno de los más desarrollados del continente-, no podría sobrevivir a una nueva duplicación de casos. Buena parte de las operaciones “normales” se postergan desde semanas a causa de la prioridad COVID-19.

Otros elementos “subjetivos” condicionan la percepción de esta segunda ola prácticamente en toda Europa. La sociedad parece hoy haber banalizado el sufrimiento y la muerte pandémica a pesar que los casos ya se viven prácticamente en cada grupo familiar.

El personal sanitario, reconocido por su labor en la primera ola con los aplausos ciudadanos cotidianos, hoy pasa casi desapercibido para la sociedad. En tanto los Estados no han implementado una coherente política de reconocimiento salarial y social ni a ellos ni a la-os trabajadora-es de servicios, transporte público, logística, de la venta etc.

Los hospitales, aunque mejor equipados y con mayor experiencia ante esta enfermedad, padecen las consecuencias del desgaste físico-psicológico acumulado del personal y los efectos de los propios contagios resultado de estar en la primera línea de fuego. Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud constata que si el personal de salud constituye solo el 3% de la población mundial representa el 14% de los casos de infecciones (https://www.who.int/es/director-general/speeches/detail/who-director-general-s-opening-remarks-at-the-media-briefing-on-covid-19---14-december-2020)

Adicionalmente, importantes sectores de la sociedad pagan el precio del cansancio de un año tan complejo como irregular, tan inaudito como inimaginable, tan desafiante como exigente. Donde pandemia y la crisis económico-social van de la mano y condicionan todo el universo cotidiano. Una serie de reportajes de la TV pública suizo-francesa sobre el impacto de la situación en los sectores juveniles, denominó ya a los nacidos en el 2000 como “generación COVID”. Portadora de una cantidad de vivencias particulares en general complejas a nivel de estudio, trabajo, vida social, de comportamientos y de relacionamientos sexual y social. Marcada por la imposibilidad de desplazarse, ni siquiera en Europa misma, lo que ya representa una “necesidad básica” para un amplio sector de la juventud en estas latitudes.

Emergencia continental

Con distintas modalidades el toque de queda se han convertido en regla corriente en la mayor parte de Europa Occidental.

Francia, que flexibilizó a mediados de diciembre circulación interna entre regiones, impuso sin embargo el toque de queda a partir de las 20 horas hasta las 6 del día siguiente. Medida de restricción también establecida en la mayor parte de Suiza a partir de las 19 horas (hora máxima de cierre de bares, restaurantes y todo tipo de negocios) aunque es permitida la circulación en las calles sin límite horario.

Bélgica incorporó también el toque de queda entre 22 y 6 horas. Se autoriza durante las fiestas que cada habitante pueda ver a 1 persona exterior de su grupo familiar. Para la gente que vive sola, el número es de dos.  En los Países Bajos el confinamiento estricto decretado el 15 de diciembre durará cinco semanas. En tanto la tan particular Suecia -en cuanto a su concepción para confrontar la pandemia- desde hace dos semanas mantiene cerrado los liceos y limita los encuentros en épocas de las fiestas a 8 personas.

Noruega, con una de las tasas de contagios menos elevadas del continente, prolongó las medidas de confinamiento hasta mediados de enero. Casi en paralelo, Dinamarca, que había establecido fórmulas de control para la capital Copenhague, Aarhus y Odense el pasado 7 de diciembre, decidió ampliarlas a 31 municipios. Implica cierre de bares y restaurantes, colegios, centros deportivos y culturales.

Italia, que continúa teniendo el récord continental de muertos -69.214 desde el inicio de la pandemia al 21 de diciembre- dividió el país en zonas verde, naranja y roja. La mínima, implica restricción horaria para restaurantes y bares, así como cierre de museos, salas de espectáculos y deportivas. En zona roja, todo está cerrado, a excepción de los comercios de primera necesidad.

El toque de queda existe también en España, con diferencias de horario según las regiones. Varía, el inicio del mismo, de entre las 18 y las 22 horas. Los festejos del 24-25 y 31 de diciembre se podrán realizar con un máximo de 10 personas. Diez regiones continúan a aplicar restricciones significativas de circulación a la entrada y salida de sus territorios.

“Miles de muertos en silencio”, titulaba la edición del 15 de diciembre del cotidiano suizo Le Courrier presentando la situación helvética, pero que describe la cotidianeidad de un continente sumergido en una inmensa segunda ola pandémica. Y que ya comienza a calcular el potencial efecto de lo que podría ser la tercera, luego de las fiestas, si no se imponen medidas más rígidas en estos días.

El continente, que se *relajó* en el verano, subestimó el hecho que el virus no toma vacaciones. Pensó haber recuperado la “normalidad” y bajó la guardia en el trazado y en el autocontrol individual y colectivo.

Todo apunta a el peor invierno europeo desde después del fin de la Segunda Guerra mundial. Diciembre, enero y febrero serán meses tan largos como riesgosos. Y lleno de interrogantes, como por ejemplo en relación al potencial impacto de la nueva cepa más contagiosa aún que golpea principalmente a Gran Bretaña. De la cual se sabe poco y se especula mucho.

En este invierno el único horizonte medianamente optimista podría ser el dibujado por la vacuna, a punto de comenzarse generalizar en todo el continente.

Sin embargo, la vacuna no será a corto plazo la panacea para salir del empantanamiento sanitario continental actual. Se exigen dos dosis, con un mes de intermedio, para que comience a surtir efecto. Y el proceso de vacunación impone tiempos objetivos y tiempos subjetivos -procesos de convencimiento y aceptación - para que una parte importante de los 500 millones de europeos lleguen a inmunizarse.

La crisis pandémica, lejos de estar resuelta, transita en Europa el peor pico de la segunda ola. En medio de múltiples debates que develan las contradicciones más de fondo de su sociedad. Una principal, el de la primacía rectora de la salud o la prioridad de los intereses económicos.

Otra, no menos esencial, los plazos recortados de una vacuna cuyo impacto y efectos secundarios no pudieron ser analizados suficientemente. Hecho que confronta a la población, al mismo tiempo, al doble rol de “beneficiaria” y de “caballito de india”.

Y la tercera contradicción, tal vez la más vital, la que surge del nuevo mapa de prioridades que una sociedad dibuja en épocas de crisis. Y que se extiende a nivel mundial, con países enriquecidos que acaparan las dosis y naciones empobrecidas que podrían esperar meses, sino años, para recibirlas.

Y por el momento todo indica que el equipo del egoísta sálvese quien pueda – en este caso referido a la Europa auto centrada y con recursos- parece ganarle por goleada al equipo del planeta solidario, justo, y viable para todos.

Sergio Ferrari Journaliste RP/periodista RP Tel: (00 41) 078 859 02 44 sergioechanger@yahoo.fr

Para el Financial Times los problemas de Argentina son los 120 años de oligarquía

 

Financial Times llegó a la conclusión de que “El problema de Argentina no fueron los ´70 años de Peronismo´, sino los ´120 años de Oligarquía´”. La frase es de Alan Beattie, ex economista del Bank of England y hoy editorialista del prestigioso periódico inglés.

En su libro “Falsa Economía: una Sorprendente Historia Económica del Mundo”,  Beattie se pregunta por qué Argentina no fue EEUU y su respuesta es simple: mientras EEUU repartió la tierra en parcelas pequeñas, Argentina se la dio a unas pocas familias.

EEUU favoreció a colonos usurpadores, Argentina a terratenientes”. El resultado inmediato fue que mientras en EEUU la poca tierra obligaba a innovación para optimizar y mejorar ganancias, al latifundio argentino le alcanzaba con vacas, ovejas y alambre de púa.

“Las economías rara vez se hacen ricas solo con agricultura, Gran Bretaña había mostrado el camino: industrialización” pero las élites argentinas rechazaron la industrialización para seguir mamando de la teta de la explotación agropecuaria latifundista.

 

“ENTRE 1880 Y 1914 EL SISTEMA POLÍTICO NORTEAMERICANO SE ADECUÓ DINÁMICAMENTE A LOS CAMBIOS Y LAS DEMANDAS DE SU POBLACIÓN. EL SISTEMA ARGENTINO PERMANECIÓ OBSTINADAMENTE DOMINADO POR UNA MINORÍA AUTOCOMPLACIENTE”.

Dice Beattie que EEUU hubiese sido como Argentina si el Sur racista confederado hubiese ganado la Guerra Civil. Al final de la 1ra guerra, las exportaciones de granos y carne cayeron. Al final de los 1920s, las exportaciones ya eran 2/3 menos. EEUU ya había comenzado un proceso de recambio económico. Las elites argentinas la rechazaron.

