jueves, 23 de julio de 2020

EL LADRÓN QUE COBRÓ INDEMNIZACIÓN


Corría el año 97 del siglo pasado en la ciudad del golfo San Jorge, pomposamente bautizada “La Capital del Petróleo”,  o sea, Comodoro Rivadavia. Como en todas ciudades que crecen, se expanden y en las que hay trabajo para quien quiera trabajar, se fueron formando barrios en los límites de lo que antes era el núcleo del casi humilde poblado, donde ovejeros y petroleros cortaban todo en el pago.

Con el tiempo, los barrios alejados se fueron integrando, ediliciamente también y otros, más lejos, conformaron el cinturón marginal. También en los cerros que parecían proteger el flanco Norte de la ciudad. Al igual que las favelas de Río de Janeiro, las casas fueron erigiéndose en las laderas, cada vez más organizadas hasta que se cambiaron chapas de zinc por ladrillos y cemento.

Vista desde un satélite, Comodoro Rivadavia compite con la ciudad flotante de pesqueros piratas que se juntan màs allá de las 200 millas náuticas y que ingresan a la Zona Económica Exclusiva para depredar los cardúmenes y los langostinos y lo que sea. La luz que emite la ciudad en tierra es, apenas más importante que los focos de los barcos factoría y pesqueros.

Es, por las noches, justamente, por la carencia de iluminación pública de aquella época en los barrios marginales –apenas una lamparita iluminando con esfuerzo las esquinas difusas de las calles de tierra-, cuando los ladrones y otras infamias salían a por sus potenciales víctimas.

Una casa con sorpresa

Una pequeña banda –tres individuos- decidieron “entrarle” a una casa en los bordes del centro de la ciudad, en un barrio muy paquete y tranquilo.

Forzaron la reja, la puerta del fondo, ingresaron y para sorpresa, en la total oscuridad de una noche oscura, fueron, los tres, enceguecidos por una explosión de luz y el ruido atronador del  disparo de una “cuatro y medio”.  Los dos intrusos que habían quedado cerca de la puerta violada, huyeron raudamente hacia el fondo por el que entraran, pero el otro delincuente, herido en el costado izquierdo y desplazado por el impacto varios metros hacia atrás, se despatarró en el embaldosado pasillo con la expresión de sorpresa en su rostro, más que de dolor.

El dueño de casa, autor del disparo vengador, llamó al 911 y atendió al herido que, a esa altura, era más el terror que el dolor. Llegaron los de uniforme y una ambulancia que trajeron para levantar los, supuestamente, despojos del ladrón al que, presuntamente, daban por muerto.

Pero no, el caco sobrevivió luego de una larga internación en el Hospital Regional y la pericia técnica de médicos y enfermeras en la Unidad de Cuidados Intensivos. Un éxito para la medicina, llegaron a calificarlo los diarios de la ciudad y aún radios y canales de televisión.

Es verdad. La Medicina podía sentirse orgullosa de tener tales profesionales bajo su manto. Pero cuando le tocó el turno a la Justicia, las cosas cambiaron bastante.

Ojo que todos vivimos aquí

Comodoro no dejó, para entonces, de ser el pueblo del que nació. El dicho más repetido y habitual era ese de que “somos pocos y nos conocemos todos”, dicho con diversos tonos según la ironía, maledicencia o aprobación que se expresara según el caso. Aunque en el ámbito de la Justicia el dicho pasaba a ser casi ley para jueces, fiscales y abogados. Podía traducirse como “Ojo con fulano que es amigo nuestro”, pueden decir los lúmpenes como amenaza sin velo a quienes deben ser el respaldo de la ciudadanía honesta.  Por ahí se escurre, entonces, el derecho, la libertad y al fin, la democracia. Pero éste es otro tema, conexo pero no para ahora.

El caso es que el ladrón herido y revivido en el hospital, utilizó los más perfilados y exquisitos aparatos de la ingeniería médica; y también fueron exquisitos los honorarios y costo del uso de tales maravillas. Atención, comidas, todo fue sumando una cuenta abundante que dormía, aparentemente en calma, dentro del expediente iniciado horas después de la intervención de la policía en el domicilio vejado por la banda.

