Que el ex fiscal corrupto Nisman se suicidó no hay persona
equidistante con el muerto y la política macrista que pueda negarlo. Incluso
algunos muchos de los que saltimbanquean en el cambiemato, abordados en la
intimidad de sus hogares, admiten que todas las constancias y pruebas recabadas
en la excelente instrucción de Fein-Palmaghini concluyen en que el desesperado
se disparó un balazo en la cabeza. O sea, que se suicidó.
Como los cambiemitas y otras lacras necesitan, ante la
evidencia de, por ejemplo, 99.000.000.000 de dólares (se lee noventa y nueve
mil millones de dólares) fugados durante la infame presidencia de Macri,
Mauricio y su banda o la derivación fuera de la ley de casas construidas dentro
de planes que terminaron como domicilios de algunos café con leche seguidores
interesados o el desastre de las vacunas vencidas en un depósito del puerto o
el intento de estafa de 70 mil millones de pesos con la deuda de los Macri en
el Correo Argentino y tantas otras cosas más, como decíamos, necesitan algo
para aturdir a la gilada, darle tapas a Clarín y batir el paño en radio
Mitre, TN y letra a Plager o al descerebrado
de Echecopar, entre otros minúsculos. Entonces ¿qué mejor que desenterrar a
Nisman?
Pero como en la fábula “Pedro y el lobo”, llega un momento
en el que ya nadie –o casi nadie- se conmueve por los gritos de ayuda que
expresa el joven cuidador desde el bosque. No hay lobo como que no hay asesinato
sino suicidio en el caso del corrupto Nisman.
Sólo los mentirosos pretenden que, una vez montada la
mentira, nada se altere de ese escenario ya que al primer cambio, por leve que
éste fuera, se viene abajo toda la estantería urdida con malévola ciencia.
Es lo que les sucede a los cambiemitas: se niegan, rechazan,
no quieren que se realice ningún tipo de constatación, de careos o de
declaraciones de quienes firmaron documentos (a todas luces, falsos de falsedad
absoluta). El caso de la revisión de la autopsia realizada por Gendarmería
Nacional (¡?), fuerza que no se dedica precisamente a realizar autopsias, no es
su rubro principal de investigación. Es que las conclusiones a las que arriba dicha autopsia son tan demenciales que no admiten, siguiera, duda sobre
su falsedad. Decir que en el pequeño baño del departamento de Nisman había tres personas además del suicidado es,
como mínimo, un exceso. Y que así lo mataron, mientras la víctima se encontraba
drogada por un específico que no se halló en la sangre del ex fiscal y que
luego acomodaron el cuerpo y salieron lo más bien… Es mucho.
Alegan, en esa autopsia
que a Nisman lo trompearon y lo drogaron para dormirlo. Nada de esto aparece en
la primera autopsia, realizada por el Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema
de Justicia ni por la Policía Federal que también estuvo presente y colaboró en
la necropsia. Aclaremos algo que nos parece determinante: el CMP y la PF realizaron la autopsia con el cuerpo presente, sobre el cuerpo del
muerto. La Gendarmería realizó ¿la autopsia? En base a ¡fotos!
Quién
se beneficia con un crimen
Es la clásica pregunta que se formulan los investigadores
policiales ante un muerto que no tiene el menor indicio de haberse suicidado –asunto,
éste, que no es el caso de Nisman donde todo
apunta al suicidio-. O sea: ¿Quién terminará beneficiado con la desaparición
del muerto? Beneficiarios de seguros, herencias, acciones, y un largo etcétera,
además de las cuestiones pasionales típicas.
En el caso del suicidio de Nisman, empujando contra natura
para que se acepte que fue un homicidio, el beneficiado será Mauricio Macri en
aquella época, ya que la organización de medios y propaganda señala a la
presidenta Cristina Fernández de Kirchner como la autora (si no material,
intelectual). La relación se hace tragable por los distraídos a partir de la
turbia denuncia que el ex fiscal y corrupto Nisman presentaría en el Congreso
de la Nación un día lunes, fogoneado muy de cerca por dos piezas importantes en
el armado de la desgracia: Patricia Bullrrich y Laura Alonso, que se
comunicaron telefónicamente con Nisman de un modo obsesivo.
Entonces ¿No quedaría bien en claro cuál sería el origen de
la decisión homicida en el supuesto de que se aceptara lo imposible (de que
haya sido un asesinato)? Agreguemos que el candidato a la presidencia en aquel
entonces era Mauricio Macri y su ubicación, de acuerdo a las encuestas (todas)
coincidentes era que ocupaba, lejos, el 3er lugar en preferencia de votos.
Luego de la campaña contra Cristina a partir del suicidio de Nisman y el
agregado de las mentiras que contenía la supuesta denuncia que nunca presentó
el ex fiscal –y que fuera desechada por el Juez Rafecas por no existir delito y
por no haber aporte de pruebas ni constancias, al fin, un bodoque mal escrito-,
las encuestas elevaron al que, infaustamente, ocupó el gobierno del Estado
Argentino durante cuatro años de escarnio, saqueo y destrucción (2015-2019).
Si nos detenemos en los investigadores policiales y volvemos
a formular la pregunta clásica ¿A quién beneficia esta muerte? No hay espacio
para más de una respuesta y ésta lleva el nombre y apellido del nombrado Macri,
Mauricio.
¿Un
crimen organizado?
Siguiendo la línea del asesinato, un crimen de tal magnitud
y con tanta finura en cuanto detalles, no es obra de una bandita de facinerosos
que después de algunas cervezas decide boletear
a alguien. Al contrario.
¿Quiénes podrían, entonces, encarar un asesinato de esa
magnitud y sin que queden huellas latentes en el lugar? (Aclaramos, huellas
latentes sí, porque de las otras, de las interpretativas, todas).
Los servicios experimentados en hacer desaparecer opositores sin que se note que fueron ellos
los responsables. Nos referimos a la Agencia Central de Inteligencia yanquie,
más conocida por su sigla inglesa C.I.A., y al subsecuente servicio Mossad.
Éste último actuó en la voladura de la AMIA y por un birlibirloque desactivó la
investigación hacia la explosión interna y no externa del edificio. Hubo
filmaciones y constancias que tal explosión interna había existido pero… quedó
el cuento de la traffic y el suicida, vehículo que jamás se vio en el lugar.
Aun si aceptáramos la intervención de los dos servicios,
tendría toda la relación con Macri, Mauricio y su banda. Él cuanto los demás,
directos y allegados, son visitadores crónicos de la Embajada de yanquilandia.
El ex fiscal corrupto Nisman recibía órdenes de dichos servicios cuanto de la
Embajada a la que rendía cuentas periódicamente. ¿Quiénes estarían en mejor
posición para “suicidarlo”?
Cuando la Justicia, la verdadera Justicia y no la entongada
como Ercolini, Taiano, Stornelli, Bonadío, asuma su papel de establecer la
equidad en la sociedad, determinará, sin dudar, de que la muerte del ex fiscal
corrupto Nisman fue un suicidio y no otra cosa.
SERÁ JUSTICIA
Roberto Otero

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