EEUU había comenzado su recambio económico con industrialización, y al final de la 1ra Guerra invirtió ahorros propios en quedarse con industria europea (si recursos después de la guerra) y se posicionó como potencia mundial. La Argentina oligárquica desapareció del mundo.

Además de haber invertido sus primeros años de bonanza en un recambio industrial y usar esos recursos para adueñarse de la industria del mundo destruida por la guerra, EEUU ya era una economía de escala. Argentina no fue nada de eso. Lo dice un economista liberal del Financial Times, nada cerca del “populismo”, todo lo contrario.

Fuente: https://agenhoy.com.ar/para-el-financial-times-los-problemas-de-argentina-son-los-120-anos-de-oligarquia/

martes, 29 de diciembre de 2020

LA VACUNA

 

Hay varias, empezando por la de Cuba –Soberanía- y también las del CONICET. Luego, la Sputnik V –que se lee Sputnik CINCO- y las de negocios espurios como la de Pfizer, la Moderna, etcétera. En lo personal, confío en la de la Federación Rusa, así como la de Cuba.

El lavado de cerebro de muchos espectadores-oyentes que aceptan lo que dicen los voceros de Cambiemos y movilizados por el delincuente de lesa humanidad Héctor Magneto. Muchos de ellos fueron, por antecedentes confirmables por cualquiera que tenga tiempo de navegar en la Internet, gestores de subversión asesina. Tal el caso del cordobés Leucovich, alias Leuco, sionista expreso, integrante del MTP que fuera impulsado a pretender la toma de La Tablada. También está el locuaz Lanata, quien fundó Página 12 con dineros aportados por el ERP (Gorriarán Merlo) y los residuos del montonerismo apátrida, quienes jugaron a ser peronistas de Evita, mientras trabajaron, entre otros beneficiarios, para la dictadura genocida a través del proto-político Eduardo Masera, por entonces jefe de la Armada.

Esta recua aboga por la no-vacunación y apuntan contra la Sputnik Cinco, bajando líneas incomprobables, pero, como el buen chisme, pegadizas, creíbles.

Una de las mentiras que fogonea la recua aludida es la “obligatoriedad” de vacunación. La verdad es que quien se vacuna lo hace porque así lo decide, sin otra presión u obligación legal.

No hay mucho más que decir. Espero que cada cual decida en libertad su vacunación o el rechazo al pinchazo. Cada cual se hará cargo de su destino.

Que sigan bien.

Roberto Otero

sábado, 26 de diciembre de 2020

BERGOGLIO (a) FRANCISCO, EL PAPA, A LOS CATÓLICOS NOS PROVOCA ASCO Y VERGÜENZA

 Es realmente una bofetada para quienes, si bien consideramos que hay que legalizar el aborto para evitar muertes por acción clandestina a cargo de "parteras" y "endendidas", y sólo en los casos que se justifique, por razón social, ubicacional, etcétera dicha intervención, seguimos pensando que el aborto, en sí, es atroz. Resulta, por contrapelo, que el propio Papa Francisco autoriza los abortos, y no ya los aludidos arriba sino todos, como método de investigación biológica, al plantear que no hay cuestionamiento moral de ninguna índole, ante vacunas que se lograron mediante abortos, mediante fetos. Es una bestialidad. O bien, es un punto a favor de la asesina globalización de los adherentes al Nuevo Orden Mundial. Aquí publicamos la nota de Los Angeles Times. sobre el particular.

INTERNACIONAL

Vaticano permite vacuna con células de fetos abortados

Viales de la vacuna Pfizer-BioNTech son colocados en una mesa mientras los enfermeros se preparan para vacunar al personal del Centro de Cuidados Gulf Shore, el viernes 18 de diciembre de 2020 en Pinellas Park, Florida. (Martha Asencio Rhine/Tampa Bay Times vía AP)

(ASSOCIATED PRESS)

 

By ASSOCIATED PRESS

DIC. 21, 2020

7:56 AM

 

CIUDAD DEL VATICANO —  

El Vaticano declaró el lunes que es “moralmente aceptable” que los católicos reciban las vacunas contra el coronavirus, a pesar de que estuvieron basadas en investigaciones que utilizaron tejido fetal de abortos.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, la oficina de vigilancia del Vaticano para la ortodoxia doctrinal, dijo que abordó la cuestión luego de recibir varias solicitudes de “directrices” durante los últimos meses. La oficina señaló que los obispos, grupos católicos y expertos han ofrecido “diversas declaraciones en ocasiones contradictorias” sobre el tema.

