sábado, 5 de septiembre de 2020

LOS APROVECHADORES DE LAS DESGRACIAS

 
freepik.es

 

No es el caso, además de faltarnos información técnica en el área de sociología y psicología, como mínimo-, de intentar una mirada de la antropología social para establecer, con cierto grado de verosimilitud, aproximarnos a una definición de la conducta humana. Sin embargo, por los hechos acontecidos en nuestra historia, hemos visto, y leído también de otros tiempos –casi en todas las épocas- que siempre, sin fallar, aparecen los voraces buitres sociales que, ante la existencia de una hecatombe o guerra o epidemias, han aprovechado la ocasión para embolsar mucho dinero a costa de la necesidad y de la pavura de muchos tanto como el temor, a veces muy cierto, de infectarse y morir. De otro modo la emergencia de mercados negros no habría existido.

Hace un rato, por no decir en la actualidad del aquí y ahora, cuando la demanda de barbijos, alcohol en gel o determinados medicamentos creció gráficamente. El precio de esos insumos creció a niveles altos –en muchos casos inalcanzables- qué, a pesar de esa suba inexplicable, se continuaron comprando por ser, de un modo claro, artículos de primera necesidad. Tampoco es aceptable, en casos así, que el Estado no haya intervenido para proteger la salud de sus habitantes, como es su obligación, e incidido en detener esas subas de precios, teniendo los medios legales y también la justificación constitucional de hacerlo.

Vamos a los chantas

Alineados con los especuladores mencionados, aparecen, como brotes después de una lluvia, personajes que pretenden ir más allá de lo inmediato, transmitiendo con idónea actuación y apelando a respaldos incomprobables, e inhallables. Versiones y relatos de ficción que, ante la desesperación de los humanos bajo la presión y la amenaza de una muerte muy cercana –aunque también de probabilidad lejana-, se convierten en verdades reveladas. La esperanza generada por la ficción y la criminalidad de quienes la motivan, genera un alto grado de adhesión que se asienta en la fe por ver, aunque sea una ilusión, un puente para salir de la gran ciénaga.

Entonces, claro, salen a la palestra individuos sin otro fin que ganar mucho dinero por la molicie intelectual de la mayoría, creyentes ávidos de otras noticias y comentarios que los agobiantes noticieros de la televisión, de la radio, diarios de papel y en Internet, cuyos contenidos principales parecen haber sido diseñados para generar mucho miedo, empujar a la paranoia –si no social, sí grupal- y mantener a la población en un estado de incertidumbre y de angustia. Salvo, como placebo, si se cumplen los postulados del encierro continuado, respirar nuestro propio CO2 y todas las excreciones que la expiración arroja al aire por no ser de utilidad –todo lo contrario- al cuerpo humano.

Hablar, por ahora, sigue siendo gratis

Emitir opinión, claro está. En esa garantía se cuelan los chantas que, utilizando el tiempo potencial de algunos verbos útiles a su discurso mentiroso, van percudiendo las defensas del pensamiento lógico enancados en el miedo generado, para introducirse en las mentes como el único camino posible a la salvación.

En esto último no podemos decir algo malo o denostarlos a los chantas ya que no pocas religiones estructuradas, sino todas, apelan al mismo discurso. La diferencia entre éstas y los chantas estriba en que en el discurso religioso –cualquier religión- no se usa el potencial sino la afirmación sin posibilidad de refutación so pena de perder la calidad de creyente.

¿Dónde quedan las investigaciones serias y responsables que contradicen la verdad oficial?

Cercadas, negadas, vilipendiadas, rufianescamente atacadas por aquellos creyentes de esa dudosa verdad oficial que, con el andar, se convierte en el discurso único y obligatorio. Sí, obligatorio.

Experimentar con elementos químicos que tienen una larga historia en el cuidado del Hombre y constatar, empíricamente y con certificación de los datos –tanto buenos como malos, por supuesto-, que la ingesta de tales elementos significa una mejora rápida y eficaz para la dolencia que aqueja al paciente es, a nuestro entender, un avance en la medicina. Como se podrá ver a lo largo del tiempo pasado: ante una nosología patológica que era tratada con tales y cuales específicos, hubo quien investigó por otro rumbo y logró descubrir que la terapéutica podía mejorarse notablemente por ese otro camino y no la de la medicina oficial. Luego de los resquemores que tal nuevo camino generó en los galenos tradicionales, el procedimiento novedoso se incorpora, oficialmente, a la cura de tales y específicos enfermos. Se salvaron muchas vidas que, de otro modo, habrían terminado en una caja de madera con tapa y bajo 3 metros de profundidad en tierra santa.

La negación como política sanitaria

En este punto sólo nos resta aludir a la enajenada negación que ejercen, desde el poder político y económico sectorial, de todo cambio o alteración de la marcha emprendida. Así, organismos de fiscalización y análisis de medicamentos nuevos o de novedosas terapéuticas, niegan, mediante comunicados cuestionables desde el principio al fin, esas novedades médicas que, a pesar de los papeles y los sellos, en la vida real de los enfermos han dado resultados positivos. Esto es: salvarlos de la muerte en corto tiempo antes de que, por seguir un protocolo absolutamente cuestionable, le aplicaran aparatología que sólo aceleraría el tránsito final.

Pero ante una negativa cerrada, no queda otro camino que dudar de lo que esa negación pretende ocultarle a la sociedad. Entendemos que retacear información, censurar vídeos en Youtube o bajar artículos en Facebook, sólo nos sugiere que hay algo malo, pésimo, horrible. ¿En lo que se censura y oculta? No. Lo horrible está en el ocultamiento de lo que se decide –o decidió- y por ello, sin capacidad científica y dialéctica para contra argumentar a los científicos, médicos y terapeutas de la otra vereda, no les queda otro remedio que imponer “su” verdad como única válida y todo lo demás es cuento. Una de las formas de ejercer el poder y que Foucault tuvo muy en claro.

Cerramos esta aportación apelando al sentido crítico de los congéneres. A que no acepten cualquier cosa como “la verdad” sino que cuestionen, pregunten, investiguen, porque en esa actitud está en juego la propia vida.

Buenas noches, buena suerte.

Roberto Otero



viernes, 4 de septiembre de 2020

LA OMS Y LA ANMAT, UN SOLO CORAZÓN (MENTIROSO)

 

No creemos necesario señalar que la organización supuestamente encargada de velar por la salud mundial, ha sufrido grandes embates de la marea de la verdad. Al punto de que han dado tantas contramarchas (por denominarlas con generosidad) que su credibilidad cayó tan en picada como la fábula de la manzana e Isaac Newton.

En el mismo plano se encuentra la vernácula ANMAT, encargada a su vez de controlar (es un decir) los múltiplos específicos que lanzan infinidad de laboratorios farmacéuticos sobre nuestra población, desprevenida –en su mayoría- y dócil. Pero ¿Qué pasó? Veamos.

El comunicado prohibidor

En esa marea que aludimos, flota –y sigue haciéndolo- un producto barato, casi artesanal que, según las experiencias –reiteradas, múltiples- en tanto recuperación, en días, de infectados por el sospechoso bicho que fue ascendido al carácter de pandemia justamente por la modificación que la citada OMS hizo sobre a qué y por qué se determina que algo es pandemia. Entendamos que esa organización en la que tanto Soros como Guillermo Puentes tienen una influencia determinante. (Recordemos, como al pasar, que el actual director de la influyente organización fue empleado el tal Gillermito y, a su vez, también integrante de la fundación Open Society, la que pertenece al buitre Soros. Entendamos que dicho director no es médico ni investigador médico ni virólogo ni epidemiólogo ni nada, salvo esas dos relaciones mencionadas y que fueron las que impusieron su nombre para el cargo ya que poseen el 80 por ciento en tanto aportes. El otro 20 por ciento restante está, ahora, en posesión de China. Casualidad, ¿verdad?