“…pero más sabe por diablo”

Cuando el leguleyo que tomó el caso del dueño de la vivienda, el del disparo de la “cuatro y medio”, se asombró –y no es poco decir-. Es que en las testimoniales y la indagatoria que lograron efectuarla en la cama del hospital donde estaba el chorro, surgía que el violador del domicilio con intención de robo era, sin eufemismos, la víctima sufriente de un bestia enloquecido que, según esa testimonial o indagatoria, le había disparado sin razón ni motivo cuando ingresó a la vivienda pidiendo ayuda. ¿Entienden, verdad?

Para hacerla corta, el dueño de casa, poseedor legítimo del arma de guerra, que le disparó a uno de los tres antisociales que irrumpieron en su domicilio en la noche, terminó pagando todos los gastos que demandó la recuperación del chorro y pagando una “indemnización” a favor de la otra banda, o sea la familia del herido.

¿Qué no es posible? Vayan a buscar los archivos del Fuero Penal en Comodoro Rivadavia del año 97 y encontrarán el caso.

Pero no termina aquí la historia. Cuando el que defendió su casa de tres delincuentes salía, atribulado, del juzgado penal donde se enteraba del resultado, una persona bien vestida, con aire de ser o juez o algo importante dentro del escalafón judicial, se le acercó y tomándolo del brazo, le susurró:  “La próxima vez, dos tiros en el pecho y adiós. No hay indagatoria ni testimonial. Los muertos no hablan. Acuérdese, amigo…” y se alejó, dejando paralizado al ya apaleado dueño de la casa violada.

¿Conclusión? Ah, no. Sáquela usted. Yo tengo la mía y coincide con la sugerencia del desconocido.

Roberto Otero

martes, 21 de julio de 2020

UNA MIRADA: LOS VIEJOS


UNA MIRADA: LOS VIEJOS

Con la pandemia se definió a los adultos mayores como población en riesgo, a pesar que el promedio de infectados por el Covid 19 es de entre 35 y 45 años. Pero no es el caso. Se trata de “los viejos” y a pesar de lo que dijera la crápula Lagard cuando era la autoridad del FMI en el sentido de que “algo hay que hacer con los viejos”, estos siguen gozando de buena salud. A pesar de los riesgos de contagio a los que están expuestos.

Los viejos son, por empezar, seres humanos iguales a unos y a otros, sin importar el color de la piel ni las creencias ni otras cuestiones. Como seres humanos tienen, cada uno, la dignidad que se les otorga por derecho natural y nadie, salvo en situaciones de excepción donde la despocracia sea ley, nadie ni ninguno tiene el más mínimo derecho de ejercer maltrato sobre ellos. No importa de dónde provengan ni lo que piensen. Esta es la única premisa que define el resto y sin peros.

De aquí que el trato hacia los viejos ha de ser, siempre, respetuoso por más confianza que se haya logrado con alguno de ellos. Las voces autoritarias, las órdenes expresadas casi a los gritos, la disminución de esa dignidad aludiéndolos como “niñas o niños” en un kindergarden o expresiones similares deberían ser descartadas por quienes con ellos tienen trato permanente. Sobre todo y principalmente en lugares de “larga estadía” (eufemismo para significar “hasta la muerte” o bien “hasta que puedan pagar la estadía”).

Una de los hábitos bastardos del lenguaje popular transforma a los señores de edad en “abuelos”. Este lesivo hábito se extendió al personal de enfermería –en realidad no difieren mucho en el origen y por ende se sienten cómodos con esa forma- y hasta a los médicos que tratan a los residentes o internados “el abuelo de la cama tal…”. Un dislate.
¿Por qué la palabra “viejo” está desprestigiada. No se entiende. Será porque el lumpen está habituado a expresar lo de “viejo de mierda” o “viejo choto”. Pero la palabra judío no está desprestigiada aunque también el lumpen exprese “judío de mierda”. El viejo es viejo. No otra cosa.

Luego, ya metidos en algunos institutos, geriátricos, hogares, se constata que el trato es como a niños en un jardín de infantes. Se pretende, así y según las declaraciones de algunas de las personas que así se expresan, de “muestras de cariño”. Que se dejen de joder. Buen trato, digno y que las muestras de cariño se expresen, justamente, por ese trato y no por argucias del lenguaje absurdo.

La otra variante es cuando personal 2¡de 2¡enfermería o. aún, de maestranza, apuran a los viejos para que hagan o no hagan algo. El típico “¡Vamos,Vamos!” más adecuando con policías en tiempos de dictadura con Estado de Sitio que enfatizando un movimiento de viejos.

