EL
DESENGAÑO
Cuando leo
que a quienes criticamos los pasos que viene dando Alberto Fernández nos tildan
de hacerle daño al Gobierno que él encabeza, probablemente no sean, los
acusadores, peronistas. O tal vez se olvidaron, por la pandemia, el encierro o
el miedo, que lo que él dijera durante toda la campaña. Claro está que durante
ese interregno tenía, como pilar fortísimo, la presencia de Cristina. A lo
mejor decía lo que dijo porque, entre otras cosas, le sumaba votos y, de paso, “hacía
buena letra” ante quien le eligió para el cargo que hoy ostenta.
Sin embargo
todos y todas tenemos crueles experiencias sobre lo que devino presidencia y
acción en casos no tan lejanos. Mencionar al riojano, con ese acto de
sinceridad u obligación relacional cuando dijo aquello de que “si decía lo que
iba a hacer, no me votaba nadie”; es cierto, teniendo a los Alsogaray en
primera fila funcionarial y como intermediario-comisionista del crédito por 400
millones de dólares que sumó rápidamente a la Deuda Externa argentina, vilmente
mezclada con la deuda externa privada por la jugada del nefasto Domingo Cavallo
cuando éste era Presidente del Banco Central de la República Argentina en
tiempos dela dictadura genocida y el ministro de Economía era José Alfredo
Martínez de Hoz. Esa jugarreta sumó deuda a la deuda externa púbilca y nos hizo pagar los créditos insolventes de
amigos del poder dictatorial cuyos fondos salían, como de un dique quebrado,
del Banco Nacional de Desarrollo (BANADE).
Luego, De
la Rúa, también con el mencionado Cavallo como mentor del desastre, y el
Blindaje y “lo lindo que es dar buenas noticias”, que culminó en el corralito y
el corralón, sumándose una pueblada cuasi aristocrática de los inversores de
fondos en variopintos bancos que salieron con cacerolas a ensordecer; más de 30
muertos a cargo de la Policía Federal y otras fuerzas de segura represión
lanzadas a la calle por orden del Presidente (De la Rúa, recordemos), el
manotazo de pretender dictar el “Estado de Sitio” y la fuga en el helicóptero
desde la terraza de la Casa de Gobierno.
Pero la
banca no perdió y los financistas y cuervos locales tampoco. Desaparecido de
escena de Del la Rúa, se sucedieron cinco presidentes que concluyeron en poner,
por decisión de la Asamblea Legislativa, al sinuoso y altamente sospechado de
mucho, Eduardo Duhalde, al que se lo mencionaba, entre los perucas como “Tachuela”
por el formidable desarrollo de que cavidad craneana (es fácil entender el
apodo). Fue el garantizador de que los que tenían el poder económico –que son
los mismos que ahora…-, cobraran en forma y con ventajas. Ahí establece, este
despreciable personaje, el favoritismo al Grupo Clarín con el cambio acomodado
del dólar que les sirvió para acrecentar su ganancia. También se le debe el
asesinato de Kosteki y Santillán, en el Puente Pueyrredón a manos de la “mejor
policía”, había dicho el sujeto en referencia a la Bonaerense; así como el veto
a la ley de la subversión económica (a pedido de la Embajada de Estados Unidos…).
Néstor
Kirchner fue un cohete que le explotó en la mano al “Cabeza de Lomas”. Algunos recordamos
que cuando se avanzaba en los primeros días de las elecciones y por las que
habría “segunda vuelta” sin pensar que el riojano se iría al mazo, en una
especie de SUM en Río Gallegos, el casi presidente Kirchner con apenas 22 por
ciento de los votos, reunida la militancia de fierro en aquel recinto, dijo
claramente que “ahora tenemos que ir por el verdadero enemigo”. Casi todos pensamos que se refería a alguien
del radicalismo o de la derecha cuasi oculta. Uno le preguntó: “¿Quièn?” y la respuesta
fue apabullante: “Duhalde”. Sabio, digo yo, ahora –y ante-, sabio y conocedor.
Pero el caso es que Nestor, con el cuaderno que llevaba diariamente consigo y
donde anotaba cada movimiento económico que se realizaba, logró llevar a
nuestra Argentina a librarse del FMI, pagarle al Grupo de París y con Cristina,
a cerrar con el 93 por ciento de los acreedores con notables quitas. Quedaron
los buitres, ese 7 por ciento que, finalmente y con un arreglo de previo, le
pagó el apátrida de Mauricio Macri, unos meses después del 10 de diciembre de
2015.
Los 4 años
que sucedieron a la presidencia de Cristina fueron oprobiosos. Prácticamente el
desguace del motor productivo de la Argentina y la destrucción del mercado
interno. Los negocios que facilitó Mauricio Macri a su banda de deincuentes
fueron fabulosos. El aumento de las tarifas de los servicios públicos
favorecieron a unos pocos de esos amigos donde los Macri tuvieron, siempre,
participación. Sería entorpecer la lectura de esta notuela enumerar los
dislates (en realidad, actos planificados y ordenados) que actuó el “Mamerto”.
El caso es que, recordemos: la Argentina enfrentó la pandemia sin ministerio de
Salud y obviamente sin haberse invertido nada en la salud pública.
Así llega
la candidatura de Alberto Fernández, elegido por Cristina aunque es una
acomodaticia mentira aquello de que “con Cristina no se llegaba pero sin
Cristina se perdía”, o algo así que inventó el presidente con la intención, me
parece, de adquirir algún peso político para salir de su papel de palafrenero.
Entonces ¿qué pasó?
Que nos
mintió. Y no porque imaginemos cosas inexistentes o tratemos de endilgarle
actos horrendos producto de nuestro febril encono. No, para nada.
Todo lo que
ha decidido en estos 7 meses que lleva apoyando sus nalgas en el sillón que
nunca usó el jiboso Rivadavia, favoreció a los mismos que favorecía Macri. Se
abrazó con ellos. Los reunió como adalides de la solución para nuestro
devastado país.
Empezando
por no haber impulsado la investigación seria, profunda, detallada, sobre la
deuda adquirida por Macri y sus secuaces. Recuerdo que lo decía el hoy
denominado “Alberverso”, eso de investigar porque había 87 mil millones de
dólares que no se encontraban en ningún sitio, monto otorgado por la señora
Christinne Lagard, muy amiga del corrupto y que fuera quien dijese lo de que “algo
hay que hacer con los viejos”… Sumando a esto, que los préstamos (je) otorgados
por el FMI fueron, gran parte, para la campaña proselitista y rompiendo o
saltando las reglas, el reglamento del FMI para el otorgamiento de préstamos.
Algo así como lo que hizo el impresentable de Gonzales Fraga como presidente de
Banco Nación otorgando 400 millones de dólares a la ya entrada en cesación de
pagos VICENTIN.
No
investigó y mandando a este joven sospechoso como ministro de Economía a
negociar toda la deuda, está convalidando la legalidad de una deuda
ilegítima, ilegal y corrupta.
Tampoco
hizo que el procurador presentara el pedidode prohibición de salida del país de
todos los delincuentes que conformaron la asociación ilícita comandada por
Macri. Así pudo fugarse, más rápido que rata que percibe que el barco se hunde,
del “amigo del alma” del presidente corrupto, Caputo.
No ejerció,
Alberto dijo, la soberanía declamada y bajó la cabeza y se hincó ante el FMI y
los acreedores, en lugar de poner en funcionamiento la impresión de billetes
para darle aire en billetes a los marginados todos –incluyendo clase media,
artesanos, laburantes-. Nada.
Por eso,
cuando escuchamos a Juan Perón hablar de los traidores, no podemos decir que
Alberto lo sea porque el General se refería a los peronistas y el presidente,
de peronista, ni la más mínima pátina. De todas maneras, sí es un traidor a
quienes lo votamos –algunos ilusionados y otros, como fue mi caso, tragando
este sapo con pelos que nos indicó Cristina. Huelga decir que es, para mí –y muchísimos-
mi referente política, mi total líder del peronismo real, como lo ejerció ella
y Néstor en los mejores y más dichosos 12 años que jamás viví en mi Patria.
¿Hay
salvación? Se me rompió la bola de cristal, como dice la hermosa secretaria del
juzgado en “El secreto de tus ojos”.
Aunque con el avance de la destructiva y abyecta derecha sometida a
yanquiilandia a través de la Embajada de aquel lamentable país, y no menos
sometida a otro lamentable país por estar gobernado por sionistas, como lo es
Israel, la reacción debe ser contundente, aunque el mencionado Alberverso
pretenda dialogar con quienes publican amenazas y abogan por actos criminales,
como el pelele del diputado Iglesias, o la Bullrrich o el facineroso Cardoso.
Sin duda
seremos los peronistas y muchos integrantes del frente los que pongamos coto y
encerremos a esa gentuza que busca la desestabilización para cooptar la
blandura y hacerse, aún más, del poder político por ahora circunscripto.
Que no lo
duden que así será. Tal vez, para cuando se concrete, podremos vivir, luego,
sin ninguna grieta. Casi como una vacuna…
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