Pues bien, siguiendo los pasos del fallecido juez Bonadío así como del técnico trucho que fue convocado por el anterior para que estudiara y dictaminara sobre el sobreprecio en la compra de gas, ambos dos, en su momento, utilizaron Internet para encontrar el archivo de conveniencia y, sin pudor alguno, copiaron y pegaron para firmar luego como del propio coleto. Tanto el juez como el deshonesto “perito de la acusación”.

Por fin le tocó a ANMAT

Así las cosas, la mencionada en el subtítulo entendió que lo correcto y aceptable era hacer lo mismo que los anteriores, o sea: copiar y pegar.

Esto mismo hizo la ANMAT, pegando en el comunicado que lanzó hace no más de dos o tres días y por el que “prohíbe la venta de dióxido de cloro al menudeo” o sea, “en el ámbito domiciliario”. ¿Se entiende? Pegando lo que copió de una información de 2004 de una organización norteamericana, la ANMAT “determina” que si bien el ClO2 se utiliza para desinfectar el agua –que corre por las cañerías de la capital y el conurbano- haciéndola potable. Es que el ClO2 es una substancia desinfectante fortísima que oxigena el medio en el que es incorporada matando bacterias sin piedad.

De modo que ustedes, nosotros, todos, bebemos agua potable que fue “limpiada” por el dióxido de cloro. Se entiende, ¿verdad?

La prohibición de la venta de ClO2 al público en general en el ámbito familiar, domiciliario la ANMAT lo prohíbe, aclarando que en cantidades industriales para potabilizar el agua está absolutamente permitido.

Un último detalle al respecto: Quien provee de las importantes cantidades de dióxido de cloro a las potabilizadoras de agua no es otro que el multifacético Sigman. ¿Le suena?

Sigman, dueño de una cadena de laboratorios entre los que se encuentra el que trabaja en biología humana –Bagó- es el “elegido” por la peligrosa y no probada “vacuna” de Oxford para que en la Argentina produzca la no-probada vacuna para perseguir a nuestros habitantes con la vuelta de tuerca que ajusta el Poder Ejecutivo y el Congreso con la ley de “obligatoriedad” de vacunar a niños, niñas, adultos, viejos y no sabemos si se salvarían los animales domésticos. Aclaremos, aunque ya sería redundante, que el peligroso y no-probado específico proviene de Gran Bretaña por si cupiera duda.

No consideramos que el sumiso Ejecutivo y sus saltimbanquis de los otros dos poderes, estén craneando la modificación del Código Penal de la Nación para incorporar, donde quede mejor, el artículo que sancionará “con cinco a diez años” a quienes, ejerciendo su derecho sobre su cuerpo y su dignidad personal, se nieguen a ser pinchados con ese producto de inimaginables consecuencias.

Paremos la pelota. ¿Por qué decimos de inimaginables consecuencias?

Porque la tal supuesta vacuna inglesa no fue probada, es decir, no cumplió con las etapas ya pautadas por científicos desde Koch en adelante. No hicieron pruebas veraces en animales –ratón o hurones-; tampoco verificaron las complicaciones que podrían aparecer de su incorporación al cuerpo humano; no hicieron pruebas de doble ciego; y no la probaron en humanos. Salvo, claro está, la insólita alegría que el cupo al Presidente de nuestra casi extinta Argentina, al decir que era un orgullo haber sido “elegidos” para probar la vacuna.

No crea que estamos escribiendo mentiras para que, quienes nos lean, se sulfuren (ya que hablamos de químicos). Todo lo que decimos aquí lo pueden encontrar en diversos archivos –si es que la censura de Facebook, Youtube- no los borró.

Sólo les pedimos que piensen, que no coman la tonelada de mentiras armadas como relatos trágicos que les llegan por la televisión, principalmente. Cuestionen la veracidad de las afirmaciones y busquen el otro camino –que existe sin duda-. Si está encarcelado bajo el eufemismo de cuarentena y sigue temiendo asomarse al balcón por miedo a contagiarse… Lo único que podrá pasarle es que se enfríe en los pocos días de invierno que se resisten o los muy frescos de la primavera que se acerca, ya que el bicho en cuestión no se transmite por el aire ni en las ropas ni en nada que no sea el contacto directo de su boca o su nariz con las gotitas que expelen los infectados si usted habla con alguno casi tete a tete.

