Empecemos por afirmar que estamos totalmente de acuerdo con la movida –que debería de ser mucho más numerosa- respecto de la libertad individual y la maliciosa protocolaria absurda de encerrar jóvenes y sanos con adultos mayores que, aparentemente constituye, este grupo etario, de alto riesgo. Es la primera vez en la historia del mundo en la que se aísla a los sanos cuando lo que se pretende es defenderse de una epidemia. No me refiero a la Plandemia que ya sabemos cómo viene, de dónde proviene y cuál es el objetivo buscado.
La crítica reiterada en la manifestación del Obelisco
apuntó, como era previsible y también estamos de acuerdo, contra los DNU, o
sea, Decretos de Necesidad y Urgencia. Documentos ejecutivos con los que se
maneja el tibio Alberto Fernández y por los cuales, encierra a la población,
modifica leyes y mandas constitucionales en torno de la libertad de
circulación, de la libertad individual y otras miasmas que se acumulan sobre la
conciencia colectiva, casi como una carga de pólvora diaria en barriles de poca
seguridad.
Sobre la inutilidad masiva del tapabocas se han expresado, con precisa certeza y cientificismo,
médicos, infectólogos, biólogos y demás especialistas. Consideran que suelen
ser prácticos para el contacto directo con internados en centros asistenciales,
pero en modo alguno sirven con la peregrina idea de que contrarrestarán contagios
al aire libre. Machacar la mente de muchos sugiriendo que respirar en la calle
sin tapabocas es algo parecido a un suicidio progresivo; sin decir, en ningún
momento, que el famoso virus no vuela.
Los contagios espontáneos podrían darse si un infectado estornuda sobre otra persona o ésta recibe mucosidad porque el bestia se suena la nariz al estilo basto: apretando una fosa
nasal y expulsando la otra con una fuerte exhalación.
Sin embargo, la crítica masiva se centró en la emisión
sine die de los DNU. Sinceramente, en
un gobierno constitucional causa incomodidad ciudadana que se gobierne y
disponga cuestiones que no tienen reposición, a través de decretos. Esto no es
lo que se debería hacer de acuerdo a nuestra Constitución que, enclenque y bastante
fallida, debe ser el marco de referencia para las leyes argentinas. Los denostables DNU sirven en casos de necesidad y urgencia, justamente. No
estamos en ese punto de equilibrio inestable donde sólo la decisión de la
lapicera puede trocar la vida de todos. Esto, no.
De todas maneras, recordamos, no hace mucho tiempo
atrás, que desde 2016 y hasta que terminara la anterior pesadilla, la de un
presidente entregador y su banda, los DNU fueron el medio que utilizara el
susodicho para gobernar. Así
quedamos. De hecho, recordamos por centésima vez, quizá, que hubo DNU con la
pretensión de nombrar jueces de la Corte Suprema de Justicia, así como para
trasladar a dos jueces de otro fuero a la cámara de casación para que, una vez
con sus respectivas lapiceras prestadas, pudieras fallar de acuerdo y en
concordancia con lo que el presidente y su banda pretendían. Sólo por mencionar
dos hechos evidentes y flagrantes sucedidos en la Justicia provocados por los
DNU de quien consideramos un apátrida. No queremos definirnos ahora, mirando
nuestra propia realidad. Y digo “propia” porque fuimos uno de los que
impulsaron a que este blando infame llegara a la presidencia. Me refiero a
Alberto Fernández. ¡Ni qué hablar de quien nos lo puso como opción!
Cuando uno de los abogados ingresado en “Abogados por la
Verdad” sostuvo el micrófono en sus cinco minutos de fama, se refirió a los
intendentes del Conurbano y destacó lo bien que se manejaba uno de ellos –del
pueblo donde el hablador vive- que es, dicho funcionario, de Cambiemos. De paso deslizó que los otros no hacen lo que se supone sea
necesario porque cuidan el voto. Nos
suena a un análisis muy flojo porque, se manifieste o no, consideramos que la
inmensa mayoría del pueblo está en contra de las cuarentenas decretadas; por lo
tanto, es medio como idiota suponer que se trabaja
para los votos a futuro apoyando cuarentenas de este discutible
(científicamente) tipo.
