Los médicos que, en el Norte de Italia, se negaron a seguir la manda de no realizar autopsias a los fallecidos supuestamente por SarcoVo2 o Covid 19, entendieron, sin ser forenses, pero sí clínicos experimentados, que “el cadáver habla”.
Esos
médicos constataron, entonces, una vez realizadas las necropsias, que esos
muertos habían sufrido una inflamación violenta que afectó sus sangres. Éstas
se densificaron, como que engordaron
los glóbulos rojos y, por ende, no pudieron realizar el intercambio de gasas
vitales para la vida humana. O sea, expeler Dióxido de Cabono (CO2) y otros
deshechos e inspirar oxígeno. Esto se produjo –esa imposibilidad- por el grosor
de los glóbulos rojos que no pudieron penetrar en los alvéolos pulmonares que, justamente,
están para eso mismo: intercambio de gases tóxicos por oxígeno.
Fue
constatar, por ello, que los alvéolos estaban bloqueados, tapados por esa
sangre “gruesa” o “engordada”. Como terapéutica aplicada, cuando se constataba
que no les llegaba oxígeno a sus pulmones, fue la imposición de respiradores. De modo que insuflaron
aire dentro de esos pulmones, que no podían trasladar el oxígeno a la sangre
por lo que quedó dicho, y fue, tal vez sin proponérselos, como acelerar sus
muertes. Algo así como inflar un globo al límite de la elasticidad del material
y, finalmente, explota.
Por
otro lado, los tratamientos del protocolo
de la OMS fueron inútiles en el primer tramo de los afectados, en lugar de
haberse aplicado antiinflamatorios, anticoagulantes y antibióticos específicos
en caso de detectarse una neumonía bilateral.
Con el
citado tratamiento, los médicos que desobedecieron la increíble prohibición de
la OMS –no sólo de no realizar autopsias sino, y además, de cremar los cuerpos-,
comenzaron a aplicar el tratamiento correcto, incluso como prevención. El caso
es que obtuvieron el 100 por ciento de recuperación de todos los afectados por
el famoso bicho. Como resultado, las muertes –que sacudían el Norte de Italia
de un modo atroz- descendieron en número a causa de infecciones verificadas el
Covid19.
¿Cómo se supo esto?
Gracias
a la entrevista que realizara el colega Fernando Ferrari al iniciador de la
justa rebelión de las no-autopsias: el doctor Pasquale Baccio quien con su valentía personal y teniendo en cuenta el
primer consejo de Hipócrates, “No dañar”, salvó cientos de vidas que, de
haberse mantenido el sospechosamente erróneo protocolo de la OMS, habrían,
indefectiblemente, muerto.
Fue el
doctor Baccio, casi al final de la entrevista quien dijo que “La
OMS debe cargar en su conciencia con todas estas muertes.”
Invito
a los lectores a buscar en la Internet Tertulias
Liberales del mencionado colega Fernando Ferrari, donde encontrarán el
ámbito cierto de libertad y de lógica ante esta PLANDEMIA.
Roberto
Otero
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