Este tipo de tratos son los que se deben extirpar de la mente distorsionada del personal, no interesa cuál sea su categoría en el gallinero escalafonario.

Por último, cuando los jóvenes observan a los viejos con cierto desdén y en pocos casos, conmiseración, debería recordárseles que un viejo sabio les dijo: “como te veo, me vi; como me ves, me verás”.


Roberto Otero

lunes, 20 de julio de 2020

EL DESENGAÑO


EL DESENGAÑO

Cuando leo que a quienes criticamos los pasos que viene dando Alberto Fernández nos tildan de hacerle daño al Gobierno que él encabeza, probablemente no sean, los acusadores, peronistas. O tal vez se olvidaron, por la pandemia, el encierro o el miedo, que lo que él dijera durante toda la campaña. Claro está que durante ese interregno tenía, como pilar fortísimo, la presencia de Cristina. A lo mejor decía lo que dijo porque, entre otras cosas, le sumaba votos y, de paso, “hacía buena letra” ante quien le eligió para el cargo que hoy ostenta.
Sin embargo todos y todas tenemos crueles experiencias sobre lo que devino presidencia y acción en casos no tan lejanos. Mencionar al riojano, con ese acto de sinceridad u obligación relacional cuando dijo aquello de que “si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”; es cierto, teniendo a los Alsogaray en primera fila funcionarial y como intermediario-comisionista del crédito por 400 millones de dólares que sumó rápidamente a la Deuda Externa argentina, vilmente mezclada con la deuda externa privada por la jugada del nefasto Domingo Cavallo cuando éste era Presidente del Banco Central de la República Argentina en tiempos dela dictadura genocida y el ministro de Economía era José Alfredo Martínez de Hoz. Esa jugarreta sumó deuda a la deuda externa púbilca  y nos hizo pagar los créditos insolventes de amigos del poder dictatorial cuyos fondos salían, como de un dique quebrado, del Banco Nacional de Desarrollo (BANADE).
Luego, De la Rúa, también con el mencionado Cavallo como mentor del desastre, y el Blindaje y “lo lindo que es dar buenas noticias”, que culminó en el corralito y el corralón, sumándose una pueblada cuasi aristocrática de los inversores de fondos en variopintos bancos que salieron con cacerolas a ensordecer; más de 30 muertos a cargo de la Policía Federal y otras fuerzas de segura represión lanzadas a la calle por orden del Presidente (De la Rúa, recordemos), el manotazo de pretender dictar el “Estado de Sitio” y la fuga en el helicóptero desde la terraza de la Casa de Gobierno.
Pero la banca no perdió y los financistas y cuervos locales tampoco. Desaparecido de escena de Del la Rúa, se sucedieron cinco presidentes que concluyeron en poner, por decisión de la Asamblea Legislativa, al sinuoso y altamente sospechado de mucho, Eduardo Duhalde, al que se lo mencionaba, entre los perucas como “Tachuela” por el formidable desarrollo de que cavidad craneana (es fácil entender el apodo). Fue el garantizador de que los que tenían el poder económico –que son los mismos que ahora…-, cobraran en forma y con ventajas. Ahí establece, este despreciable personaje, el favoritismo al Grupo Clarín con el cambio acomodado del dólar que les sirvió para acrecentar su ganancia. También se le debe el asesinato de Kosteki y Santillán, en el Puente Pueyrredón a manos de la “mejor policía”, había dicho el sujeto en referencia a la Bonaerense; así como el veto a la ley de la subversión económica (a pedido de la Embajada de Estados Unidos…).
Néstor Kirchner fue un cohete que le explotó en la mano al “Cabeza de Lomas”. Algunos recordamos que cuando se avanzaba en los primeros días de las elecciones y por las que habría “segunda vuelta” sin pensar que el riojano se iría al mazo, en una especie de SUM en Río Gallegos, el casi presidente Kirchner con apenas 22 por ciento de los votos, reunida la militancia de fierro en aquel recinto, dijo claramente que “ahora tenemos que ir por el verdadero enemigo”.  Casi todos pensamos que se refería a alguien del radicalismo o de la derecha cuasi oculta. Uno le preguntó: “¿Quièn?” y la respuesta fue apabullante: “Duhalde”. Sabio, digo yo, ahora –y ante-, sabio y conocedor. Pero el caso es que Nestor, con el cuaderno que llevaba diariamente consigo y donde anotaba cada movimiento económico que se realizaba, logró llevar a nuestra Argentina a librarse del FMI, pagarle al Grupo de París y con Cristina, a cerrar con el 93 por ciento de los acreedores con notables quitas. Quedaron los buitres, ese 7 por ciento que, finalmente y con un arreglo de previo, le pagó el apátrida de Mauricio Macri, unos meses después del 10 de diciembre de 2015.
