viernes, 4 de septiembre de 2020

LA OMS Y LA ANMAT, UN SOLO CORAZÓN (MENTIROSO)

 

No creemos necesario señalar que la organización supuestamente encargada de velar por la salud mundial, ha sufrido grandes embates de la marea de la verdad. Al punto de que han dado tantas contramarchas (por denominarlas con generosidad) que su credibilidad cayó tan en picada como la fábula de la manzana e Isaac Newton.

En el mismo plano se encuentra la vernácula ANMAT, encargada a su vez de controlar (es un decir) los múltiplos específicos que lanzan infinidad de laboratorios farmacéuticos sobre nuestra población, desprevenida –en su mayoría- y dócil. Pero ¿Qué pasó? Veamos.

El comunicado prohibidor

En esa marea que aludimos, flota –y sigue haciéndolo- un producto barato, casi artesanal que, según las experiencias –reiteradas, múltiples- en tanto recuperación, en días, de infectados por el sospechoso bicho que fue ascendido al carácter de pandemia justamente por la modificación que la citada OMS hizo sobre a qué y por qué se determina que algo es pandemia. Entendamos que esa organización en la que tanto Soros como Guillermo Puentes tienen una influencia determinante. (Recordemos, como al pasar, que el actual director de la influyente organización fue empleado el tal Gillermito y, a su vez, también integrante de la fundación Open Society, la que pertenece al buitre Soros. Entendamos que dicho director no es médico ni investigador médico ni virólogo ni epidemiólogo ni nada, salvo esas dos relaciones mencionadas y que fueron las que impusieron su nombre para el cargo ya que poseen el 80 por ciento en tanto aportes. El otro 20 por ciento restante está, ahora, en posesión de China. Casualidad, ¿verdad?

Pues bien, siguiendo los pasos del fallecido juez Bonadío así como del técnico trucho que fue convocado por el anterior para que estudiara y dictaminara sobre el sobreprecio en la compra de gas, ambos dos, en su momento, utilizaron Internet para encontrar el archivo de conveniencia y, sin pudor alguno, copiaron y pegaron para firmar luego como del propio coleto. Tanto el juez como el deshonesto “perito de la acusación”.

Por fin le tocó a ANMAT

Así las cosas, la mencionada en el subtítulo entendió que lo correcto y aceptable era hacer lo mismo que los anteriores, o sea: copiar y pegar.

Esto mismo hizo la ANMAT, pegando en el comunicado que lanzó hace no más de dos o tres días y por el que “prohíbe la venta de dióxido de cloro al menudeo” o sea, “en el ámbito domiciliario”. ¿Se entiende? Pegando lo que copió de una información de 2004 de una organización norteamericana, la ANMAT “determina” que si bien el ClO2 se utiliza para desinfectar el agua –que corre por las cañerías de la capital y el conurbano- haciéndola potable. Es que el ClO2 es una substancia desinfectante fortísima que oxigena el medio en el que es incorporada matando bacterias sin piedad.

De modo que ustedes, nosotros, todos, bebemos agua potable que fue “limpiada” por el dióxido de cloro. Se entiende, ¿verdad?

La prohibición de la venta de ClO2 al público en general en el ámbito familiar, domiciliario la ANMAT lo prohíbe, aclarando que en cantidades industriales para potabilizar el agua está absolutamente permitido.

Un último detalle al respecto: Quien provee de las importantes cantidades de dióxido de cloro a las potabilizadoras de agua no es otro que el multifacético Sigman. ¿Le suena?

Sigman, dueño de una cadena de laboratorios entre los que se encuentra el que trabaja en biología humana –Bagó- es el “elegido” por la peligrosa y no probada “vacuna” de Oxford para que en la Argentina produzca la no-probada vacuna para perseguir a nuestros habitantes con la vuelta de tuerca que ajusta el Poder Ejecutivo y el Congreso con la ley de “obligatoriedad” de vacunar a niños, niñas, adultos, viejos y no sabemos si se salvarían los animales domésticos. Aclaremos, aunque ya sería redundante, que el peligroso y no-probado específico proviene de Gran Bretaña por si cupiera duda.

No consideramos que el sumiso Ejecutivo y sus saltimbanquis de los otros dos poderes, estén craneando la modificación del Código Penal de la Nación para incorporar, donde quede mejor, el artículo que sancionará “con cinco a diez años” a quienes, ejerciendo su derecho sobre su cuerpo y su dignidad personal, se nieguen a ser pinchados con ese producto de inimaginables consecuencias.

Paremos la pelota. ¿Por qué decimos de inimaginables consecuencias?

Porque la tal supuesta vacuna inglesa no fue probada, es decir, no cumplió con las etapas ya pautadas por científicos desde Koch en adelante. No hicieron pruebas veraces en animales –ratón o hurones-; tampoco verificaron las complicaciones que podrían aparecer de su incorporación al cuerpo humano; no hicieron pruebas de doble ciego; y no la probaron en humanos. Salvo, claro está, la insólita alegría que el cupo al Presidente de nuestra casi extinta Argentina, al decir que era un orgullo haber sido “elegidos” para probar la vacuna.

No crea que estamos escribiendo mentiras para que, quienes nos lean, se sulfuren (ya que hablamos de químicos). Todo lo que decimos aquí lo pueden encontrar en diversos archivos –si es que la censura de Facebook, Youtube- no los borró.

Sólo les pedimos que piensen, que no coman la tonelada de mentiras armadas como relatos trágicos que les llegan por la televisión, principalmente. Cuestionen la veracidad de las afirmaciones y busquen el otro camino –que existe sin duda-. Si está encarcelado bajo el eufemismo de cuarentena y sigue temiendo asomarse al balcón por miedo a contagiarse… Lo único que podrá pasarle es que se enfríe en los pocos días de invierno que se resisten o los muy frescos de la primavera que se acerca, ya que el bicho en cuestión no se transmite por el aire ni en las ropas ni en nada que no sea el contacto directo de su boca o su nariz con las gotitas que expelen los infectados si usted habla con alguno casi tete a tete.

Las demás medidas de “prevención” son, sin más, las que debemos realizar todo el tiempo antes de tocar alimentos o volver de la calle o realizar trabajos en los zócalos o lo que sea. Lavarse las manos es de rigor.

Bien, aquí dejamos a la espera de que les llegue sin interferencias.

Buenas noches y buena suerte.

Roberto Otero

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