Las demás medidas de “prevención” son, sin más, las que debemos realizar todo el tiempo antes de tocar alimentos o volver de la calle o realizar trabajos en los zócalos o lo que sea. Lavarse las manos es de rigor.

Bien, aquí dejamos a la espera de que les llegue sin interferencias.

Buenas noches y buena suerte.

Roberto Otero

miércoles, 2 de septiembre de 2020

BUENAS NOCHES Y BUENA SUERTE

 EL PASADO NO PERDONA

La tapa que destapó Wikileaks con la publicación de los e-mails, listas y documentación de figuras políticas locales e internacionales –especialmente de EE.UU.- infringió un daño notable en la obra viva de los allí nombrados sin posibilidad de error, casi como un torpedo bajo la línea de flotación como decimos. Entre ellos hay dos personajes de la actualidad que, años atrás, eran visitantes-informantes de la Embajada de EE.UU. en Buenos Aires. Visitantes-informantes, estos, que hoy ostentan cargos de altísimo nivel político y, por ende, institucional dentro de las reglas normadas para una república –en franca decadencia- como la que, al menos de nombre, vivimos los argentinos.

Aunque como los perros que, mojados, se sacuden rociando sus alrededores de gotas como lluvia caribeña, estos visitantes-informantes se han sacudido (un poco uno, bastante el otro) para evitarse la detección por parte de las nuevas miradas, jóvenes ellas, que hoy los enfocan.

Algunos periodistas suelen repetir lo que los políticos a los que entrevistan, de continuo, afirman con lo de “no hacer política de archivos”. Craso error, a nuestro entender. Es que por esa vía le quitan, a los políticos que temen archivos de toda índole, la posibilidad de enmendarse o de pedir público perdón por las huellas de barro que fueron dejando en su propia historia.

Nos parece qué si de fundar una nueva institucionalidad se trata, que nos abarque conviccional y prácticamente a todas y todos, lo mejor debería ser que no teman al escarnio por hechos del pasado, tal vez luctuoso o quizá negligente. Por el contrario, mantener en el rebaño a la oveja que renguea es lógico y coherente ya que, a pesar de esa defección en el andar, lana seguirá dando.

En todo grupo humano que coincida con un principal objetivo aceptado, estarán los que más y los que menos. Pero el grupo se constituirá y operará con el conjunto y sin expulsar a ninguno.

Claro que con lo de “estrategia política” o “tácticas pre-electorales” se justifica, y aún alientan, conductas deplorables que no se resuelven con un acto de contrición. Si del ridículo no se vuelve, tampoco de la conducta criminal reiterada se encuentra el camino del retorno salvo, claro está, en el orden espiritual. No se niega la espiritualidad del individuo, sino que, en una comunidad organizada, necesariamente se separan a las manzanas podridas del resto, sanas.

Yendo a casos extremos en la lista de la criminalidad, bien sabemos que un pedófilo podrá arrepentirse de lo cometido, pero lo hará cada vez. Es que la pedofilia no se cura ni desaparece a no ser que exista un método novedoso para limpiar la mente de ese y todos esos individuos. La sanción punitiva social ha de existir con la inflexibilidad acorde al daño provocado, aunque, tristemente, esa punición no posibilitará la recuperación personal, psicológica, social, familiar de las víctimas.

En otro andarivel pero compartiendo con el anterior la característica de irrecuperabilidad, encontramos a los mentirosos, falsos y, en grado superlativo, a los desleales y traidores. En tal grupo, la graduación del acto se establece en base al daño causado. Por esto último es que nos parece, de una soberana idiotez, el contratar a los notoriamente actores de tales agachadas; máxime cuando han sido públicas y repetidas. De nuevo debemos hacer una excepción que se hunde en el hediondo menjunje de la justificación por estrategia y táctica en la Política.

