miércoles, 15 de julio de 2020

PARANOIA, DETECCIÓN Y SÉ GUAL


Para quienes no tienen idea del “sé gual”, se refiere a la muletilla con la que remataba sus pseudo chistes o relatos pretendidamente graciosos, durante un programa de televisión en tiempos del gobierno genocida de Videla y otros múltiples cómplices. El personaje en cuestión era un “periodista” de “La Voz del Rioba” y concentraba en su decir el particular lenguaje de ciertos sectores sociales. Se llamaba Minguito Tinguitella en la acomodada ficción y Altavista en su carácter de actor. Agrego, para mí, que el “sé gual” como tantas otras muletillas que proferían en su programa, fueron elementos de sostén para los genocidas.

Vamos al título entonces
Paranoia ya, popularmente, sabemos que se le dice o los que evidencian una conducta permanentemente en guardia porque se sienten perseguidos, oobservados, espiados. La “persecuta”. Si bien la pandemia no es broma ni mucho menos, transmitir “persecuta” a la sociedad es impulsar el miedo y sabemos que con miedo, no se puede pensar bien.
Por otra parte, si lo analizamos un poco más, el miedo es control para quienes ejercen el trasitorio poder político. Y mucho más duradero, que no depende de la política para acceder, en los grupos hipermillonarios que se llevan el trabajo de los habitantes del mundo en el orden del 3 por ciento de alrededor de 7.7 mil millones de habitantes.
Para mantener vigente el miedo, es necesario que en los lugares donde no se registraron nunca infectados, aparezca alguno, como para justificar las medidas preventivas y coercitivas.
General Pirán
Nunca un infectado. Caramba, algo hay que hacer por aquí.
Así se mandaron al hospital piranense, a personas que tenían fiebre por diversas razones que no obedecían al maldito virus Covid 19. No obstante, la especie que circuló de inmediato fue: ”Hay un infectado por coronavirus”. ¿Resultado? Negativo. Uno tenía una fuerte gripe; otra, neumonía; otra, infección urinaria… Pero todas ellas fueron, de entrada y como especie circulante, definidas como “ojo, hay infectados de coronavirus”.
El otro caso es casi un paso de comedia. Un chico es operado del corazón. En el postoperatorio muestra un problema, previsibles, de ese período y luego de una maniobra quirúrgica delicada. O sea tuvo fiebre. Alguien lo denunció, por el comentario del padre en un quisco, y apareció el equipo de realizar testeos –me recuerdan la vieja serie y película: “Los Cazafantasmas”-. Mucho inflar el globo que se desinfla rápidamente luego del resultado. Pero en la calle se chimentaba: “El chico de Fulano tiene coronavirus”.

Coronel Vidal
La brigada de detección captura a un joven y lo chequea. Resultado: dicen que sí, que el resultado es positivo. ¡Sanbomba! O sea que al fin tenemos un infectado por Covid 19. Sí pero no tanto. O sea, déjeme que le explico.
El citado joven estuvo presencialmente, con 40 personas 40. Pues bien, siguiendo la táctica aplicable, se testea a esas 40 personas y ninguna da resultado positivo. ¡Recórcholis, qué ha sucedido?
Esperando la respuesta con no poca ansiedad, reconocemos, nos dicen los galenos que “Debido a la baja presencia de virus…” ¿Qué? O sea que por esa baja no contagió a ninguna de las otras 40 personas ¿Eso entendemos? Loparió.

La flexibilización tan buscada como ariete político por los defensores de la teoría de “la manada”.
Los resultados recabados en Provincia de Buenos Aires, en el AMBA y en la Capital Federal (ne CABA), si estuviéramos en plan lógico y preventivo, no debería de flexibilizarse nada.
Pero las razones políticas parecen borrar las buenas intenciones iniciales cuando se propuso la cuarentena.
La alternativa que dicen los que abrirán la manga es que “si los resultados son malos, volvemos atrás”. En el laboratorio es coherente el método de prueba-error. Lo que se pierde en cada intento serán insumos, tempo cerebral y horas-culo en las butacas. La diferencia –me parece- que se marca con el método de “si va mal, volvemos para atrás” es que en el medio de esa verificación habrá cadáveres que de no haberse flexibilizado nada, no estarían en esa condición pre-putrefacción.
El gobierno nacional debe ponerse tapones en los oídos y tampones en las suelas de sus zapatos. La cordialidad y la mancomunión es importante, sin duda, pero me parece que nadie puede “mancomunar” con quienes, a la postre, proponen líneas de acción que empujarán a ciudadanas y ciudadanos a un contagio seguro y al final incierto de esa infección.
Además, cargan las tintas con los números de infectados y muertos y resulta que vamos a la flexibilización. Me suena como rozando el borde de la esquizofrenia.
Esto no tiene fin. Por eso es lamentable, muy hijoputa, que TODOS los comunicadores televisivos y también en las radios, aludan al 17 como que se termina la cuarentena. “En estos últimos días de la carentena”, o “¿Qué harás cuando termine la cuarentena?”. Si sumamos ambas tendremos un panorama de lo que podrá ser.
Disculpen el tamaño de esta notuela.

Roberto Otero

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