EL PASADO NO PERDONA
La tapa
que destapó Wikileaks con la publicación de los e-mails, listas y documentación
de figuras políticas locales e internacionales –especialmente de EE.UU.-
infringió un daño notable en la obra viva
de los allí nombrados sin posibilidad de error, casi como un torpedo bajo la línea
de flotación como decimos. Entre ellos hay dos personajes de la actualidad que,
años atrás, eran visitantes-informantes de la Embajada de EE.UU. en Buenos
Aires. Visitantes-informantes, estos, que hoy ostentan cargos de altísimo nivel
político y, por ende, institucional dentro de las reglas normadas para una república
–en franca decadencia- como la que, al menos de nombre, vivimos los argentinos.
Aunque
como los perros que, mojados, se sacuden rociando sus alrededores de gotas como
lluvia caribeña, estos visitantes-informantes se han sacudido (un poco uno,
bastante el otro) para evitarse la detección por parte de las nuevas miradas,
jóvenes ellas, que hoy los enfocan.
Algunos
periodistas suelen repetir lo que los políticos a los que entrevistan, de
continuo, afirman con lo de “no hacer política de archivos”. Craso error, a
nuestro entender. Es que por esa vía le quitan, a los políticos que temen
archivos de toda índole, la posibilidad de enmendarse o de pedir público perdón
por las huellas de barro que fueron dejando en su propia historia.
Nos
parece qué si de fundar una nueva institucionalidad se trata, que nos abarque
conviccional y prácticamente a todas y todos, lo mejor debería ser que no teman
al escarnio por hechos del pasado, tal vez luctuoso o quizá negligente. Por el
contrario, mantener en el rebaño a la oveja que renguea es lógico y coherente
ya que, a pesar de esa defección en el andar, lana seguirá dando.
En todo
grupo humano que coincida con un principal objetivo aceptado, estarán los que
más y los que menos. Pero el grupo se constituirá y operará con el conjunto y
sin expulsar a ninguno.
Claro
que con lo de “estrategia política” o “tácticas pre-electorales” se justifica,
y aún alientan, conductas deplorables que no se resuelven con un acto de contrición.
Si del ridículo no se vuelve, tampoco de la conducta criminal reiterada se
encuentra el camino del retorno salvo, claro está, en el orden espiritual. No
se niega la espiritualidad del individuo, sino que, en una comunidad
organizada, necesariamente se separan a las manzanas podridas del resto, sanas.
Yendo a
casos extremos en la lista de la criminalidad, bien sabemos que un pedófilo
podrá arrepentirse de lo cometido, pero lo hará cada vez. Es que la pedofilia
no se cura ni desaparece a no ser que exista un método novedoso para limpiar la
mente de ese y todos esos individuos. La sanción punitiva social ha de existir
con la inflexibilidad acorde al daño provocado, aunque, tristemente, esa punición
no posibilitará la recuperación personal, psicológica, social, familiar de las
víctimas.
En otro
andarivel pero compartiendo con el anterior la característica de
irrecuperabilidad, encontramos a los mentirosos, falsos y, en grado
superlativo, a los desleales y traidores. En tal grupo, la graduación del acto
se establece en base al daño causado. Por esto último es que nos parece, de una
soberana idiotez, el contratar a los notoriamente actores de tales agachadas;
máxime cuando han sido públicas y repetidas. De nuevo debemos hacer una
excepción que se hunde en el hediondo menjunje de la justificación por estrategia
y táctica en la Política.
Tenemos,
a la mano, una herramienta que sería mucho más eficaz si no fuera dominada por
el poder profundo de los EE.UU., cual
es Internet. No obstante es posible encontrar –y fácilmente- los archivos que
no fueron borrados por los propios protagonistas ni censurados por intereses
extra-nacionales. En ellos hallarán quienes dispongan de tiempo y paciencia,
las huellas latentes de las aventuras
de muchos que eran de tal forma y hoy, por el birlibirloque de medios de
comunicación coludidos y cómplices, aparecen del otro lado del mostrador al que
antes denostaban.
Suponemos,
sin temor a equivocarnos, que para algunos nuevos investigadores ciertos
nombres y apellidos golpearán sus neuronas con la fuerza de una trompada en la
quijada. Pues sí, son los mismos estimados. Ello, la investigación doméstica,
servirá para que, cuando se encuentren a sí mismos en un cuarto rodeado de
boletas, colores y nombres impresos, se den tiempo para pensar cual será el
voto que, definitivamente, introducirán en las urnas de cartón (casi una cruel
metáfora, ésta).
Confiamos,
sinceramente, en que así les suceda y, aparte, que tengan la voluntad
comunitaria de comentar, relatar, enviar copias o lo que les sirva para la difusión
personal, de los hechos históricos investigados sobre éste, aquél y aquel otro.
Consideramos que será, esa actitud, un empuje fortísimo a la reconstitución de
la Nación que integramos.
Buenas noches
y buena suerte
RobertoOtero
NdR:
La frase se tomó de la que utilizaba el periodista Edward R. Murrow al
cierre de cada uno de sus programas por la CBS y que concitaron gran audiencia
por el enfrentamiento entre él y el senador retardatario Joseph McCarthy. Esto
podrá verse en la película que lleva el mismo título: “Buenas noches y buena
suerte” de la Warner Independent Pictures.
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