lunes, 6 de enero de 2020

EDUCACIÓN SEXUAL CON SOTANA




En casi todos los órdenes de la vida cuando se trata de aplicar conocimiento y praxis a algún proyecto en desarrollo o mejorar lo que se hereda, se convoca a personas cuya trayectoria personal y profesional, así no haya título universitario, los habilita con largueza a ocupar cargos dentro de ese organigrama. Serán directores, jefes, responsables o como quiera que se les denomine a los integrantes del equipo, y se tendrá la tranquilidad de saber que ellos conocen bien el tema que se les confía para desarrollar o mejorar.

Sin embargo parece que lo que planteamos en el párrafo anterior no es para nada exacto ni verdadero cuando se trata de abordar la educación sexual integral. Aquí aparecen cuestiones que, desde nuestro pedestre conocimiento ciudadano, no tendrían mucho que ver con la materia de que se trata.

Por ejemplo, uno se cuestiona seriamente cuál sería el papel de la iglesia (cualquier iglesia, agregamos) en torno a la educación sexual integral. Si bien los judíos tienen a sus rabinos con esposas e hijos, lo cual favorecería una mirada de conocimiento sobre el tema, la misma sería parcial dado la implicancia confesional de estos; pero en el caso de los católicos quedamos poco menos que estupefactos. ¿Por qué?

Es obvio, nos parece. Los curas, no importa la jerarquía que ostenten dentro de la pirámide de poder interno, hacen votos y entres estos, se encuentra el de castidad. O sea que de foqui foqui Margarita, nada. Por lo tanto ¿De qué podrían hablar en torno a la educación sexual integral? O son transgresores del voto de castidad propagandizado o, en todo caso e in extremis, hablan por boca de ganso. Es decir, de las confesiones de los creyentes sacarán sus propias conclusiones y sobre éstas pretenderán asesorar a quien les preste la oreja. Casi lo mismo que se ataca desde la sociedad a fiscales y jueces que se dejan guiar por informes de inteligencia sin aporte de pruebas. ¿Verdad?

Pero lo dicho no adquiriría la gravedad que tiene si no fuera que funcionarios (nuevos) del área de la Educación Pública se prosternan ante el estamento de poder interno que posee la iglesia católica y lo consultan (¡!) sobre la educación sexual integral a ver qué les parece. Si de pareceres se trata, nos parece una traición infame al pueblo ya que la cuestión orgánica y pulsional nada tiene que ver con las aficiones delirantes ni con creencias atornilladas después de siglos de vender el mismo best seller.

Si en algo hay que modificar la Constitución Nacional es que quitarle del Preámbulo la manda de pretender someter al pueblo de la República a inclinarse ante una creencia dada. Es, esto, no solo una befa sino la traición a la libertad de cultos ya que nos dice que está bien, crea usted en lo que quiera pero aquí nos hincamos ante tal creencia. Y repetimos lo de creencia porque su origen es la ignorancia. Más allá de Nietzsche que decretó la muerte de dios, nos preguntamos dónde podemos hallar pruebas de la existencia de al fantasioso personaje sostenido por el grupo de fanáticos que reescriben el relato incansablemente.

Adherimos, sin cortapisa, al lema que leímos por ahí alguna vez: No vengan a rezar a nuestra Escuela y no iremos a pensar a su Iglesia.

Roberto Otero

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