La vacuna de
Oxford y de Pfiser
En la multitud reunida en torno al Obelisco se
enfatizó no sólo la desconfianza –fundada- sobre las vacunas mencionadas sino,
y especialmente, por la supuesta obligatoriedad de todos de ser vacunados so
penas irreconciliables con la lógica de la convivencia.
Ya fueron detectadas los efectos negativos de la de
Oxford y sobre la de Pfiser se agregó la misma composición de la anterior: el
contenido de ARN que, una vez inyectado en el torrente sanguíneo humano, atacan
la posibilidad de la trascendencia, es decir, de la paternidad en los varones o
de los embarazos frustrados en las mujeres. Visto así, no es otra cosa que un
genocidio a plazo.
Vale recordar la conferencia que brindara el dueño de
Microsoft al resumir el remedio contra la emisión de CO2 en la atmósfera,
eliminando las causas directas, o sea, de los humanos que lo emiten al
respirar. En ese momento establece que con la vacunación se reducirá en un 10 al 15 por ciento la
población mundial.
Bien se sabe que el miedo es control y que una
población sometida a las falacias de los medios de comunicación coludidos con
aquella posición de la reducción de la humanidad, ese pueblo, en general, no
puede pensar libremente, es incapaz de librarse de las mentiras reiteradas en
todos los medios de comunicación, sea la televisión o la radio y también en
Internet y la gráfica. Se hace cierta aquella situación de una persona que
escucha en la radio un brulote, luego lo lee a la mañana en un diario y por la
noche, en el programa de televisión; su conclusión es que no puede no ser
verdad…
La pandemia = Plandemia
La masividad de esta idea absurda de la existencia de
una Plandemia es sólo la manifestación de lo planificado, posiblemente
redondeado como plan en la reunión de octubre de 2019, la reunión 201 que
contuvo a representantes de todas las manifestaciones culturales y científicas
integradas al CFR y su mandante, el club Bildemberg. Recordemos –gracias al
maestro Adrián Salbuchi- que el Council of Foreing Relations (CFR), tiene
en su agenda, y mucho antes de 1990, la necesidad
de eliminar 2.500.000.000 de habitantes de la Tierra (Se lee: dos mil
quinientos millones de personas). La guerra tradicional era peligrosa, incluso
por sus resultados posiblemente negativos; se ensayaron y ensayan guerras de baja intensidad con
rebeliones y alzamientos orquestados por las agencias adheridas al NOM (Nuevo
Orden Mundial); las revueltas por la liberación
como la orquestada en Siria, la de Libia (que vendió petróleo a la Unión
Europea aceptando euros en lugar de dólares (lo mismo que hiciera, en su
momento, Sadam Huseim…) y tantos otros ejemplos a la mano de quien quiera
investigarlos. Pues entonces, quedaba sólo una Plandemia, tal como se la imaginó en la reunión de octubre que
mencionamos. En eso mismo estamos.
Por ello es necesario, imprescindible, irrenunciable
luchar, hasta donde las fuerzas no den más, contra este abuso y el genocidio
que plantea y ejerce.
No hay salida si no se pelea. Es difícil, sin duda,
porque el enemigo cuenta con el aparato de los gobiernos cobardes y sometidos –como
el nuestro en la Argentina-, pero no podemos dejar de luchar. Si tanto queremos
a nuestros hijos y los posibles nietos y la descendencia y la trascendencia, no
debemos hacernos los distraídos por la creencia de que “no nos va a tocar”.
La información es indispensable y, por ahora, en la
Internet, tenemos varias fuentes confiables que reafirmarán lo que sucintamente
hemos expresado aquí. No lo dejen en el olvido porque será el olvido el que los
atrape.
Que sigan bien.
Roberto Otero.
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