Fuera de toda lógica científica, por razones que en su momento tendrá que declarar Alberto Fernández (Presidente actual en la Argentina), extendió la “cuarentena” por el plazo de 3 semanas a partir del pasado 20 de septiembre. Todos encerrados. O sea, no se discrimina –como recomiendan médicos no subordinados a la “obediencia debida”- entre personas sanas y personas con edades suficientes para ser consideradas “de riesgo”. O sea, jóvenes y sanos libres mientras los viejos, encerrados. Esto se apoya en la opinión científica seria, fundada y, sobre todo, demostrada. Pero no es el caso, aquí, plantear esta destructiva decisión del presidente, sino que además de este tipo de tiranía infame se suma, con platillos y bombos, la censura a los periodistas que opinan lo contrario a las mandas que cumple –a pie juntilla- que le marcan su camino en el lugar que ocupa por la mentira inicial de su campaña. Nos referimos al presidente.
Lo de “piensa feo” era
la frase que lanzaban los entorchados genocidas en la negra época de tortura,
desaparición y muerte que sufrimos en la Argentina. Esa frase era el prólogo a
la desaparición del malpensante.
Los tiempos cambian y
nos han traído toneladas de facilidades técnicas. Entre éstas, la posibilidad
de publicar en Internet lo que a cada cual se le ocurra. Lo cual es
absolutamente sano, desde ya. Pues no es así o tan así. No todos pueden
publicar y, de haberlo hecho, les llega la censura de parte ¿De quién? En el
caso del joven y brillante periodista Nicolás
Moras, puede imaginarse, sin mucho margen de error, que la persecución,
primero, y la censura total de su portal Los
Liberales después, no obedece a ninguna otra razón –si es que para la
censura la hubiere- de coartarle la libertad de oponerse con la precisión informativa en base a datos, entrevistas,
archivos, a las mandas del presidente,
esas que cumple como si de ello dependiera su propia subsistencia, no ya en el
cargo que le sobra sino en la vida. No sólo apunta al presidente el periodista
Moras, sino al sistema, a todos los sistemas que oprimen, asfixian y empobrecen
a los habitantes del mundo.
La bajada del portal Los Liberales tuvo una alta
inversión monetaria.
Explicamos. Los Liberales dependía de la cuenta personal en su mail de Nicolás Moras.
Ésta, la cuenta de mail, tenía la garantía de privacidad que Google otorga a
sus usuarios: la doble verificación. O sea, si alguien pretende ingresar como
“titular” aparece esa doble verificación y el intruso queda al margen, fuera,
rechazado.
En el caso en cuestión,
la bajada o borrada de Los Liberales,
fue mucho más profesional. No dependió de un hacker por más ducho que éste
pudiera ser. Al contrario, requirió de un conocimiento mucho más vasto y
técnico que el simple “meterse en una cuenta ajena”. ¿Por qué? Porque no sólo
pudieron sortear esa doble garantía de inviolabilidad, sino que, además,
cambiaron la clave, cambiaron el mail de reaseguro. Esto no es nada fácil de
hacer. Todo lo contrario.
Luego, ingresaron como
si fueran el propio Nicolás Moras, al portal Los Liberales e ingresando a la matriz de ese espacio, primero
cambiaron la clave, por supuesto y luego, borraron
todos los archivos allí publicados y al alcance de todo el mundo. O sea, lo
desaparecieron. Entendemos, ¿verdad?
Este trabajo no fue
realizado, insistimos, por un hacker muy profesional sino por un técnico
avanzado, un ingeniero con precisos y amplios conocimientos técnicos. Obvio es
suponer que el convocado para ese delito ha de haber cobrado sus buenos
billetes y no cualquiera los tiene –menos en estos tiempos- para pagarle a
alguien para que desaparezca un
portal periodístico incómodo.
El detalle que también
identifica al autor intelectual de la desaparición.
Lo curioso –o la huella
latente- del caso de la desaparición de Los
Liberales se patentiza en el hecho de que no realizaron ninguna otra
maniobra que no fuera borrar y desaparecer. No tocaron el acceso a los ingresos
por colaboraciones del público seguidor de Moras, no intentaron alguna estafa
desde ese portal, nada que pudiera dar crédito al interés monetario, además del
interés silenciador.
A estas alturas vale,
entonces, preguntarse: ¿A quién molesta tanto lo que Nicolás Moras dice, expresa y muestra en su portal y de sus
investigaciones? La respuesta a esta pregunta puede ser amplia, pero, igual,
circunscripta a no muchos que tengan la capacidad de la contratación del
ingeniero delincuente.
Es un caso para la
justicia. Pero el departamento de Delitos Cibernéticos de la Policía Federal
está bajo el mando de un coludido del kirchnerismo que, sin duda, no guardará
ninguna simpatía por el periodista Moras. Es que no se bancan el famoso tábano del histórico diario Crítica.
¿Qué podemos hacer quienes defendemos la libertad irrestricta
en la Internet y por, sobre todo, la libertad de opinión, de publicación?
Entrar a youtube.com/nicolasmorasOK y pedir,
exigir que esa plataforma habilite, nuevamente, el canal Los Liberales de Nicolás Moras.
Es algo fácil, rápido y
cualquiera puede realizarlo desde su compu o celular.
Apelamos, entonces, a
los lectores ya que no es lícito defender la libertad y no hacer nada de nada
respecto de este acto delincuencial del borrado del canal Los Liberales de Nicolás
Moras.
En todo caso, es menos
esfuerzo que salir a un mitin en el Obelisco…
Que estén bien.
Roberto Otero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario