lunes, 20 de enero de 2020

VIAJE SIN RETORNO




Uno puede entender las actitudes románticas de algunxs o los berrinches de otrxs, siempre que auellxs y estxs no tengan responsabilidades institucionales. Pero cuando el estremecimiento se da en un presidente, aún de una república devaluada y esquilmada, las cosas comienzan a no estar bien.

Que Alberto Fernández –a la sazón el presidente al que aludimos arriba—viaje a Israel es como escupir sobre el asado listo para servir u orinar en el barril de cerveza. ¿Tiene consciencia, este señor, de lo que Israel es y significa en Oriente Próximo? ¿Y para el resto del mundo?

Israel, por un judío de renombre y moralmente intachable, fue bautizado con el lamentable mote de “estado criminal de guerra”, justamente por la ocupación de territorios palestinos y la desigualdad entre lo que los sionistas israelitas poseen en armamento y lo que los palestinos tienen para defenderse. O sea, no es una guerra, es un genocidio al mejor estilo nazi. Y Noam Chomsky lo define claramente, con la tranquilidad de que no le podrán decir ni antisemita ni antijudío –las dos muletillas que la propaganda sionista utiliza para denostar a los críticos de sus formas y acusadores de sus crímenes--.

¿Qué tiene que hacer nuestro presidente en Israel? Solamente se nos ocurre el acto de hincarse –por enésima vez—ante los judíos que, tras el telón, gobiernan yanquilandia y que son, a futuro, los que decidirán si acuerdan o no con la Argentina desde el F.M.I.

Suponemos –es de esperar—que, además de la lamida de pies no agregue a su “visita” la compra de más material bélico o de electrónica espía como la lábil Bullrrich realizó en tiempos de la banda depredadora y salteadora de nuestra república.

De todos modos, se lo mire como se lo mire, da verdaderamente asco que Fernández viaje a Israel ¿A qué? Por favor. En lugar de viajar donde habrá soluciones a la situación que el macrismo apátrida nos dejó, como Rusia y China. Pero, claro, como aflojamos el cinturón con los yanquis, ir a “visitar” a sus enemigos comerciales sería un sacrilegio.

De paso, con este viaje realmente de mierda, anotará un punto ¿a favor? De la posición ante la República de Irán. Así como el inepto canciller que nos metió Fernández, que no acusó gravemente la acción terrorista yanqui en el asesinato del general Soleimani, ni, de plano, rechazó el golpe de estado y genocidio que llevan adelante los militares bolivianos comandados por la CIA, del mismo modo el presidente va a la cueva del sionismo para meternos en un conflicto de magnitud. Pero hay que ser…

¿Se creen que vamos a saborear el dulce de ver a Cristina Presidenta durante la ausencia de Fernández y con ello estaremos contentos y distraídos? Muy poco a cambio de mucho que, sin pedir permiso ni tener ningún aval, Fernández entrega con este viaje, repetimos, de mierda.

Roberto Otero

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