Los 4 años que sucedieron a la presidencia de Cristina fueron oprobiosos. Prácticamente el desguace del motor productivo de la Argentina y la destrucción del mercado interno. Los negocios que facilitó Mauricio Macri a su banda de deincuentes fueron fabulosos. El aumento de las tarifas de los servicios públicos favorecieron a unos pocos de esos amigos donde los Macri tuvieron, siempre, participación. Sería entorpecer la lectura de esta notuela enumerar los dislates (en realidad, actos planificados y ordenados) que actuó el “Mamerto”. El caso es que, recordemos: la Argentina enfrentó la pandemia sin ministerio de Salud y obviamente sin haberse invertido nada en la salud pública.
Así llega la candidatura de Alberto Fernández, elegido por Cristina aunque es una acomodaticia mentira aquello de que “con Cristina no se llegaba pero sin Cristina se perdía”, o algo así que inventó el presidente con la intención, me parece, de adquirir algún peso político para salir de su papel de palafrenero.
Entonces ¿qué pasó?
Que nos mintió. Y no porque imaginemos cosas inexistentes o tratemos de endilgarle actos horrendos producto de nuestro febril encono. No, para nada.
Todo lo que ha decidido en estos 7 meses que lleva apoyando sus nalgas en el sillón que nunca usó el jiboso Rivadavia, favoreció a los mismos que favorecía Macri. Se abrazó con ellos. Los reunió como adalides de la solución para nuestro devastado país.
Empezando por no haber impulsado la investigación seria, profunda, detallada, sobre la deuda adquirida por Macri y sus secuaces. Recuerdo que lo decía el hoy denominado “Alberverso”, eso de investigar porque había 87 mil millones de dólares que no se encontraban en ningún sitio, monto otorgado por la señora Christinne Lagard, muy amiga del corrupto y que fuera quien dijese lo de que “algo hay que hacer con los viejos”… Sumando a esto, que los préstamos (je) otorgados por el FMI fueron, gran parte, para la campaña proselitista y rompiendo o saltando las reglas, el reglamento del FMI para el otorgamiento de préstamos. Algo así como lo que hizo el impresentable de Gonzales Fraga como presidente de Banco Nación otorgando 400 millones de dólares a la ya entrada en cesación de pagos VICENTIN.
No investigó y mandando a este joven sospechoso como ministro de Economía a negociar toda la deuda, está convalidando la legalidad de una deuda ilegítima, ilegal y corrupta.
Tampoco hizo que el procurador presentara el pedidode prohibición de salida del país de todos los delincuentes que conformaron la asociación ilícita comandada por Macri. Así pudo fugarse, más rápido que rata que percibe que el barco se hunde, del “amigo del alma” del presidente corrupto, Caputo.
No ejerció, Alberto dijo, la soberanía declamada y bajó la cabeza y se hincó ante el FMI y los acreedores, en lugar de poner en funcionamiento la impresión de billetes para darle aire en billetes a los marginados todos –incluyendo clase media, artesanos, laburantes-. Nada.
Por eso, cuando escuchamos a Juan Perón hablar de los traidores, no podemos decir que Alberto lo sea porque el General se refería a los peronistas y el presidente, de peronista, ni la más mínima pátina. De todas maneras, sí es un traidor a quienes lo votamos –algunos ilusionados y otros, como fue mi caso, tragando este sapo con pelos que nos indicó Cristina. Huelga decir que es, para mí –y muchísimos- mi referente política, mi total líder del peronismo real, como lo ejerció ella y Néstor en los mejores y más dichosos 12 años que jamás viví en mi Patria.
¿Hay salvación? Se me rompió la bola de cristal, como dice la hermosa secretaria del juzgado en “El secreto de tus ojos”.  Aunque con el avance de la destructiva y abyecta derecha sometida a yanquiilandia a través de la Embajada de aquel lamentable país, y no menos sometida a otro lamentable país por estar gobernado por sionistas, como lo es Israel, la reacción debe ser contundente, aunque el mencionado Alberverso pretenda dialogar con quienes publican amenazas y abogan por actos criminales, como el pelele del diputado Iglesias, o la Bullrrich o el facineroso Cardoso.
Sin duda seremos los peronistas y muchos integrantes del frente los que pongamos coto y encerremos a esa gentuza que busca la desestabilización para cooptar la blandura y hacerse, aún más, del poder político por ahora circunscripto.
Que no lo duden que así será. Tal vez, para cuando se concrete, podremos vivir, luego, sin ninguna grieta. Casi como una vacuna…

Roberto Otero



jueves, 16 de julio de 2020

FLEXIBILIZACIÓN QUE APUNTA A ¿LA MANADA?



El resultado de los días pasados respecto a número de infectados y de muertes daría, para cualquiera que no conozca a las ratas argentinas que corren por los zócalos de la organización social, un diagnóstico único y definitivo: mantener a ultranza la cuarentena, estricta y sin flexibilidades perniciosas.

Sin embargo, la blandura de Alberto, rodeado en su propia casa por proto-roedores a los que se suman las avanzadas de los perdidosos eleccionarios comandados por un mafioso y una borracha, empujan a suponer que “habrá flexibilización”, a pesar de que todas las evidencias indican que NO.

No tan sutilmente, los odiadores y otras malezas venenosas avanzan a lograr que la blandura les permita penetrar la que se creía inexpugnable y reemplazarla por la teoría asesina de su mafioso jefe –que se niega a que le revisen el celular…- y que se conoce como la teoría de la manada. O sea, que salgamos todas y todos y que mueran quienes tengan que morir…

Tanto amor por el prójimo es casi inalcanzable para la mente común de quienes compartimos el mismo aire con la bestia.
Obvio que los medios coludidos que integran el oligopolio de la prensa infame, suman leña para que las llamas virtuales lleguen,tal vez, a chamuscarle las nalgas al presidente. Y éste, con la bonhomía o complicidad –no lo logro determinar finalmente- acepta esos avances asesinos con una sonrisa de abate Pierre…

Que quienes rodearon al presidente en Tucumán son la ralea hijoputa de los explotadores definitivos que poco les importa la Patria sino a través de las canonjías obtenibles en cada época. Fueron, ellos en persona o sus antecesores en la misma banda criminal no organizada pero operante, los que financiaron la dictadura genocida de 1976 .

Si se duda de esto, favor de repasar los hechos de aquella nefasta época, los obreros entregados a los asesinos y los campos clandestinos de detención que se montaron en determinadas industrias, como la Ford y la GM, o el gran apoyo de los delicadosBlaquier en Tucumán.

Todo lo dicho y lo más que se podría agregar es, para quien ocupa la presidencia de un Frente cuyo mentor fue el peronismo, algo tan claro y evidente como las luces de neón en la oscura noche de Chicago… Por lo que se hace también evidente que el presidente es de todo, menos peronista.

Aún así, bien podría asumir alguna honestidad intelectual al reconocer que lo que le dijera Hebe no es un exabrupto como lo califica la prensa sumisa de las corporaciones y comandada por Magnetto, sino, por el contrario, una verdad de a puño. Y uso esta figura ya que a alguien dentro del entorno del presidente no tuvo empacho en hablar de “un golpe en los dientes”.

Presidente, déjese de histeriquiar con quienes lo dejarán maltrecho en el medio del campo, desnudo y sin documentos. Asuma la verdadera defensa del pueblo y, por empezar, impulse el IMPUESTO (permanente) a los hipersuper millonarios aunque les duela a ellos, siempre tan angurrientos. Si no, que vean lo que propuso la hija de Walt Disney –billonaria en serio- respecto a pagar impuestos.
Confío en el pueblo (el cual integro obviamente) para que actúe con responsabilidad “por sí y por el otro” y sigan con estricto cumplimiento la cuarentena.

Un barbijo y seguimos…

Roberto Otero

miércoles, 15 de julio de 2020

PARANOIA, DETECCIÓN Y SÉ GUAL


Para quienes no tienen idea del “sé gual”, se refiere a la muletilla con la que remataba sus pseudo chistes o relatos pretendidamente graciosos, durante un programa de televisión en tiempos del gobierno genocida de Videla y otros múltiples cómplices. El personaje en cuestión era un “periodista” de “La Voz del Rioba” y concentraba en su decir el particular lenguaje de ciertos sectores sociales. Se llamaba Minguito Tinguitella en la acomodada ficción y Altavista en su carácter de actor. Agrego, para mí, que el “sé gual” como tantas otras muletillas que proferían en su programa, fueron elementos de sostén para los genocidas.

Vamos al título entonces
Paranoia ya, popularmente, sabemos que se le dice o los que evidencian una conducta permanentemente en guardia porque se sienten perseguidos, oobservados, espiados. La “persecuta”. Si bien la pandemia no es broma ni mucho menos, transmitir “persecuta” a la sociedad es impulsar el miedo y sabemos que con miedo, no se puede pensar bien.
Por otra parte, si lo analizamos un poco más, el miedo es control para quienes ejercen el trasitorio poder político. Y mucho más duradero, que no depende de la política para acceder, en los grupos hipermillonarios que se llevan el trabajo de los habitantes del mundo en el orden del 3 por ciento de alrededor de 7.7 mil millones de habitantes.
Para mantener vigente el miedo, es necesario que en los lugares donde no se registraron nunca infectados, aparezca alguno, como para justificar las medidas preventivas y coercitivas.
General Pirán
Nunca un infectado. Caramba, algo hay que hacer por aquí.
Así se mandaron al hospital piranense, a personas que tenían fiebre por diversas razones que no obedecían al maldito virus Covid 19. No obstante, la especie que circuló de inmediato fue: ”Hay un infectado por coronavirus”. ¿Resultado? Negativo. Uno tenía una fuerte gripe; otra, neumonía; otra, infección urinaria… Pero todas ellas fueron, de entrada y como especie circulante, definidas como “ojo, hay infectados de coronavirus”.
El otro caso es casi un paso de comedia. Un chico es operado del corazón. En el postoperatorio muestra un problema, previsibles, de ese período y luego de una maniobra quirúrgica delicada. O sea tuvo fiebre. Alguien lo denunció, por el comentario del padre en un quisco, y apareció el equipo de realizar testeos –me recuerdan la vieja serie y película: “Los Cazafantasmas”-. Mucho inflar el globo que se desinfla rápidamente luego del resultado. Pero en la calle se chimentaba: “El chico de Fulano tiene coronavirus”.

Coronel Vidal
La brigada de detección captura a un joven y lo chequea. Resultado: dicen que sí, que el resultado es positivo. ¡Sanbomba! O sea que al fin tenemos un infectado por Covid 19. Sí pero no tanto. O sea, déjeme que le explico.
El citado joven estuvo presencialmente, con 40 personas 40. Pues bien, siguiendo la táctica aplicable, se testea a esas 40 personas y ninguna da resultado positivo. ¡Recórcholis, qué ha sucedido?
Esperando la respuesta con no poca ansiedad, reconocemos, nos dicen los galenos que “Debido a la baja presencia de virus…” ¿Qué? O sea que por esa baja no contagió a ninguna de las otras 40 personas ¿Eso entendemos? Loparió.

La flexibilización tan buscada como ariete político por los defensores de la teoría de “la manada”.
Los resultados recabados en Provincia de Buenos Aires, en el AMBA y en la Capital Federal (ne CABA), si estuviéramos en plan lógico y preventivo, no debería de flexibilizarse nada.
Pero las razones políticas parecen borrar las buenas intenciones iniciales cuando se propuso la cuarentena.
La alternativa que dicen los que abrirán la manga es que “si los resultados son malos, volvemos atrás”. En el laboratorio es coherente el método de prueba-error. Lo que se pierde en cada intento serán insumos, tempo cerebral y horas-culo en las butacas. La diferencia –me parece- que se marca con el método de “si va mal, volvemos para atrás” es que en el medio de esa verificación habrá cadáveres que de no haberse flexibilizado nada, no estarían en esa condición pre-putrefacción.
El gobierno nacional debe ponerse tapones en los oídos y tampones en las suelas de sus zapatos. La cordialidad y la mancomunión es importante, sin duda, pero me parece que nadie puede “mancomunar” con quienes, a la postre, proponen líneas de acción que empujarán a ciudadanas y ciudadanos a un contagio seguro y al final incierto de esa infección.
Además, cargan las tintas con los números de infectados y muertos y resulta que vamos a la flexibilización. Me suena como rozando el borde de la esquizofrenia.
Esto no tiene fin. Por eso es lamentable, muy hijoputa, que TODOS los comunicadores televisivos y también en las radios, aludan al 17 como que se termina la cuarentena. “En estos últimos días de la carentena”, o “¿Qué harás cuando termine la cuarentena?”. Si sumamos ambas tendremos un panorama de lo que podrá ser.
Disculpen el tamaño de esta notuela.

Roberto Otero

lunes, 13 de julio de 2020


CAMPEROS: EL RENCOR POR OBLIGARLOS A CUMPLIR LA LEY


Hasta 1943, el conservadurismo hizo lo que quiso para acrecentar sus ganancias y negocios en el campo. Tierras fértiles, cosechas y ganado estupendo y exportable y esclavos de la gleba en lugar de peones en cada establecimiento agropecuario.
Los negocios eran el leit motiv de los oligarcas en el poder político al punto que se negaban a pagar impuestos porque, aducían, que no era lógico que se sometieran a tal succión de sus pingües ganancias cuando, en los hechos, ellos, los funcionarios de entonces, no necesitaban que les pagaran y para las inversiones de políticas activas del Estado (a favor de los desprotegidos y pobres) “podían esperar”.

La patada en el tablero fue impulsada por la decisión de esta gente de poner en la presidencia, para el siguiente período constitucional, a otro esquilmador del trabajador como lo fuera Robustiano Patrón Costas, el salteño dueño de “El Tabacal” que no pagaba a sus trabajadores porque estos no necesitaban dinero; él, con proveedurías, talleres y otras, les brindaba la atención mínima. Lo que consumían en esos negocios se anotaba en las famosas “libretas negras” y era, luego, descontado de los haberes. El resultado siempre exhibía que los trabajadores “estaban aduedando” diversas sumas…

La Revolución de 1943, que cortó esa infamia del “voto patriótico” al que el sinuoso Mitre, Bartolomé, adhería con fervor. Incluso, hasta el prócer con cara de vieja enojada, como Domingo Sarmiento, se abrió de su yunta con Mitre porque, adujo, era mucho el fraude que el dueño del pasquín para los oligarcas realizaba.

Allí, en 1943, aparece el coronel Juan Perón, como representante del GOU y se ubica en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.
Desde ese estratégico lugar funcionarial, conocedor de muchos de los problemas acuciantes que castigaban al trabajador, destaca los del peón rural, los trabajadores “del campo”. Y puesto a actuar, general el Estatuto Peón Rural que surge como decreto del PEN nro. 28.169 de 1944.

Esta normativa fijó por primera vez, para todo el territorio de la república, condiciones de trabajo humanitarias para los asalariados rurales no transitorios, entre ellas: salarios mínimos, descanso dominical, vacaciones pagas, estabilidad, condiciones de higiene y alojamiento. Este decreto fue ratificado por la ley ómnibus 12.921 y reglamentado por el decreto 34.147 del año 1949.
Ese Estatuto fue un golpe en el corazón de billetes de curso legal en los camperos. ¿Tratar a los peones como seres humanos iguales y, encima, con derechos? ¡Pero habráse visto!

Para colmo, tras cartón, la ciudad de Mar del Plata, que había sido conservada por la oligarquía como una “quinta de verano”, comenzó a poblarse de trabajadores de todos los gremios; se abrieron hoteles, hubo un flujo importante y creciente de “chusma” que ejercieron el derecho de gozar de las playas, del mar, de todo lo que la villa de veraneo podía brindarles, y con mayor potencia, a medida que pasaban los años y el censo marcaba el notable crecimiento de población estable (que no todos eran veraniantes de los 4 meses del verano-otoño).

Los modos, las formas, la vestimenta, el lenguaje de ese magma fue inaguantable para las señoras de esa oligarquía que con sabiduría bautizó J.L.Torres como “La Oligarquía maléfica”.
Pero bochar al conservadurismo del poder, a Patrón Costas como canditato puesto y el Estatuto del Peón Rural significó el germen, la semilla del antiperonismo a ultranza. Tambièn le produjo, a esa oligarquía herida en su falso orgullo, la necesidad de entregarse aún más al poder foráneo, al punto de aliarse con la Embajada de Estados Unidos de Norteamérica en la persona del titular de la misma, Spruille Braden y conformar con éste, como conductor “de afuera”, la Unión Democrática con la que suponían poder vencer a Perón-Quijano en las elecciones de 1946.

