La información que logramos a través de la Internet
nos indica, advierte y actualiza sobre la existencia de varias vacunas contra
el Sar-Cov2. Algunas de ellas, ya en proceso de distribución, como la de la
Federación Rusa, Sputnik V. También, la generada en la República de Cuba, Soberanía
01. Si filtramos más, tenemos la que está generándose en el CONICET de Córdoba
por el Doctor Luna, que es oral y no contiene metales pesados.
De modo que no es verdad lo que repiten algunos
periodistas que reciben buenas pautas (dinero) y los funcionarios en general
(coludidos, según lo vemos).
Cada uno de estos últimos repite, cuando la cámara
enfoca o un micrófono se les acerca que, “hay que esperar la vacuna”. ¿Cuál
vacuna esperan? O es que intentan, a como dé lugar, empujar agua para el molino
del sospechoso señor Sigmar –reciclado, como muchos otros-.
¿Cuál es el negocio que persiguen? Porque si
estuvieran ocupados y preocupados por la salud del pueblo, ya podrían pedir la
vacuna rusa o cubana. Vacunas probadas, que no dispararon efectos colaterales –infame
adjetivo, éste, porque en el mismo se incluyeron, e incluyen, los muertos
asesinados por misiles y bombardeos a cargo de los “libertadores” yanquis-, y
que ya está en plan de aplicación en países de nuestra Suramérica.
Si esta gente –nos referimos a funcionarios y
periodistas cómplices- está inflando el globo de la supuesta vacuna de Oxford,
que tiene evidencias negativas y se desconoce, al final, sus componentes, nos
siguen engañando y usándonos, al pueblo, como esclavos sometidos que si no
morimos por el virus laboratorista, terminaremos muertos por la vacuna de
Oxford o, peor aún, discapacitados en nuestras facultades mentales para obrar
por nuestros propios medios y para pensar libremente.
La economía es, sin duda, importante, pero si la
política sanitaria es una bazofia, no habrá economía que valga. Salvo, para los
que lleguen a barrer las calles y tierras de cadáveres que ellos mismos
ayudaron a sumar.
Despertemos de una vez y para siempre y que no nos
tomen, por enésima vez, por pelotudos.
Que la pasen
bien.
Roberto
Otero
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