Para quienes no tienen
idea del “sé gual”, se refiere a la muletilla con la que remataba sus pseudo
chistes o relatos pretendidamente graciosos, durante un programa de televisión
en tiempos del gobierno genocida de Videla y otros múltiples cómplices. El
personaje en cuestión era un “periodista” de “La Voz del Rioba” y concentraba
en su decir el particular lenguaje de ciertos sectores sociales. Se llamaba
Minguito Tinguitella en la acomodada ficción y Altavista en su carácter de
actor. Agrego, para mí, que el “sé gual” como tantas otras muletillas que proferían
en su programa, fueron elementos de sostén para los genocidas.
Vamos al título entonces
Paranoia ya,
popularmente, sabemos que se le dice o los que evidencian una conducta
permanentemente en guardia porque se sienten perseguidos, oobservados,
espiados. La “persecuta”. Si bien la pandemia no es broma ni mucho menos,
transmitir “persecuta” a la sociedad es impulsar el miedo y sabemos que con miedo,
no se puede pensar bien.
Por otra parte, si lo
analizamos un poco más, el miedo es control para quienes ejercen el trasitorio
poder político. Y mucho más duradero, que no depende de la política para
acceder, en los grupos hipermillonarios que se llevan el trabajo de los
habitantes del mundo en el orden del 3 por ciento de alrededor de 7.7 mil
millones de habitantes.
Para mantener vigente
el miedo, es necesario que en los lugares donde no se registraron nunca
infectados, aparezca alguno, como para justificar las medidas preventivas y
coercitivas.
General Pirán
Nunca un infectado.
Caramba, algo hay que hacer por aquí.
Así se mandaron al
hospital piranense, a personas que tenían fiebre por diversas razones que no
obedecían al maldito virus Covid 19. No obstante, la especie que circuló de
inmediato fue: ”Hay un infectado por coronavirus”. ¿Resultado? Negativo. Uno
tenía una fuerte gripe; otra, neumonía; otra, infección urinaria… Pero todas
ellas fueron, de entrada y como especie circulante, definidas como “ojo, hay
infectados de coronavirus”.
El otro caso es casi un
paso de comedia. Un chico es operado del corazón. En el postoperatorio muestra
un problema, previsibles, de ese período y luego de una maniobra quirúrgica
delicada. O sea tuvo fiebre. Alguien lo denunció, por el comentario del padre
en un quisco, y apareció el equipo de realizar testeos –me recuerdan la vieja
serie y película: “Los Cazafantasmas”-. Mucho inflar el globo que se desinfla
rápidamente luego del resultado. Pero en la calle se chimentaba: “El chico de
Fulano tiene coronavirus”.
Coronel Vidal
La brigada de detección
captura a un joven y lo chequea. Resultado: dicen que sí, que el resultado es
positivo. ¡Sanbomba! O sea que al fin tenemos un infectado por Covid 19. Sí
pero no tanto. O sea, déjeme que le explico.
El citado joven estuvo
presencialmente, con 40 personas 40. Pues bien, siguiendo la táctica aplicable,
se testea a esas 40 personas y ninguna
da resultado positivo. ¡Recórcholis, qué ha sucedido?
Esperando la respuesta
con no poca ansiedad, reconocemos, nos dicen los galenos que “Debido a la baja presencia de virus…” ¿Qué? O
sea que por esa baja no contagió a ninguna de las otras 40 personas ¿Eso
entendemos? Loparió.
La flexibilización tan buscada como ariete político
por los defensores de la teoría de “la manada”.
Los resultados
recabados en Provincia de Buenos Aires, en el AMBA y en la Capital Federal (ne CABA), si estuviéramos en plan lógico
y preventivo, no debería de
flexibilizarse nada.
Pero las razones políticas
parecen borrar las buenas intenciones iniciales cuando se propuso la
cuarentena.
La alternativa que
dicen los que abrirán la manga es que “si los resultados son malos, volvemos
atrás”. En el laboratorio es coherente el método de prueba-error. Lo que se
pierde en cada intento serán insumos, tempo cerebral y horas-culo en las
butacas. La diferencia –me parece- que se marca con el método de “si va mal,
volvemos para atrás” es que en el medio de esa verificación habrá cadáveres que
de no haberse flexibilizado nada, no estarían en esa condición
pre-putrefacción.
El gobierno nacional
debe ponerse tapones en los oídos y tampones en las suelas de sus zapatos. La
cordialidad y la mancomunión es importante, sin duda, pero me parece que nadie
puede “mancomunar” con quienes, a la postre, proponen líneas de acción que
empujarán a ciudadanas y ciudadanos a un contagio seguro y al final incierto de
esa infección.
Además, cargan las
tintas con los números de infectados y muertos y resulta que vamos a la
flexibilización. Me suena como rozando el borde de la esquizofrenia.
Esto no tiene fin. Por
eso es lamentable, muy hijoputa, que TODOS los comunicadores televisivos y también
en las radios, aludan al 17 como que se termina la cuarentena. “En estos
últimos días de la carentena”, o “¿Qué harás cuando termine la cuarentena?”. Si
sumamos ambas tendremos un panorama de lo que podrá ser.
Disculpen el tamaño de
esta notuela.
Roberto Otero
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