Tenemos, a la mano, una herramienta que sería mucho más eficaz si no fuera dominada por el poder profundo de los EE.UU., cual es Internet. No obstante es posible encontrar –y fácilmente- los archivos que no fueron borrados por los propios protagonistas ni censurados por intereses extra-nacionales. En ellos hallarán quienes dispongan de tiempo y paciencia, las huellas latentes de las aventuras de muchos que eran de tal forma y hoy, por el birlibirloque de medios de comunicación coludidos y cómplices, aparecen del otro lado del mostrador al que antes denostaban.

Suponemos, sin temor a equivocarnos, que para algunos nuevos investigadores ciertos nombres y apellidos golpearán sus neuronas con la fuerza de una trompada en la quijada. Pues sí, son los mismos estimados. Ello, la investigación doméstica, servirá para que, cuando se encuentren a sí mismos en un cuarto rodeado de boletas, colores y nombres impresos, se den tiempo para pensar cual será el voto que, definitivamente, introducirán en las urnas de cartón (casi una cruel metáfora, ésta).

Confiamos, sinceramente, en que así les suceda y, aparte, que tengan la voluntad comunitaria de comentar, relatar, enviar copias o lo que les sirva para la difusión personal, de los hechos históricos investigados sobre éste, aquél y aquel otro. Consideramos que será, esa actitud, un empuje fortísimo a la reconstitución de la Nación que integramos.

Buenas noches y buena suerte

RobertoOtero

NdR: La frase se tomó de la que utilizaba el periodista Edward R. Murrow al cierre de cada uno de sus programas por la CBS y que concitaron gran audiencia por el enfrentamiento entre él y el senador retardatario Joseph McCarthy. Esto podrá verse en la película que lleva el mismo título: “Buenas noches y buena suerte” de la Warner Independent Pictures.

 

 

martes, 1 de septiembre de 2020

VILLA DULZURA Y LA DECISIÓN

 A unos 30 kilómetros de la ciudad, en un área donde parecía ese poblado como un ramillete de colores en medio del puro campo, se erigía la villa del título, Villa Dulzura.

Habitada en su inmensa mayoría por veteranos de guerra, de varias guerras. Había entre ellos los que combatieran en Vietnam, algunos que eligieron ser mercenarios y se habían curtido en el África y, también, preponderantemente, los que lucharon en la batalla de Malvinas. Este conjunto de militares veteranos logró, a través de notas al Ministerio de Defensa y hasta el Presidente, habilitar la compra de un poderoso helicóptero que, en sus tiempos de acción, había trasladado hasta vehículos colgados de poderosos cables de acero. De modo que ese aparato superaba, en mucho, las expectativas de los veteranos. Pero rápidamente aceptaron la oferta de comprarlo en largas cuotas y sin interés ya que, sabían, la oportunidad era única.

La idea de los veteranos fue contar con ese vehículo aéreo para utilizarlo, casi excluyentemente, como traslado de habitantes de la villa a la ciudad. Un trayecto corto, como dijimos, y sobre todo rápido. Se organizaron guardias de los pilotos para que siempre, a cualquier hora del día o de la noche, hubiera quién pilotara el poderoso helicóptero en casos de emergencias médicas, principalmente. Aunque la salud de los habitantes era, sin exageraciones, excelente.

La vida en la villa se deslizaba confortablemente en la sucesión de los meses y, a pesar de la bulla que hacían las aspas del “Monstruo Aéreo”, como lo nombraban los habitantes, nada más podía alterar el amable silencio “de campo” que rodeaba esa población.