Basándose en pronunciamientos del Vaticano en los últimos años sobre el desarrollo de vacunas preparadas a partir de células derivadas de fetos abortados, la oficina emitió un comunicado en el que señaló que el papa Francisco había revisado la cuestión la semana pasada y ordenó que se hiciera público.

La enseñanza de la Iglesia católica señala que el aborto es un pecado grave.

https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2020-12-21/vaticano-permite-vacuna-con-celulas-de-fetos-abortados

 



martes, 22 de diciembre de 2020

Por la fuerza de la costumbre Por Carolina Vásquez Araya

No estamos programados para responder con inteligencia a los nuevos desafíos.

 

El ser humano es un animal de costumbres. Eso afirma la cultura popular y la dinámica de nuestro entorno lo ratifica. Nunca el planeta había experimentado una amenaza sanitaria de tanto poder como para transtornar de modo rotundo la vida cotidiana de la Humanidad en pleno. El Covid19 nos da una lección que aún no estamos preparados para aceptar y mucho menos para comprender. Hoy, nuestros hábitos tan profundamente arraigados nos impulsan, una y otra vez, a desafiar la lógica y romper el cerco impuesto por esta amenaza invisible y poderosa.

Las guerras y el hambre nos tienen habituados a abstraer la muerte y convertirla en cifras y estadísticas carentes de sentido. Preferimos observar la desgracia de otros desde nuestro pequeño rincón y asumir que la responsabilidad es ajena –no sabemos de quién ni cuánto- con el objetivo de no enturbiar nuestro pedazo de mundo y sufrir lo que no nos corresponde. Pero la ola nos está tocando de cerca y no solo por la fuerza de un cambio climático real y catastrófico, sino por habernos transformado en piezas independientes de un mecanismo social incapaz de funcionar como un todo.

En unos pocos días, una parte del mundo celebrará otra Navidad y otro fin de año, rodeado de la amenaza sanitaria más extrema a la cual nos hayamos enfrentado jamás. Sin embargo, henos aquí planificando cómo hacerle el quite a las restricciones e ignorando los consejos y advertencias de los expertos. Las reuniones de las próximas dos semanas –queramos aceptarlo o no- tendrán consecuencias importantes en letalidad y colapso de la infraestructura hospitalaria durante los próximos meses y esta amenaza, aun cuando nos parezca una exageración, en realidad se ha manifestado como un círculo vicioso de aperturas y restricciones desde el inicio de la pandemia.

Los países desarrollados ya cierran sus puertas una vez más ante el incremento sostenido de contagios y decesos. En los países en desarrollo, la vulnerabilidad institucional, política y económica ha puesto en grave riesgo a las grandes masas de ciudadanos privados de asistencia social, de alimentación, de vivienda y acceso a los servicios básicos. Ahí estamos nosotros, observando desde nuestro pequeño reducto doméstico cómo se desmorona lo poco que resta de seguridad y especulamos, sin mayor información, sobre el efecto milagroso de una vacuna que tardará meses en llegar a cubrir a toda la población y de la cual nada nos consta.

El impulso de reunirse con la familia en estos días quizá lleva el ingrediente –consciente o no- de celebrar lo que podría ser una última ocasión. En el fondo, sabemos que la amenaza es real, pero la fuerza de la costumbre es mucho más poderosa y nos llevará a desafiar al destino asumiendo tanto un riesgo personal como ajeno, ya que nuestros padres, abuelos, hijos y nietos serán expuestos por un exceso de sentimentalismo en una celebración que, por creer la última, con nuestra irresponsabilidad la convertiremos precisamente en eso.

Es imperativo entender el riesgo implícito en la ruptura del cerco. El único mecanismo comprobado hasta ahora para detener a un virus que se extiende como mancha de aceite, es evitar el contacto con otras personas, mantener un estricto protocolo de limpieza y desinfección, usar una mascarilla eficaz de la manera correcta y aceptar el hecho tan inquietante de que hemos perdido muchos de nuestros derechos y libertades por un fenómeno imposible de comprender en toda su magnitud. El mundo al cual estábamos acostumbrados ha cambiado y con ello también enfrentamos un escenario totalmente desconocido. Quedémonos en casa.

