martes, 24 de marzo de 2020

EL FAMOSO PENTOTAL Y LA INFORMACIÓN SOBRE DESTINO FINAL



Secuestrar a una persona es un delito federal Encubrir al secuestrador es el mismo delito, con la misma pena.  Si se produce, a partir del secuestro dado, un daño permanente en otras personas allegadas a la víctima, se supone que ha de agregarse más pena a la sentencia por dicha acción colateral. En suma, secuestrar es un delito importante y el Estado Nacional debe realizar cuantos actos sean necesarios para esclarecer el hecho así como sancionar a los responsables directos, indirectos, autores intelectuales y toda la gama de complicidades que haya ocupado el acto antisocial para ser perpetrado.

Saltando de visión, observamos que en el tan mentado Israel, desde hace más de 30 años, se autorizó a la tortura cómo método de interrogación. La justificación fue que se encontraban en situación de guerra y ellos, Israel, era la víctima de ese infortunio. Sin ahondar en las mentiras válidas ni las cobardías hincadas, apoyándonos en la admiración que parece invadir al Presidente y a su equipo respecto del citado país -- el que fuera montado en territorio ajeno—y dado que aún no ha quedado claro qué sucedió con muchos, muchísimos de los secuestros habidos en nuestra esquilmada patria por parte de disfrazados de militares, que en lugar de defender al pueblo de la agresión exterior se convirtieron en banda de invasores que persiguió y mató a mansalva bajo las órdenes de un representante de la banca internacional (que fue su verdadero jefe), proponemos que se escriba la página final por vía de los juicios a los represores genocidas todavía vivos.

La propuesta es que a cada uno de ellos, sin distinción del lugar, repartición o función que pudo caberles durante el asalto al poder Constitucional, se les apliquen los centímetros cúbicos que determinen los médicos para que, luego y alegres como mariposas en primavera, comiencen a relatar todo lo que saben, todo lo que hicieron, todo lo que les mandaron hacer, y todo lo relacionado con sus respectivos pasos por la maltrecha institución armada de aquella época.

Así, entonces, se logrará saber dónde están los cuerpos de los desaparecidos que fueran asesinados por esa manga de infames hipócritas genocidas, y se pondrá realmente final a la angustia permanente de abuelas, madres e hijos de aquellos infortunados jóvenes que fueran muertos, bajo las condiciones más abyectas, por esa gentuza con poderes omnímodos sobre la vida y la muerte de los habitantes de esta fenecida república.

Para los viejos no significará otra cosa que un viaje por el país de las maravillas y para los que no fueron inyectados, constituirá la obtención de esa información que cada preso guarda con la malicia y la hijoputez propia del ser represor.

Empecemos el nuevo mundo que nos espera después del COVID-19, sin tanta lacra de arrastre.

Roberto Otero

sábado, 21 de marzo de 2020

AMADEO


Amadeo Carrizo en una de sus atajadas, en la ocasión, frente a Independiente.
La foto tiene copyright de Página 12 en su edición de hoy, 21/03/2020



Uno juega con la ilusión de que aquellas personas que conoció –y que amó—desde su niñez, gozan de una inmunidad a prueba de todo y siguen tan vivas como se las recuerda en ocasiones de pasear, con no poca nostalgia, por ese pasado que si no fue de rosas bien se le atribuyen en el momento de rescatarlo.


Amadeo Carrizo fue el eje importante de esa novedad inmensa cual fue la ida al estadio Monumental de River Plate, con platea propia al lado de la de papá, a cubierto de las inclemencias del clima bajo ese techo extraño y escalerado que era, en realidad, el piso de la popular de ese sector de la cancha. Creo que era el sector San Martín, a la izquierda del hueco circular que le faltaba al anillo del estadio y que por tal se lo había bautizado “la herradura”.

No recuerdo contra cuál equipo jugaban los de la banda, pero lo que quedó patentizado en mi memoria fue la figura de ese grandote, de camiseta larga de amarillo desteñido y guantes, que impedía que la pelota entrara en el arco que defendía. Atajadas increíbles por los saltos, estiramientos, y aún por el invisible imán con el que detenía disparos a quemarropa con una sola mano estirada hacia el ángulo de las ánimas de su arco.

Amadeo atajaba pelotazos desde todos los ángulos posibles y no sólo con sus manos. Usaba su pecho, las piernas, los pies; salía a detener al delantero rival como un defensor más y hasta se dio el gusto de gambetear a un ídolo boquense como Borello, en un partido con el eterno rival de la azul y oro.

Su bonhomía trascendía el deporte para el que se preparaba y entrenaba con dedicación estricta, e impregnaba los actos de su vida pública y, a ramalazos, de la privada. Un buen hombre, un gran tipo fue Amadeo y esto hacía que su figura, como el casi imbatible arquero de River, se agigantara en el afecto de los hinchas. Porque como bien dice Daniel Guiñazu en Página 12, no tenía admiradores sino hinchas. Me parecía normal por entonces pero luego, pateando baldosas como almanaques, me di cuenta de que no eran sino los grandes aquellos que gozaban del privilegio de sentir el sincero afecto de los hinchas. No ya sólo de un club sino de él mismo. Amadeo fue el indubitable líder en ese determinante aspecto.

No soy quién para escribir algo más sobre ese inigualable y querible personaje que fue Amadeo Carrizo, responsable de tantas alegrías de quienes seguíamos al “glorioso River Plate”, como creo que dice la marcha del club. Estos párrafos son, más bien, como un más que humilde homenaje a un deportista cabal, un maestro de maestros y a nuestro querido y siempre bien recordado arquero: ¡Gracias Amadeo!

Roberto Otero

lunes, 16 de marzo de 2020

EL VALOR DE LA PALABRA, EL COVID 19, BILL GATES Y OTROS. EL MIEDO COMO PALANCA


Los medios de comunicación en todas las plataformas (gráfica, radial, televisiva, internet) insisten en torcer la historia. Dicen que el virus “lo descubrieron en China”. No es así. En China detectaron el virus, pero su origen no fue ese país sino Nueva York en Estados Unidos de Norteamérica.


¿Recuerdan cuando veíamos los prolegómenos de la invasión a Irak por parte de EEUU, cómo bombardeaban a las audiencias con que Sadam Hussein tenía armas químicas, terribles, mortales? Los inspectores de las ONU no encontraron ni una aspirina vencida, pero desde los medios coludidos se insistía con el arsenal bacteriológico del ahora construido enemigo Saddam.



El general Powel, ante la Asamblea de las Naciones Unidas, con cara de póker detrás de su negritud (que también ayudaba), aseguró que esas armas químicas existían; y como “prueba” mostraba unos tubitos de vidrio con tapón sellado.

Conclusión: EEUU invadió Irak y se hizo del petróleo iraquí así como de su posibilidad de ingreso a la OPEP para, de este modo, manejar el precio del crudo en el mundo.

Años después de 1 millón de muertos y destrucción por doquier, quedó evidenciado y sin resquicio para la duda, de que no hubo, jamás, armas químicas en Irak.

Hasta que esto se expandió y desde el momento en que los EEUU declaraban la existencia de armas químicas, quienes negábamos tal aserto éramos vilipendiados como terroristas, falsos, infames, y no sé qué más. Denostación que alcanzaba a nuestros medios de prensa alternativos, demeritando la confianza que los lectores tenían en estas supuestas “teorías conspirativas”.

El engaño de la guerra de IRAK

Sin embargo, a pesar de todo, tuvimos razón con otros miles de colegas y organizaciones que, desde aquel primer momento denunciamos las mentiras de Bush hijo (entonces presidente de EEUU) y su cohorte de angurrientos cuervos y buitres. Todo aquello fue un gran negocio, tanto por el petróleo cuanto por la “reparación y reconstrucción” de Irak, y de Bagdad sobre todo. Pero los muertos no resucitaron.

Tanques por virus

Ahora nos enfrentamos al COVID-19. Su cadena o formología fue registrada en el Registro de Patentes y Marcas de Nueva York, EE.UU. bajo el número de registro US1013001B2 a nombre de la empresa británica Pirbright, empresa integrante del Biotechnology and Biological Science Research Council de Gran Bretaña.