Así, entonces, la villa progresaba porque todos sus habitantes, desde sus ingresos mensuales, aportaban al sostenimiento del conjunto. No era un impuesto; era voluntario y allí, la buena voluntad era como el ritmo de la conducta social de todos.g

Sucedió que la casa de uno de ellos tuvo problemas de filtración de agua proveniente del techo. Puestos y dispuestos, aquellos que tenían conocimientos profesionales o eran aptos para la reparación, se ofrecieron a solucionar el problema. Fueron dos los elegidos para la tarea y con rapidez, llevaron sus herramientas y elementos para llevar a cabo la tarea. El helicóptero cumplió, en la oportunidad, la tarea de traer de la ciudad los insumos necesarios para cumplir con el trabajo.

Alegres y dispuestos, los dos hombres llevaron sus herramientas a la terraza de la casa que, aclaremos, era de dos plantas bien altas, aireadas, cómodas.

Pero, como a veces sucede, la fatalidad hizo su aparición.

La señora de la casa, esmerándose en la preparación del almuerzo, sufrió un accidente: el aceite caliente se volcó sobre la llama de la hornalla y, de inmediato, una larga y fuerte lengua de fuero buscó subir hacia el cielorraso. En el camino lamió la estantería y ésta, respondiendo a ese llamado, también comenzó a proporcionar sus propias llamas.

Desesperada y sola en la casa ya que su marido y su hijo mayor estaban, desde temprano, en sus trabajos en la ciudad, salió a la calle gritando a voz en cuello: “¡Incendio! ¡Incendio!”.  Una vecina la oyó y se comunicó con otras y en minutos el pueblo de la villa estaba rodeando la casa, portando inútiles baldes y mangueras de riego de estrecha mena. En la villa, todavía, no existía un cuerpo de bomberos y estos debían trasladarse desde la ciudad, recorriendo los 30 kilómetros como saetas.

Mientras tanto, los dos hombres, en la terraza en reparación, quedaron aislados sin posibilidad de bajar desde tan alto lugar.

Llamaron a los bomberos citadinos y contestaron que “¡Ya salimos para allá!”.  Mientras, uno de los pilotos del helicóptero pensó que sería muy rápido volar sobre la terraza y subir a los dos hombres, prisioneros de las llamas de abajo, y sacarlos de una situación eminentemente grave y posiblemente, fatal.

Puestos en acción, los dos pilotos de guardia urgieron la preparación del aparato para utilizarlo en el rescate. Sin embargo, el “representante” –así denominaban a quien ejercía el cargo de “alcalde”- expresó que, para evitar problemas, se esperara la llegada de los bomberos de la ciudad que, según respondieran al llamado, se encontraban rodando hacia la villa.

Se les plateó, a los pilotos y a los veteranos que se acercaron al helipuerto para colaborar, la disyuntiva: o hacemos lo que nos ordena el Representante o vamos por las nuestras y santas pascuas. Seguros estaban del exitoso resultado del rescate. Volvieron a comunicarse con el funcionario y éste, ya en el límite del control de sus nervios, casi vociferó que era legal y correcto esperar a los especialistas, los bomberos, antes que arriesgarse a un final trágico, como, dijo, también podría suceder.

Así fueron pasando los minutos y también los arriesgados vecinos que se aproximaban a las llamas –cada vez más voraces- arrojando cubos llenos de agua, aún de barro.

Pasaron más minutos y los hombres, en la terraza, hacían señas y gritaban por ayuda urgente porque la terraza comenzaba a ser como una plancha cada vez más caliente por las llamas que comían el cielorraso de la segunda planta.

Llegaron, al fin, los bomberos y con rápida práctica, aseguraron el camión con esas bases que le otorgan mayor superficie de apoyo y equilibrio; maniobraron con la escalera extensible; mientras otros echaban fuertes chorros de dióxido de carbono sobre las llamas de la planta baja. Por su lado, los pilotos, informados por sus colegas veteranos de la situación, angustiante a esas alturas, decidieron despegar con otros veteranos a bordo preparando las lingas por las que podrían subir a los aislados en el techo de la casa en llamas. Se aproximaron a la gran fogata en la que el fuego había convertido a la casa y observaron la multitud de vecinos que rodeaba el lugar, los dos camiones de Bomberos y las maniobras de estos para lograr que la escalera pudiera apoyarse en la alta cornisa. Pero las llamas que salían por las ventanas, también barrían el extremo de la escalera haciendo imposible que un humano pudiese, con éxito, sortearlas.

