viernes, 9 de octubre de 2020

SILOGISMO DE LA DEPENDENCIA QUE DEVIENE GENOCIDIO

 La media sanción de diputados a una ley que obligaría a todos los habitantes de la Argentina a vacunarse contra el SarcV2 alias Covid19, habría que establecer, en esa misma ley, cuál sería la vacuna que cada ser humano habitante de nuestro país, podría elegir. O se trata de obligar a todos a recibir la sospechosa, fallida, y mal generada vacuna de “Oxford” y que, en nuestro país, sería “fabricada” por otro señor ultra sospechoso como Hugo Sigman. Si fuera ésta última la respuesta, entonces la calificación de “genocidio” comenzaría a adquirir certeza.

Por lo tanto, si los que levantaron su manito o apretaron el botón de voto positivo, teniendo en cuenta –como suponemos que los tendrían antes de la votación- de la buena cantidad de investigaciones locales sobre la generación de una vacuna oral –por el CONICET, sin la inclusión de metales pesados; o la vacuna Sputnik 5, o la vacuna Soberanía 1 –de la Federación Rusa y de Cuba, respectivamente-.

 

Entonces se nos plantea algo grave, según lo vemos.

 

Si los que votaron por esta ley de obligación de vacunarse; si conocían las demás vacunas existentes y ya distribuidas –Sputnik 5 a la República Bolivariana de Venezuela-; Si estudiaron, concienzudamente, el tema y las múltiples variantes de resultados positivos –recuperación y cura de infectados por SarcoV2-; Si pasaron por todo esto e igual votaron la ley de la obligatoriedad, es cuando se nos hace evidente el carácter cómplice con los gestores e impulsores de esta Plandemia.

Nos referimos a los representantes del estado profundo de EE.UU.: La fundación de Bill y Melinda Gates, George Soros, Johnson & Johnson, GABY, La corporación de Laboratorios y los demócratas políticos, que son el mayor representante de ese estado profundo que avanza hacia el Nuevo Orden Mundial y el genocidio de no menos de 3000 millones de habitantes del planeta.

 

Digamos BASTA

 

En defensa de nuestra ciudadanía y los derechos de la Constitución a la libertad individual y el manejo voluntario de nuestro propio cuerpo, debemos despreciar a toda esa gente que, cobrando excesivos ingresos mensuales por quedarse en su casa –al contrario de la hambruna y la pobreza crecientes-.

El desprecio se debe ejercer de todas las formas. El primero es el voto contra todos estos –todos- y que no vuelvan nunca más, ni colados en alguna lista. Los otros métodos son menos tranquilos, pero también posibles cuando el juego es mortal al pretender obligarnos a una eutanasia disfrazada.

 

Que estén bien.

Roberto Otero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario