jueves, 17 de septiembre de 2020

OBSTINACIÓN, COMPLICIDAD O INEPTITUD

 Las evidencias de las curas de los infectados, en cualquier nivel de gravedad, resultan más que concretas y ejemplificadoras como para exigir al gobierno que asuma esas pruebas irrefutables y, en consecuencia, deje de censurar, prohibir y perseguir a médicos y científicos que, con los diversos tratamientos aplicados, sean, finalmente, llamados a establecer terapéuticas efectivas antes que dejar que las cosas tomen su curso. Que no es otra cosa que el curso cierto hacia más muertes evitables.

No podemos entender la obstinación del actual presidente que, sin razón suficiente para ello, adhiere a las mandas equívocas y contradictorias de la organización encargada –supuestamente- de la salud mundial. Hasta ahora, además de las idas y venidas que dictara tal organismo, los resultados no han sido, ni de lejos, aquellos que se esperaba. Entonces ¿Cuál es la razón que solventa tal obstinación presidencial?

Se nos hace duro, antes que difícil, presumir de que exista algún tipo de complicidad, del presidente y del actual equipo de Salud, con quienes impulsan acciones en contra del pueblo con el objetivo global de dominar y de someter. Hasta el presidente Trump, que si hay un patriota ahí lo tenés, fue quien expulsó a uno de esos coludidos –el de las computadoras- y tiene en la mira al socio con quien, vos Alberto y vos Cristina, recibieron y se juntaron en alegre montón. No sabemos qué pensar, realmente.

La ineptitud se nos hace muy clara y evidente. Basta con ver caminar al rengo para darse cuenta de que es rengo. Lo mismo con el Presidente y su cohorte de temerosos pero vivos alcahuetes. A los que, de a poco, se van sumando otros alcahuetes que ya venían de antaño siéndolo, pero no habían, aún, adquirido cierta notoriedad. Es lamentable, hiriente y enfermante, por no usar otras palabras mucho más gráficas, ver cómo se destruye nuestro país, nuestra Patria, con la sonrisa idiota del fijador con aerosol y los eunucos con tapabocas que miran como muñecos de cera al que dice nada y hace mucho pero mal y para jodernos cada vez más.

Sin duda que la OMS deberá hacerse cargo de las muertes habidas, del genocidio programado, pero vos, Alberto y tu corte, también deberán responsabilizarse y no sólo por el daño inferido a nuestra Argentina sino, y principalmente, por ser cómplice principal del genocidio en curso.

Todo va a cambiar, Más bien: todo TIENE que cambiar. Y para que tal suceda, ninguno de los cómplices actuales ha de quedar en sus puestos, viviendo de lo que cada ciudadano aporta con impuestos y gabelas –las que ya no puede afrontar-. Basta de cipayos entregadores y lacayos lameculos.

Seremos la Argentina que debe ser y que, a pesar de todo, lo era, o desapareceremos –al menos quienes así pensamos- de la faz de nuestro territorio. Nos es imposible suponernos viviendo en la mazmorra disfrazada de república mientras los chicos se mueren de hambre, los padres se mueren por carencia de alimentación y salud y los viejos nos morimos casi por ósmosis.

Es hora ya. No hay más tiempo.

Roberto Otero

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