Jorge Rachid
A
pocos menos de 7 meses de gobierno nacional, elegido por el pueblo, enfrentando
primero dos tragedias institucionales, económico
sociales, como son la deuda externa que arrebata soberanía nacional, en la toma
de decisiones y además el dolor social inmenso del hambre de millones de
argentinos, pobreza, desocupación y exclusión social, se le agregó a los 90
días de ejercicio presidencial, la Pandemia mundial, que sacudió las raíces
mismas del sistema neoliberal, injusto y brutal, dominante globalmente.
Pese a esas
circunstancias descriptas, hay un sector pétreo de la población, alentada por
factores endógenos y exógenos, que propician un nuevo avasallamiento de los
mecanismos institucionales del país, a través de llamados al odio, la revancha,
la confrontación por sí misma y el linchamiento mediático, de aquellos
argentinos, mayorías sin dudas, al calor de las últimas elecciones, que dijeron
que quieren construir un país más justo.
Poco le importa a la
reacción conservadora, que ampara los saqueadores del país, la entrega de la
Patria al coloniaje, el dolor de las mayorías populares e incluso poco les
importa la vida humana, al propiciar una embestida contra la Cuarentena, único
remedio conocido para combatir el virus. Son capaces de poner en riesgo la
salud de los argentinos, son tan irresponsables como para llevar a la Argentina
a una verdadera confrontación civil, se referencian en la maniobra del
presidente auto designado en Venezuela, al intentar colocar al gobierno, como
contrario a la libertad de expresión, a las libertades individuales, al
autoritarismo y como desconociendo la democracia. Con esos argumentos, en
Latinoamérica, EEUU instrumentó golpes judiciales, parlamentarios y militares,
como recientemente en Bolivia, cuando los otros instrumentos no alcanzaron.
Entonces el Preámbulo
de la Constitución, no les alcanza con aquellos de que el pueblo no delibera ni
gobierna, sino a través de sus representantes, porque en realidad poco les
importó siempre, el marco institucional del país, cuando de la defensa de sus
propios privilegios se trataba. En efecto no dudaron en bombardear Plaza de
Mayo para matar a Perón, ni masacrar miles de argentinos en cada dictadura
militar, ni fusilar a sus camaradas que se oponían, ni desaparecer 30 mil
compatriotas jóvenes, ni robar bebés, ni quedarse con empresas bajo torturas.
Cuando fueron gobierno, como en los últimos 4 años, repitieron el modelo, al
perseguir y encarcelar opositores, armar causas penales con servicios secretos,
hacer inteligencia sobre la política propia y ajena, sin privarse de conculcar
derechos esenciales, bajo extorsión de jueces y fiscales cómplices, con sus
secuelas de muerte y dolor, familiares y sociales.
Entonces ahora, que
supuestamente deberían fungir como oposición democrática, eligen el camino
golpista y destituyente, alejado de la instituciones que dicen defender y eso
sucede, porque responden a guiones redactados en alguna embajada, con manual de
contra insurgencia, como si el pueblo votando, fuese una fuerza terrorista. La
cacerola reemplaza al voto, ya no le alcanza su representación parlamentaria,
que no quieren desplegar en la discusión, quieren acabar cuanto antes, con su
pesadilla de saber que se le van cercenando privilegios, aquellas situaciones
que habían hecho del Estado Nacional su propio patrimonio, como lo hicieron
históricamente las oligarquías argentinas, desde Rivadavia y Mitre en adelante.
Es cuando despliegan
sus maniobras golpistas, que nos pueden llevar a puertos inimaginables, de
violencia y confrontación, entre pueblo y oligarquía, entre Patria o Colonia,
entre Liberación o Dependencia. Es la histórica referencia de la disputa, que
socialmente se resuelve con democracia, un pacto de convivencia que nos permite
vivir en paz, hoy puesta en riesgo inminente por estos sectores, que no
soportan el voto del pueblo, cuando éste intenta recuperar derechos conculcados
por el neoliberalismo brutal e inhumano.
En medio de una lucha
común, solidaria y abnegada de miles de argentinos, que arriesgan sus vidas,
para que todos vivamos, en ésta lucha contra una Pandemia, que hizo renacer lo
mejor de nosotros mismos, como Comunidad Organizada, en un objetivo común de
pasar esta situación, con el menor daño social y económico posible, como en
todas las guerras, pero estos sectores despliegan su perversidad canalla, anti
popular y reaccionaria, que aprovecha la situación de cumplimiento de la
Cuarentena, para avanzar impunemente en la expresión callejera, que siempre fue
patrimonio del pueblo trabajador.
Si algunos creen que
pueden seguir ese camino, sin que se levanten las fuerzas nacionales y
populares a defender el gobierno, pero esencialmente a defender su destino como
Pueblo y Patria, que ha sido arrebatada, por un puñado de cómplices del
coloniaje, de cipayos entrenados en su alineamiento automático a las órdenes de
EEUU y su estrategia, de conservar a como dé, su patio trasero, que siempre
abona para su disgregación y fragmentación, ya que la reconstrucción de la
Patria Grande, hará posible, en forma definitiva, la expulsión de las garras
imperiales de América Latina.
Esa obra será
producto del pueblo único sujeto que construye la historia y que ha determinado
un camino soberano, justo y libre de tutelajes, para nuestro país y la región.

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