La media sanción de diputados a una ley que obligaría a todos los habitantes de la Argentina a vacunarse contra el SarcV2 alias Covid19, habría que establecer, en esa misma ley, cuál sería la vacuna que cada ser humano habitante de nuestro país, podría elegir. O se trata de obligar a todos a recibir la sospechosa, fallida, y mal generada vacuna de “Oxford” y que, en nuestro país, sería “fabricada” por otro señor ultra sospechoso como Hugo Sigman. Si fuera ésta última la respuesta, entonces la calificación de “genocidio” comenzaría a adquirir certeza.
Por lo tanto, si los que levantaron su manito o
apretaron el botón de voto positivo, teniendo en cuenta –como suponemos que los
tendrían antes de la votación- de la buena cantidad de investigaciones locales
sobre la generación de una vacuna oral –por el CONICET, sin la inclusión de
metales pesados; o la vacuna Sputnik 5, o la vacuna Soberanía 1 –de la
Federación Rusa y de Cuba, respectivamente-.
Entonces se nos plantea
algo grave, según lo vemos.
Si
los que votaron por esta ley de obligación de vacunarse; si conocían las demás
vacunas existentes y ya distribuidas –Sputnik 5 a la República Bolivariana de
Venezuela-; Si estudiaron, concienzudamente, el tema y las múltiples variantes
de resultados positivos –recuperación y cura de infectados por SarcoV2-; Si
pasaron por todo esto e igual votaron la ley de la obligatoriedad, es cuando se
nos hace evidente el carácter cómplice con los gestores e impulsores de esta
Plandemia.
Nos
referimos a los representantes del estado
profundo de EE.UU.: La fundación de Bill y Melinda Gates, George Soros,
Johnson & Johnson, GABY, La corporación de Laboratorios y
los demócratas políticos, que son el mayor representante de ese estado profundo
que avanza hacia el Nuevo Orden Mundial y el genocidio de no menos de 3000
millones de habitantes del planeta.
Digamos
BASTA
En
defensa de nuestra ciudadanía y los derechos de la Constitución a la libertad
individual y el manejo voluntario de nuestro propio cuerpo, debemos despreciar
a toda esa gente que, cobrando excesivos ingresos mensuales por quedarse en su
casa –al contrario de la hambruna y la pobreza crecientes-.
El
desprecio se debe ejercer de todas las formas. El primero es el voto contra
todos estos –todos- y que no vuelvan nunca más, ni colados en alguna lista. Los
otros métodos son menos tranquilos, pero también posibles cuando el juego es
mortal al pretender obligarnos a una eutanasia disfrazada.
Que
estén bien.
Roberto
Otero.
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