 

Romper el cerco nos puede inducir a arriesgar la vida de otros.

elquintopatio@gmail.com @carvasar

miércoles, 16 de diciembre de 2020

REPITEN LO DE EINSTEIN PERO IGUAL INSISTEN EN HACER LO MISMO BUSCANDO OTROS RESULTADOS

En realidad, no es que sean estúpidos sino cómplices o coludidos o, mejor, empleados, desde el infausto presidente Alberto Fernández hasta los más mínimos mentales que integran su Gabinete.

Por supuesto que abonan a esa complicidad asesina de la Argentina, los medios de prensa que, como obvios serviles, trabajan a la sociedad con tapas, títulos, programas de televisión, programas de radio. A los que se suman los trolls pagos que, en las redes sociales, siguen los lineamientos de la dependencia sumisa en la que, cada vez, estamos más sumergidos.

Es insultante para el pueblo argentino que, sobre el gigantesco fraude que se verificó en las elecciones del pasado 3 de noviembre en Estados Unidos, no digan ni una letra. Al contrario, se llenan la boca afirmando que el delincuente mayor –aunque nos parece un mascarón de proa- ya es el presidente de ese país, cosa que no es ni cierta ni real. Justamente, en EE.UU. los dueños de Twiter, Facebook, Youtube y otras, establecieron una férrea censura a todo mensaje que mencione desde el fraude en las elecciones hasta opiniones sobre el desastre que significaría el Nuevo Orden Mundial para toda la población del mundo.

Los directores del NOM y los actos simultáneos y paralelos para ayudar a su implementación, son, a su vez, dueños, inversores de nota y titulares de fundaciones, formando un grupo homogéneo que trabaja según los postulados del CFR (Council on Foreing Relations) dirigido, a su vez, por los Bildenberger. Este último, fundado por David Rockefeller mantiene esa participación decisiva a través de su hijo, también bautizado David Rockefeller. En síntesis, el NOM trata de empobrecer a los países del mundo, destruir sus instituciones políticas, deshacer el concepto de Estado-Nación, desdibujar las fronteras para, así, generar zonas interesantes para la explotación y otras. Para lograr esto, es necesario que cuenten con la complicidad de las autoridades nacionales de cada país.

En La Argentina es obvio de toda obviedad la sumisión del ¿gobierno? De Mauricio Macri y su banda disfrazados de ministros y secretarios de Estado, como así también el ¿gobierno? De Alberto Fernández y su mísero, moralmente, gabinete. Agregamos que muchos de los integrantes del gabinete de A. Fernández son, a la vez, integrantes de ONG’s y fundaciones manejadas por el gran destructor: George Soros.

Hace menos de tres días, el Presidente de EE.UU., Donald Trump, expresó, con claridad indiscutible, que la lucha se plantaba entre patriotas y globalistas. Exacta definición del actual estado de cosas, no sólo en aquel país del Norte sino en el mundo.

El pútrido gobierno de A. Fernández evidencio la sumisa complicidad de su inminente gestión efectiva, viajando, como primer país a visitar, a la cueva del sionismo extremista y criminal gobernado por el genocida Benjamín Netanyahu, arrodillándose, prácticamente, ante dicho gobierno sionista que ejerce el genocidio del pueblo palestino. Siendo, como fue Fernández, uno de los principales informantes de la Embajada de Estados Unidos, ya no se podía esperar otra actitud de este sujeto, vocacionalmente traidor. Pero la entrega lisa y llana, que empezara su cómplice local Mauricio Macri, es para modificar las leyes, el Código Penal y, luego de un jucio sumario, llevarlo –a él y a Macri- ante el paredón de fusilamiento.

Si no nos alertamos sobre lo que pudiera venir si Donald Trump no lograse romper el cerco del Estado profundo (deep State) en EE.UU. y, de la mano del diablo, el delincuente gerente de Joe Biden accediera a la Presidencia de ese país, el mundo estaría perdido por centurias.

La consigna es informarse e informar a amigos, conocidos, desconocidos, instituciones, a todos los que tengan agendados en sus correos electrónicos. La información es poder, sin duda, pero si la información llega sin distorsiones al pueblo, es preludio de una acción que nos defienda. Cada cual, desde su lugar en la sociedad, tiene la obligación de defender a la Argentina de este cáncer ideado por los cuervos, buitres y serpientes.

Además, si nos toca la lucha en las calles, no teman, se muere una sola vez.

Que estén bien.

Roberto Otero