Acotemos que dicha empresa tiene registrados varios flagelos: 2002 – ZH; 2004 – SACS; 2005 – Gripe Aviar; 2009 – Gripe Porcina; 2014 – Ébola; 2016 – SICA y, como se dijo, el COVI-19 actual.

Reiteramos que cada uno de estos virus tiene su patente en la Oficina de Registro de los EEUU.

¿Casualidades?

La Fundación Billy y Malena Gates (sí, el mismo) en cooperación con Adrián Tomas de Johnson & Johnson, organizaron, en Nueva York el 18 de octubre de 2019, el denominado por ellos Evento 201. La organización del mismo estuvo a cargo de León Hopkings. ¿De qué se trató dicha reunión?



Al estilo de lo que realiza el Council of Foreing Relations para la implementación e instalación mundial del Nuevo Orden Mundial, el Evento 201 tuvo las características de un teatro –como en la estrategia militar se alude a la mesa de arena- en el que, planteada una hipótesis de desastre, se establecen las distintas líneas de acción que la sociedad podría adoptar ante la misma.

Fueron invitados a dicho Evento 201 desde psicólogos, psiquiatras, médicos infectólogos, bioquímicos, abogados, periodistas, dueños de medios de televisión, y un largo etcétera que cubrió todas las vías de comunicación de la sociedad actual.


Se planteó, entonces, la aparición de una pandemia y se trabajó sobre la interpretación y desarrollo hipotético de las reacciones de las sociedades del mundo, o sea, de los Estados-Nación sobrevivientes. Se redactaron noticias, notas, artículos, entrevistas como si realmente dicha pandemia hubiera sido declarada en la realidad tangible.

El esquema fue la aparición de un virus de alto poder y rapidez de contagio y cuáles serían las reacciones de los distintos gobiernos ante la pandemia declarada, calculando, a la vez, el número de muertos que dicha injuria mundial produciría.

Si el lector encuentra alguna similitud con la actualidad, no es responsabilidad del autor de esta nota.

Lo más sorprendente –si es que cabe sorpresa…- es que el Evento 201 se desarrolló el 18/10/2009, ocho semanas antes de la denuncia del primer caso de contagio del COVID-19 (a) Coronavirus.

¿Queremos insinuar que EE.UU. está detrás del COVID-19?

Para nosotros, lo está, claro que sí. Empezando por la insensibilidad manifiesta y el cinismo empresarial del presidente Trump y derramándose tal actitud sobre los halcones que le cuidan la espalda.

¿El motivo? Se nos hace que como los EE.UU. está perdiendo gran terreno en el manejo del comercio mundial así como de otras características de los Estados-Nación sobrevivientes; y dado que es China, en fuerte alianza con la Federación de Estados Rusos, el bloque que está desplazando al imperio yankisionista del privilegio de ser el mandamás del mundo, no se nos hace difícil presumir lo que aquel asno haya pensado respecto de difundir el COVID-19 en una de las ciudades densamente pobladas de China.

Lo demás, es actualidad. Por sobre todo, la insistencia de los medios que siempre han repicado las campanas, obedientemente, a lo que manda el Departamento de Estado yanqui o sus Embajadas. Saturar pantallas, títulos y medios de comunicación con el tema “coronavirus” y atosigar a lectores y distraídos, con cifras de muertes y contagios que acongojan en ánimo de los receptores de tales notas y disparan, progresivamente, el miedo camino al pánico.

Al respecto de esa campaña dirigida a atemorizar a las poblaciones, hurto de la película El Veterano, lo que una de las amebas del servicio de inteligencia británico expresa como justificación de ser, ellos mismos, quienes combaten al terrorismo y los autores de actos terroristas a la vez.

Dice el fulano, de apellido Turner en la ficción (¿ficción?): “Una población en permanente estado de miedo, no hace preguntas. Nuestro deseo de guerra se vuelve su deseo. Un sacrificio voluntario. Mientras el miedo es descanso, es control, es dinero”.



No creo que llegue a ver el “deschave” del COVID 19, pero algún memorioso recuerde esto y, al final, nos dé la razón. No en lo personal sino a tod@s quienes afirmamos lo dicho en todo ese y éste tiempo.