Los pilotos ubicaron la su nave en la perpendicular del incendio y procedieron a bajar el grueso cable de acero con los dos arneses pendiendo de su extremo. No era maniobra fácil por la ventolina que producían las poderosas aspas, pero la larga experiencia en acciones de combate y bajo el ataque enemigo, parecía hacer de la situación una tarea sencilla.

Los bomberos, mientras tanto, volvían a encastrar las bases del camión y con extremo cuidado, lo trasladaron hacia otra posición en el perímetro de las llamas.

La linga bajaba, balanceada apenas por la suave brisa de esa mañana, y se acercaba a los cuatro brazos extendidos de los dos hombres que expresaban, en el silencio horrorizado de sus rostros, la cercana posibilidad de salvarse a pesar de que la muerte esperaba, cómodamente sentada y mirándolos, en el otro extremo del peligroso techo.

En un momento, como si un poderoso rayo hubiera caído sobre el incendio, aterrando a todos por el premonitorio ruido que se produjo, más cerca de una explosión, la casa –o lo que se suponía había sido- se desplomó con la fuerza del peso de su estructura. Los dos hombres, prisioneros en el último día de sus vidas, desaparecieron entre el humo, las llamas, el estruendo y los gritos de todos.

Valientes y arriesgados, varios bomberos pretendieron caminar sobre los escombros llameantes, para rescatar a los dos hombres, pero nada se pudo hacer en tales condiciones.

El silencio, luego de esa explosión de maderas, hierros, yeso y recuerdos perdidos, fue soberano en la multitud. Ni bomberos ni aún los pilotos y los tripulantes del helicóptero podían hablar algo distinto a los insultos que expresaban sin solución de continuidad; Indignados, agobiados por el triste desenlace de una situación de emergencia que podría haberse solucionado mucho antes y con éxito seguro.

No viene a cuento relatar el pesar de la comunidad ni las exequias de los dos hombres cuyos nombres, desde ese entonces, fueron grabados en una placa de bronce que se colocó en el hall de entrada de la Representación.

Baste decir que el Representante, que ocupaba ese sillón de responsabilidad comunitaria, fue destituido y luego, juzgado por “abandono de persona agravado” si no, de asesino liso y llano. Por su inopia, cobardía y sumisión, había dejado morir a dos hombres de la sociedad y, por ello, fue expulsado, incluso, de la villa. Expulsión que sirvió a la Justicia para encarcelarlo sin opción a ninguna ventaja legal para evadirse de la pena.

Razonaron, los señores jueces que condenaron al susodicho pusilánime, que teniendo, ese Representante, la opción cierta y valedera –por los antecedentes en los campos de combate que fueron exitosos- de haber decidido el rescate utilizando el poderoso helicóptero, ya dispuesto y listo para la maniobra, optó, por ineptitud en el cargo, prohibir lo propuesto por los veteranos; esa demora sin justificación, más que la falta de criterio a aplicar y que podría bien calificarse de cobardía, resultó en la terrible muerte de los dos vecinos. La sentencia fue demoledora.

No pretendemos extendernos más allá de la precisa calificación que realizó la Justicia para condenar a ese Representante de Villa Dulzura. De todos modos, nos parece, que esta alegoría semeja, y mucho, la actual situación por la que atravesamos y, concluyo en que es correcta la decisión de la Justicia para encarcelar y sentenciar con máxima dureza legal, al infame representante de esa villa, que prohibió la posibilidad de vida y se expresó, encubiertamente, por la muerte.

Nota final: Si alguien, algunos, muchos, pudieran sentirse identificados con lo actuado por el Representante y las consecuencias fatales que produjo, será obra de la casualidad o, tal vez, de la frondosa imaginación interpretativa de cada persona que haya tenido la paciencia de leer el presente texto. Gracias.

Roberto Otero