Aunque “la grieta” existe desde antes, con Federales y Unitarios o entre entreguistas a Inglaterra y los Nacionales.

Por esto es que los títeres del campo como los gerentes locales de las hectáreas entregadas, son tan fervorosos antiperonistas y, desde 2007, anticristinistas.

Son como los patos criollos, hay que tenerlos a la vista pero no darles importancia. Eso sí, en cuanto se desvíen, como recomendaba Sarmiento desde EEUU aprobando la constitución pro-bancos de 1846, “aplicarles los reglamentos, la policía y los jueces”.

Terminemos de una vez con esas mentes colonizadas e intenciones manifiestas de sumisión. Argentina requiere de mujeres y de hombres con coraje y nacionalismo y no fatuos perfumados que inventan sus hazañas en la barra del Jockey.

Roberto Otero

Guatemala: La dictadura perfecta Por Carolina Vásquez Araya

Si Guatemala ha cruzado por abusos extremos contra su pueblo, con un conflicto armado interno por más de cuatro décadas y el atroz genocidio contra los pueblos indígenas, hoy enfrenta una de las pruebas más duras y definitorias de su historia reciente. Atrapados en un sistema que no deja espacio alguno a la participación ciudadana, los guatemaltecos observan cómo –gracias a un pacto perverso- las cúpulas empresariales y políticas echan por tierra, con el respaldo del ejército, todo viso de institucionalidad y prácticamente declaran el establecimiento de otra dictadura más a esa historia plagada de delitos contra el pueblo.
El presidente no preside. Es un títere del sector empresarial organizado que ha secuestrado el poder por décadas a través de una entidad desde la cual utiliza toda clase de mecanismos para proteger sus privilegios, a costa del desarrollo del país. Mientras tanto, el sector político se aferra a una ley electoral y de partidos políticos, LEPP, elaborada con toda la intención de impedir una elección verdaderamente popular y democrática de las autoridades; y para garantizar la continuidad de un sistema podrido hasta la médula. De ese modo han sido capaces de retorcer la justicia apoderándose de las cortes, así como establecer pactos con el Departamento de Estado con el propósito de evitar la “amenaza” de un cambio de dirección política hacia un sistema más justo.
El panorama de hoy pone la cereza sobre ese pastel al confinar a la ciudadanía frente a la amenaza de un contagio viral. El pacto de corruptos tiene la mesa servida para ejecutar –literalmente- toda clase de maniobras con la finalidad de eliminar de un golpe la sombra de democracia que aún resiste. El escenario en ese país se asemeja a las peores catástrofes humanitarias de países en guerra. Las inmensas sumas de dinero procedentes del narcotráfico blindan a ciertos políticos contra cualquier intento de depuración y se filtran fácilmente hacia el sistema jurídico con el fin de evitar un intento de frenar sus abusos.
La parálisis ciudadana se ve hoy agravada por la enfermedad y la muerte. Carentes de atención sanitaria de calidad –y, peor aún, carentes del todo en gran parte del territorio- millones de personas están condenadas a su suerte por orden presidencial. El gobierno, incapaz de ejecutar los fondos destinados a atender a la población y establecer medidas de contención contra la pandemia, se declara abiertamente incompetente y la deja abandonada a su suerte. En un país en donde la miseria ha sido política de Estado y en donde más de la mitad de la población infantil padece desnutrición crónica, los efectos del coronavirus se asemejan a un incendio devastador. Solo cenizas quedarán.
El cinismo de los gobernantes –desde los tres poderes del Estado- es una realidad contra la cual no se observa reacción alguna del pueblo, más que la frustración y la ira expresadas en redes sociales. Sin embargo, esa ira acumulada no tiene una salida efectiva debido a la división cultural, social, económica y étnica de la ciudadanía; y debido también a que se la ha privado de acceso a una educación de calidad capaz de prestarle herramientas de análisis. Esto último ha permitido la infiltración de entidades desde las cuales se la ha convencido de que la salvación reside en la fe. Una manipulación espiritual convertida en pingüe negocio para las iglesias pentecostales. Hoy, el pueblo necesita recuperar la dignidad que le han arrebatado durante su historia y para ello requiere valor, pero sobre todo comprender la importancia de su papel en ese proceso.

Un Estado capturado por la corrupción deja de ser legítimo.

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