Que sigan bien.

Roberto Otero

domingo, 15 de marzo de 2020

Covid-19: epidemias, estados de excepción y totalitarismo de mercado - Por Ricardo Orozco



Como suele suceder con eventos de la magnitud del nivel de esparcimiento del Covid-19, el mundo ha comenzado a prestarle una mayor atención al desarrollo de la enfermedad como nunca antes en los últimos cuatro meses, desde sus primeros brotes en Wuhan, a pesar de que sus márgenes y el potencial de infección de esta nueva cepa de Coronavirus ya era grave en el marco de su despliegue al interior de la sociedad más numerosa del mundo: China. Es decir, sólo la presencia del Covid-19 en Occidente y la rapidez y la amplitud con la que éste se abre paso entre sus poblaciones ha empujado al resto del mundo, a través de diversos organismos multilaterales, a sobreestimar los efectos que el virus podría tener en el futuro, con el propósito no necesariamente de generar pánico entre las masas o de establecer un estado de emergencia generalizado y caótico, sino, antes bien, con el objetivo de anticipar escenarios y posibilidades en las que este virus se agrave, mute y se radicalice en sus efectos.

En ese sentido, más allá del claro eurocentrismo que permea la intelección de esta ya declarada de facto pandemia, que domina el grado de urgencia con el cual el mundo debería de responder a su avance, dependiendo del espacio específico y las poblaciones concretas a las que afecte, uno de los rasgos más interesantes de observar sobre la manera en que los gobiernos del mundo ahora reaccionan a su dinámica tiene que ver con los efectos que las cuarentenas decretadas para contener su esparcimiento tienen en la reproducción de la vida económica en distintas sociedades nacionales. Y es que, en efecto, a pesar de que el virus no tiene un nivel de mortalidad elevado (de los 118, 550 casos confirmados alrededor del paneta apenas se contabilizan 4, 262 muertes; esto es, menos del 0.4% de la totalidad), lo que es un hecho es que, en el imperativo de contener su despliegue y no arriesgar ninguna apuesta a que con medidas más flexibles de higiene resulte más mortal, los gobiernos de las sociedades hasta ahora más asoladas por la infección han optado por decretar cuarentenas y estados de excepción sanitaria como su medida más efectiva de contención y combate; y esa decisión, en particular, ha tenido como principal efecto el desacelerar los niveles de producción y de consumo habituales en cada Estado-nación en el que tiene presencia.

En lenguaje neoliberal, por ejemplo, lo anterior se traduce, únicamente en China, en una contracción del crecimiento de su economía doméstica del orden del dos al cuatro por ciento de su Producto Interno Bruto por cada cuatro meses que la infección mantenga activas en la vida cotidiana de la sociedad —sin considerar la producción y el consumo ya perdidos para este primer cuarto del año, derivados, tradicionalmente, de los festejos nacionales del año lunar chino. Ello, por supuesto, tiene su principal anclaje en las industrias y los sectores de la economía que se ven afectados de manera más directa por estar sustentados sobre la base de la movilidad humana (como el turismo, el transporte público masivo, eventos deportivos y recreativos, también de masas). Sin embargo, debido a que la ciencia médica aún no sabe con exactitud los vectores a través de los cuales se transmite el virus, y ello lleva a los gobiernos a instaurar cuarentenas generales sobre grandes porciones de la población nacional (ciudades enteras, por ejemplo), esos efectos que en principio son de carácter tan específico y concentrado han comenzado a desplazarse con rapidez y profundidad hacia el resto de las actividades de producción y de consumo cotidianos.

El World Econmic Forum, en esta línea de ideas, señala las preocupaciones más acuciantes del gran capital sobre las consecuencias económicas del Covid-19 en su expansión por el mundo al centrar su atención sobre cómo las restricciones a la movilidad de los y las trabajadoras en ciudades enteras ya comienzan a hacer sentir su peso en la interrupción de líneas de suministro completas que ya no conciernen únicamente a determinados mercados nacionales, sino que, por lo contario, repercuten en las cadenas de valor globales sobre las cuales se encuentra edificada la totalidad de la estructura centro-periferia del capitalismo histórico. Es en ese sentido, además, que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (el bastión de los gobiernos neoliberales en el Atlántico Norte) prevé que un escenario de efecto dominó, plausible en el futuro inmediato, conduciría a contracciones globales de la misma magnitud observada en la crisis del 2008, con el agravante de que las medidas emprendidas en aquel momento para reactivar el consumo en esta ocasión no serían plausibles, justo porque la mayoría de ellas implican dinamizar la movilización de bienes y personas en masa.

