miércoles, 21 de octubre de 2020

UN DEGOLLADO: LA DOBLE VARA DE LA INMUNDA HIPOCRESÍA MUNDIAL

 


Hoy, desde hace un par de días, el mundo está conmovido por el degüelle de un profesor, en un instituto francés, a manos de un fanático que, ante la exhibición de una caricatura de Mahoma, reaccionó mal y zas, le cortó la garganta.

¡Horror! ¡Socorro! ¡Hagamos algo! ¡Esto es una barbaridad! Y otras, muchas, expresiones al paso de personas sumadas a la indignación o acomodadamente a mano para hacerlo, sobre todo si había un micrófono y una cámara cercana. Como sea, la indignada protesta fue, casi, unánime, a cuya reacción tuvieron decisoriamente que ver los medios de prensa los cuales, aclaremos, también tienen y viven sus propios fanatismos.

Algo hay que hacer, dicen y repiten por ahí y más allá, pero ¿Qué? ¿Cómo?

Se nos ocurre que el tema sería empezar por las religiones y parando, decreciendo, frenando la característica que todas ellas tienen respecto de la fe ciega, el dogma y otras minucias deplorables que envuelven las mentes y trastornas los espíritus.

Modificar, también, el titulado de épocas en la historia de la humanidad, sacando de su lugar de letras de molde, lo de “Guerra Santa” y otras mierdas parecidas. Ninguna guerra es santa ni los que, eventualmente, puedan ganarla serán angelitos. Matar o ser muerto sólo y porque los valientes van a enfrentarse con otros valientes sólo y por qué a un grupo de panzones y degenerados les conviene que terminen con aquellos y estos piensan exactamente igual, va contra natura.

Cambiemos la cultura, en serio y no de boca en mítines partidarios.

Es, no difícil, muy difícil, casi imposible si el cambio lo encaramos, por más seriedad que imprimamos al movimiento, los que logramos sacudirnos la mochila de heces con la que nos cargaron durante la educación represiva y represora en la cual, impiadosamente, nos inyectaron los contenidos necesarios para denostar y hasta odiar al otro “que piensa distinto”. Siempre, por más que usemos el mejor desinfectante intelectual, quedarán muestras, bacterias fecales. Sabemos los daños que pueden lograr dichos minúsculos elementos vitales en el cuerpo humano, pero, mucho más, en su mente.

Si bien podremos aportar a dicho cambio, el real, el eficiente y efectivo lo será a partir de los jóvenes y los por nacer. Limpios de herencias agobiantes y partidismos desgastantes, podrán diseñar un mundo libre de este tipo de bazofias del pensamiento. También será muy difícil para ellos, porque los habrá más carismáticos y fuertes frente a otros no tan dotados en la comparación. Pero esta frase, me suena, también surge de esa otra cultura, angustiante, contra la que pretendemos la destrucción y cambio.

El mundo, a través de sus respectivos países, deberá condenar, sin eufemismos ni desplazamientos, la violencia, la sumisión, la tortura y las muertes por miles de millones. Empezando, en la actualidad, con esta guerra bacteriológica a la que nos someten los Gates, Soros, Rockefeller, Roschild y otras malezas destructivas.

Nosotros, ya mismo, podemos enfrentar las larvas venenosas de tales avances y destruir, sin hacer la vista gorda, las teorías racistas como las del nazismo y su sucedáneo, el sionismo. Para esto habrán de acusar y, desde la ONU y desde cada país, el genocidio progresivo del pueblo palestino a manos de los bien llamados asesinos sionistas cuyo jefe es el actual presidente de Israel.

En el mismo orden, todos aquellos movimientos, aparentemente políticos, de raíz separatista, discriminatorios, en base, mortales para “los de afuera” a tales.

Los autogolpes que resultan en la muerte de miles de humanos, como vimos, perplejos, el “ataque” a las torres de Nueva York; o invasiones “liberadoras” llevadas a cabo por el gendarme yanqui y sus variados y variables aliados.

Terminar con este tipo de aceptación y justificaciones traídas de los pelos, Acusar sin necesidad de tanta burocracia, las acciones que, desde el llano y desapercibidas, sumen al resultado final que será más muerte, más hambre y más desgracia, bajo la innoble justificación de “la democracia y la libertad”.

A no ser, pensamos ahora, que los nombrados más arriba, esos que se reúnen en Bildenberg, asuman como favorable la muerte de unos y de otros así se termina con la supuesta sobrepoblación y, de paso, ellos, los ideólogos y financistas de tales muertes al por mayor, no aparecen tan nítidamente responsables.

Entre otras cosas, cambiar al capitalismo. De esto mismo se trata. Será, entonces, el momento de destronar a los coronados de Bildenberg y a todos aquellos que fueron infectados por ese virus letal. Empezando por el destructor de países, propiciador de guerras, responsable de miles de miles de muertes en el mundo, un Jano moderno y pérfido como Joe Biden, el actual y nefasto candidato a la presidencia de los EE.UU., representante de la derecha más ultramontana, del CFR y del real deep state de ese país.

¿Me dicen que será lo mismo actuar así bajo la excusa de “cambiar”? Es posible, pero estamos seguros de que resultará mucho mejor.

Que la pasen bien.

Roberto Otero


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