Los periodistas que dicen ser independientes y veraces, que no tienen
patrones ni línea editorial que no sea la que ellos mismos se
imponen, a veces suelen caer en los lugares comunes del relato para
imbéciles, que así nos toman, parece, y proceden a hacer circular
esa verdad mínima o a medias que debe contener todo relato inventado
para ser creíble.
El asesinato a manos
del imperio terrorista yanki del general Qassem Soleimani no tiene
“cinco razones” porque, primero no es razonable justificar un
asesinato y, segundo, que esas “razones” no hacen razonable el
hecho del asesinato ni cómo fue perpetrado.
Ninguno de los
analistas del imperio yanki puede desconocer que el asesinato y el
modo en que fue ejecutado constituye un acto de guerra. Que
provocaría una reacción absolutamente lógica y previsible por
parte de Irán y que, puestas así las cosas, el desarrollo de las
acciones en los próximos días, horas diría, empujarían al mundo a
una conflagración intensa, terrorífica, inútil salvo para los
intereses de un sector que, hace años y después de la guerra de los
6 Días, lo anunciaba como uno de sus objetivos: someter a Siria,
Irán y Líbano.
Nos referimos al
grupo terrorista mundial reconocido como sionismo
uno de cuyos líderes gobierna el estado criminal de guerra de Israel
(según la definición de un virtuoso judío como Noam Chomsky).
Hace
años, también, que constatamos que el grupo sionista gobierna (en
la práctica) al imperio
yanki, y tiene
a sus oficiales imbricados en puestos y cargos estratégicos, tanto
como en la industria del cine y la televisión (para ayudar e influir
psicológicamente a la inocente audiencia).
El
estado que fue creado por los británicos donde, hasta ese momento y
durante algunos años más, funcionó la central judía para
distribución de sus integrantes, era territorio Palestino. Un estado
así ficticio apoyado por las bayonetas y las armas de una guerra
victoriosa para los yankis que pretendieron
hacer olvidar un
hecho ilevantable: que
quienes realmente vencieron al nazismo y ganaron la guerra fueron los
rusos.
El
sionismo, que aportó una compañía de sus hombres a la horda nazi,
o sea, trabajaron para los nazis con uniforme y todo, siempre tuvo
como objetivo ampliar ese pedazo de Palestina a casi todo Oriente
Próximo. Para esto contó, desde su instalación, con el aporte
yanki de millones de dólares diarios con los que fue fácil
construir, desarrollar y generar ciencia y técnica. Pero la riqueza
está en el subsuelo y no sólo es petróleo. Por esto los sionistas
pretendieron, desde siempre, dominar toda la región.
Pues
con esta burrada de necio infame y subnormal con poder que ostenta
zanahoria Trump, ese objetivo buscado por los sionistas está casi a
la vuelta de un par de hojas de la historia reciente que se escribirá
en las próximas horas.
De
todos modos, no creo que esta vez les resulte así de fácil. Incluso
mucho menos que en Vietnam. Lejos de la criminalidad de denominar
“guerra” al genocidio palestino llevado a cabo por los sionistas
ocupantes. Esta vez me parece que va a temblar la Tierra y con ella,
lamentablemente, nosotros también.
Por
ello no entiendo por qué, en la Argentina, se “refuerzan”
medidas de seguridad en aeropuertos y otros sitios. Bastará con que
se refuerce, en serio y con excelencia, la seguridad en la Embajada
de los yankis que es la responsabilidad del Estado Argentino
mantenerla así. Lo demás, que sean pertenencias
yankis, que las cuiden ellos mismos. No los argentinos.
Roberto
Otero