¿Cómo entender esto en tiempos en los que el capitalismo moderno avanza a pasos agigantados en dirección hacia grados nunca antes vistos de automatización de procesos productivos/consuntivos? En general, dos respuestas relativamente populares entre la crítica social contemporánea se han ensayado. En un primer término, la tesis sobre la invención de una epidemia, sustentada en el supuesto de que, debido al escaso grado de mortalidad que tiene el Covid-19, las medidas de excepción implementadas alrededor del mundo por los gobiernos nacionales no sólo no son justificables por sí mismas, sino que, además, no son justificadas en absoluto, debido a que ocultan, en realidad, una tendencia creciente alrededor del mundo a emplear el estado de excepción como norma de gobierno. En segundo lugar, el recurso a explicar el origen, la expansión y la trayectoria del virus por el mundo a partir de la afirmación de que éste fue diseñado y liberado al ambiente de manera voluntaria y predeterminada por alguna fuerza política con el propósito de debilitar a determinadas potencias mundiales.

Ahora bien, sobre la segunda de estas respuestas es importante no perder de vista que si bien es cierto que la posibilidad existe, dada la efectividad con la cual los programas de investigación biomédica de las principales potencias mundiales almacenan, reproducen, modifican, etc., enfermedades aún vigentes —y también extintas—, teniendo en perspectiva escenarios futuros de disputas bacteriológicas, hasta ahora no hay información suficiente como para aventurar una respuesta de los sucesos en curso en esa dirección (por lo menos no más allá de la pura especulación y de la duda razonable montada sobre la comprensión de la coyuntura histórica actual, con todas sus tensiones políticas y disputas geopolíticas activas).

Paralela y simultáneamente, además, habría que ser conscientes de que los virus, los hongos, las bacterias, así como cualquier organismo viviente o ecosistema son componentes de sistemas complejos, encadenados entre sí en distintas escalas espaciales y temporales, con mecanismos de autorregulación propios, que responden al cumulo de estímulos y alteraciones que las actividades humanas introducen en sus distintos subsistemas y encadenamientos; razón por la cual los ciclos de vida de virus como el Covid-19 y sus adaptaciones a los antibióticos que la ciencia médica diseña para combatirlos están en permanente y dinámica modificación; rasgos, todos ellos, que le hacen a diversas enfermedades gozar de márgenes de plasticidad, adaptación, reproducción, mutación y supervivencia (autopoiesis) a menudo sencillos de modelar y proyectar, pero difíciles de controlar dada la propia complejidad de los sistemas a los que pertenecen.

Al margen de ese reconocimiento, no obstante, lo que es un hecho es que, con independencia de si la emergencia y el despliegue del Covid-19 se debió a una intervención geopolítica planificada o a la dinámica misma de un sistema complejo, como bien lo señala la primera tesis, los gobiernos alrededor del mundo están optando cada vez más por aprovechar la experiencia que su alta transmisibilidad y baja mortalidad ofrecen para ensayar formas de excepción más ad hoc a las circunstancias y dinámicas sociales actuales, sobre todo en lo que se refiere a las capacidades de contención con las cuales se cuenta hoy día para hacer frente a eventualidades similares en espacios-tiempos tan acelerados, complejos y densos como lo son las ciudades contemporáneas. En ese sentido, habría que decirlo, el Covid-19 es el menor de los males dentro del espectro de amenazas consideradas pandemias, y ya que su presencia está aquí y sus efectos se dispersan por todos lados, ciertos sectores de la sociedad han optado por sacar el máximo de experiencias y aprendizajes posibles para, entonces sí, en un futuro inmediato saber cómo actuar de la forma más eficaz y eficiente posible ante una pandemia que sí sea altamente mortífera y contagiosa.

Ello, sin embargo, no quiere decir, necesariamente, que los gobiernos nacionales y sus instituciones multilaterales estén haciendo todo lo posible por magnificar los efectos del virus en sus sociedades a manera de recreación voluntarista de un escenario de entrenamiento más realista y catastrófico capaz de preparar a la comunidad internacional ante verdaderos apocalipsis bacteriológicos. Significa, antes bien, que lejos de la posición de absoluta restricción y de total eliminación del virus (como parece ser hoy el sentido común generalizado a partir del cual se piensa el combate a dicha enfermedad) el mundo se enfrenta al Covid-19 en términos del despliegue de una estructura de regulaciones y regularidades de sus consecuencias inmediatas y futuras; es decir, se lo ataca a partir de una racionalidad centrada en el cálculo de los saldos positivos y negativos que provoca en espacios-tiempos determinados.

De ahí que, en lo concerniente al significado y los impactos que tiene la dispersión del Covid-19 por todo el mundo en un contexto de sistemática automatización de procesos, el elemento más importante a observar sea el relativo a la efectividad con la que los estados de excepción sanitarios funcionen para profundizar y acelerar la desarticulación de la actividad económica presencial, sustituyéndola por procesos efectuados a través de plataformas digitales, aplicaciones móviles y servicios informáticos. Es decir, en la era de la automatización de procesos productivos y cadenas de valor globales prácticamente en su totalidad, la desmovilización de las masas a causa del Covid-19 bien en susceptible de ser empleada por los capitales y los Estados-nacionales a su servicio para imprimir el empuje que hacía falta en la consecución del objetivo claro de desterritorializar el consumo cotidiano de la población, trasladándolo hacia prácticas en las que la compra y venta de mercancías que se traducen en grandes aglomeraciones de individuos ahora se lleven a cabo por medio de aplicaciones móviles; reduciendo al mínimo el contacto entre dos o más personas al momento de concretar el intercambio.

Esto, por supuesto, no quiere decir que el objetivo central de las cuarentenas impuestas sea el llevar a las sociedades sometidas a su racionalidad, de un momento a otro, a un distópico futuro en el que la lógica más perniciosa del funcionamiento del mercado capitalista (la absoluta individualización del individuo y la atomización de la colectividad) se cumpla sin restricciones para limitar la socialización de los sujetos al mínimo. Los niveles de acumulación, concentración y centralización de capital en el presente son, después de todo, demasiado grandes como para que el consumo generalizado a través de aplicaciones móviles, plataformas digitales y servicios informáticos le den abasto, lo sostengan y lo hagan crecer sostenidamente (algo que sólo es posible por medio de la masificación del consumo en el espacio público). Sin embargo, sí significa que entre más tiempo permanezca el virus en la cotidianidad de las personas más van a ser las demandas que éstas busquen satisfacer progresivamente a través de ese tipo de recursos y, en consecuencia, mayor será la especialización de los ofertantes de los servicios en cuestión, para hacerse más eficaces y efectivos en la satisfacción de esa demanda creciente; y así llegar a un punto de no retorno en el que los negocios sustituidos por esta nueva forma de consumo no cuenten con posibilidades de recuperarse y su desaparición se acelere.

China, en este sentido, es un caso paradigmático en el que los grados de sofisticación y precisión alcanzados por la matriz tecnológica de sus capitales sirven, entre otras cosas, para masificar la enseñanza escolar a través de plataformas (como Edx y Coursera) que en Estados Unidos y el Reino Unido han procurado alcanzar por años, volviendo inútil la estructura y la lógica decimonónica de operación de las instituciones académicas occidentales. Pero no sólo, pues, además, el empuje de servicios de video en streaming (abiertamente hostiles a los tradicionales cines), ahora se ve potenciado debido al impedimento de concentrar a muchas personas en espacios cerrados; la inteligencia artificial gana terreno en la sustitución de actividades recreativas al aire libre y los servicios de entrega a domicilio tipo Uber Eats (el epítome de la precarización laboral) se potencializan para suplir la demanda de millones de personas que son prisioneras de sus propios hogares.

Sin duda todos estos fenómenos no se van a traducir en una aniquilación de los modelos de producción y de consumo cotidiano vigentes hasta antes de la emergencia del Covid-19 (por lo menos no en el plano más inmediato y definitivamente no en toda su amplitud). Sin embargo, es innegable que en las escalas más pequeñas, esto es, en los mercados y centros de consumo locales, con algún grado de tradicionalismo, será —por ser las estructuras más débiles en la jerarquía del mercado neoliberal— en donde se dejen sentir las consecuencias más agudas de esta sustitución o mutación en los hábitos de consumo basados. Recuperarlos y/o mantenerlos después de que pase la crisis no será sencillo, y sin embargo, deberá de ser un imperativo el procurar mantenerlos y/o recuperarlos debido a que ahí, en esos espacios, es en donde aún se juega mucha de la resistencia al capitalismo contemporáneo en los ámbitos más inmediatos de la vida cotidiana.

Ricardo Orozco, Consejero Ejecutivo del Centro Latinoamericano de Estudios Interdisciplinarios
@r_zco



https://www.alainet.org/es/articulo/205234

EL VETERANO - EL MIEDO Y LA MANIPULACIÓN



En una de esas películas por Internet que se miran para llenar espacios de fiaca no-creativa, dimos con la que cuyo título también es el de esta notuela: El Veterano.

Dispuestos a pasar tiempo observando una Clase B en descenso, nos relajamos y mate en mano, fijamos nuestra atención en la panalla del monitor.

Desarrollo previsible: soldado que deja el servicio después de la invasión a Afganistán y vuelve a uno de los barrios londinenses que concentra inmigrantes de todas partes pero, preferentemente, de Oriente Próximo. Por las vueltas del guión se relaciona con otro veterano y éste lo lleva a conocer a un “no se sabe qué” al que el veterano trata de “sí señor…” etc. Conclusión: lo contratan para hacer trabajos de inteligencia, ya que al regresar de Afganistan no hay ni trabajo de cuidacoches para enganchar.

Lo que pinta perfectamente esta película es como trabaja la inteligencia británica, para afuera y para adentro.

Cuando comienzan a correrse los velos, el veterano cae en la cuenta de que fue usado por esa organización paralela para generar caos y presionar a la población con el peligro del terrorismo, siendo que ellos mismos quienes realizan los atentados y asesinatos.

Como no podía faltar el lado tierno, el veterano se enamora de una espía que el servicio de inteligencia había plantado en un supuesto jefe terrorista pakistaní (luego resulta que éste también trabajaba para el servicio inglés). El caso es que cuando él y ella descubren la trama, la mujer, a regañadientes, acepta irse y él, quedarse.

Sin embargo, poco después le llega el “soplo” de que la mujer había desaparecido o muerto o algo, no lo precisan. Entonces, el veterano, usando sus dotes aprendidas y adiestradas en la guerra, se desliza al estacionamiento donde el hombre, Turner, nexo entre el grupo de inteligencia y el primer ministro guarda su vehículo. Lo espera; el coche por fin llega, estaciona y cuando el tal Turner se baja, es apuntado por una Glock que sostiene con firmeza el ex-soldado.

El Veterano pregunta por la mujer y Turner comienza a darle explicaciones de lo que es la situación global y particular. Y es aquí donde, después de tanto introito, queríamos llegar. Lo que este Turner de la ficción le dice a El Veterano, da la pauta de muchas de las cosas que suceden hoy día. Al menos eso nos pareció. Juzgue usted.

Turner: Continuamos destruyendo mientras la gente no lo sabe. Cuando se da cuenta, es demasiado tarde.
Turner: Una población en permanente estado de miedo no hace preguntas. Nuestro deseo de guerra se vuelve su deseo. 
Turner: Un sacrificio voluntario.
El miedo es descanso, es control, es dinero.

Después de esa última frase, el disparo retumba en el subsuelo del estacionamiento y El Veterano se va a cumplir su autoimpuesta misión de limpieza.

Si le interesa ver esta peli, está en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=0RCRFRuTWdk

martes, 10 de marzo de 2020

POBRES SOJEROS, NO PUEDEN VIVIR CON TAN POCO DINERO…



Tomando la información de la existencia de establecimientos agropecuarios en la Provincia de Buenos Aires, tenemos que:

2.516 establecimientos pertenecen a 211 familias y suman 11.100.000 Has. (Once millones cien mil hectáreas). Repartiendo por igual tal superficie, tenemos que cada familia posee 925.000 hectáreas.

Una comparación al paso

La ciudad de Buenos Aires ocupa 200 kilómetros cuadrados. Los 11,1 millones de hectáreas equivalen a 111.000 kilómetros cuadrados. Por tanto, podrían contener 555 ciudades de Buenos Aires. O lo que es lo mismo decir que cada familia, al poseer 925.000 hectáreas podría contener 46,25 ciudades de Buenos Aires.

A sembrar

Calculamos una sola cosecha anual (cosa, ésta, que la realidad desmiente pero pongamos para evaluar).
Suponiendo que de las 11,1 millones de hectáreas, dediquen solo el 40% a la soja, veamos.

Superficie 40% = 4.440.000 has. Con un rinde de 4 quintales por Ha. (es más) tendríamos 17.760.000 Tn de soja.
A 450 u$s la tonelada, tenemos que ingresan en bruto 7.992.000.000 u$s.
Al cambio BCRA 62,46 pesos por dólar, tendremos un ingreso bruto de: 499.100.400.000 pesos.

Entonces ¿Cuánto nos repartimos?

Suponiendo que impuestos, gastos de comercialización, jornales, cosecha, etc., insuman el 60%, llegamos a un ingreso neto de: 199.640.160.000 pesos (se lee ciento noventa y nueve mil seiscientos cuarenta millones, ciento sesenta mil pesos)

Si repartimos por igual entre las 211 familias propietarias de esos 11,1 millones de Has. tenemos que: 946.161.896 de pesos ingresan a cada una de esas 211 familias.

Si repartimos el ingreso de UNA SOLA COSECHA ANUAL en los 12 meses del año, tenemos que cada familia ingresará: 78.846.825 de pesos mensuales, o sean 1.262.560 u$s por mes.

Pobre gente ¿verdad...?

Los datos sobre los que se realizaron estos cálculos provienen del informe de un sojero que posee 200 Ha. en el sector Centro de Córdoba.

Roberto Otero


viernes, 6 de marzo de 2020

LOS CRÍMENES QUE LA "HUMANIDAD" PERMITE CON SU "DISTRACCIÓN"





Un niño herido durante los bombardeos en Haska Mina (Afganistán), 18 de octubre de 2019. Foto: Noorullah Shirzada / AFP (@afpphoto)

Se necesitaron veintinueve meses de procedimientos para autorizar al fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) a investigar los crímenes cometidos desde 2003 en Afganistán. Con la decisión tomada el 5 de marzo por la Cámara de Apelaciones, la investigación ahora está abierta.

Las investigaciones se centrarán en los crímenes de lesa humanidad cometidos por los talibanes en una campaña masiva de "intimidación, asesinatos selectivos y secuestro de civiles", que se considera favorable para el gobierno y las fuerzas extranjeras, o oponiéndose a "la dominación y la ideología de los talibanes". Según el fiscal Fatou Bensouda, el conflicto entre las milicias y el gobierno habría matado a 26.500 entre 2009 y 2016.
El fiscal también ataca crímenes de guerra cometidos por las fuerzas de seguridad afganas, la policía y los servicios de inteligencia, y los perpetrados por las fuerzas internacionales, principalmente el ejército de los EE. UU., Incluyendo tortura, trato cruel, violencia sexual y violación. en la prisión de Bagram en 2003 y 2004.

También se espera que su investigación se extienda a las prisiones secretas de la CIA, la agencia de inteligencia central de los Estados Unidos. Fatou Bensouda está particularmente interesado en los asentados a principios de la década de 2000 en Rumania, Polonia y Lituania, donde los afganos habían sido torturados después de su secuestro por su presunta pertenencia a los talibanes o Al-Qaida.

Nota de "Le Monde" de Francia.